Joaquín Sabina, sobre Víctor Manuel y Ana Belén: «Ellos son muy formales y profesionales; y yo soy un noctámbulo absoluto»
El cantante ha coincidido, en varias ocasiones, con la pareja de intérpretes, con quienes mantiene una cordial relación

Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén. | EP
Joaquín Sabina siempre ha hecho muchas amistades dentro de la música. Es por eso que, en su camino, de más de cinco décadas, se ha encontrado no solamente personas con las que ha encajado en personalidad sino, también, otras con quienes ha tenido sus más y sus menos. Algo parecido a lo que le pasó con Víctor Manuel, con quien Sabina ha compartido escenarios, pero que, en los últimos tiempos, han vivido ciertas desavenencias públicas. Y es que el de Asturias no comparte, del todo, el viraje político que ha vivido, en estos años, el de Úbeda. Así, Sabina confesó que se había alejado de los pensamientos de izquierda y exponiendo fuertes críticas hacia la situación política actual de nuestro país.
Hacia Ana Belén, sí que ha tenido alguna que otra palabra de cariño. «Es mi mejor pareja de baile en los escenarios. Yo la saco más a bailar que a cantar», contó. Además, ha afirmado que Ana Belén es la mujer «más guapa del mundo y la que mejor canta en este país». Con Ana Belén, Sabina ha tenido una complicidad artística brutal. Le escribió canciones memorables como A la sombra de un león. Además, sobre los escenarios siempre supieron entenderse.
La relación entre Ana Belén, Víctor Manuel y Sabina

La relación de Joaquín Sabina con Víctor Manuel y Ana Belén es una de las tramas más fascinantes de la historia de la música española. Es la historia de cómo la bohemia más gamberra y el orden más disciplinado se cruzaron en el Madrid de los años 80, dejando atrás noches eternas, temazos inolvidables y algún que otro desencuentro profesional bien llevado. Mientras tanto, la relación de Joaquín con Ana Belén ha sido siempre de una complicidad artística y un cariño desbordante. Se conocieron en los 80 en un plató de televisión y conectaron al instante.
Sabina compuso para ella una de sus canciones más icónicas, A la sombra de un león. Ana Belén ha confesado que cuando Joaquín le enseñó la maqueta, se enamoró del tema al instante. Ambos se querían con locura, pero pertenecían a tribus distintas. Ana Belén ha recordado divertida que una noche en Barcelona intentó unirse a la juerga nocturna de Joaquín y sus amigos, y Sabina le paró los pies de golpe diciéndole textualmente: «No, con nosotros no puedes venir porque es indispensable llevar gafas de sol». Era su forma de decirle que ellos no verían la luz del día, mientras que Ana era demasiado formal para ese nivel de exceso.
Si con Ana hay poesía y juerga, con Víctor Manuel la relación siempre ha sido de un enorme respeto mutuo, pero marcada por una evidente distancia de caracteres. El asturiano representa la disciplina, el orden de producción y la militancia política; Sabina es el caos, la imprevisibilidad y la provocación.
«Es mi mejor pareja de baile en los escenarios»
El punto álgido de su desencuentro ocurrió a mediados de los 90, cuando se empezó a diseñar la mítica gira El gusto es nuestro. Originalmente, el cuarteto iba a estar formado por Serrat, Miguel Ríos, Víctor Manuel y Sabina. Sin embargo, Joaquín se bajó del carro. Hace un tiempo, Víctor Manuel desveló sin tapujos cómo se vivió aquello: «Sabina nos estuvo toreando meses. Decía que no sabía si le convenía a su carrera, y ese tipo de cosas tan agradables que decía él». Al final, ante la espantada de Sabina, Joan Manuel Serrat le propuso el sitio a Ana Belén en una cena, y así nació la famosa gira de cuatro. A pesar de ese toreo, la sangre nunca llegó al río. El propio Víctor Manuel recordaba entre risas cuando vio a Sabina posar desnudo para un dominical hace décadas y se lo enseñó a su mujer: «La vi con él y dijimos: ‘Ese es Joaquín. ¡Pero qué tirillas es!’».

«A mí no me pasa [lo mismo]. Joaquín es un provocador nato. A veces dice cosas para ver cómo rebota el balón… No me gusta que generalice cuando habla de la izquierda», contó. La carrera de Sabina es la del poeta maldito que consiguió meterse en el salón de todas las casas de España. Tras su exilio político en Londres en los 70, regresó para revolucionar la canción de autor. Sabina fusionó la herencia literaria y la métrica perfecta de los sonetos clásicos con el rock urbano, el tango, la ranchera y el desgarro de la noche. Nadie ha cantado a la madrugá madrileña, al desamor, a los bares y a la derrota como él.
Su trayectoria está asociada a una vida de excesos y bohemia que casi le cuesta la vida —con un ictus en 2001 y varias caídas del escenario—. Esa voz rota, que pasó de cantar a rasgar el aire, apuntaló su leyenda de «bala perdida». Su carrera en grandes escenarios está tocando a su fin de forma apoteósica con su gira de despedida multitudinaria Hola y adiós. Mientras tanto, Ana Belén tiene un perfil más distinto.
Ana Belén no es solo una cantante: es una de las artistas multidisciplinares más importantes del país. Empezó de niña como actriz infantil —la famosa Marisol de la España seria— y maduró hasta convertirse en un referente cultural absoluto. Su carrera musical destaca por una voz prodigiosa, pulcra y llena de matices, pero sobre todo por su versatilidad. Ha cantado bossa nova, bolero, pop-rock y canción política, aportando siempre un aura de sofisticación innata. Mientras reventaba las listas de éxitos con canciones como Derroche, Agapimú o Lía, compaginaba los escenarios con una brillantísima carrera en el cine —La colmena, Sé infiel y no mires con quién— y en el teatro clásico. Es de las poquísimas artistas en España que tiene un Goya de Honor y un Grammy Latino a la Excelencia.
Víctor Manuel es el cantautor de las raíces, de la memoria obrera y de la geografía española. Desde su Asturias natal, revolucionó la canción ligera de finales de los 60 metiendo contrabando de crítica social bajo melodías populares. Su carrera es la de un narrador costumbrista. Ha cantado a los mineros (Planta 14), a la España rural (Asturias), a la discapacidad —Solo pienso en ti, considerada una de las mejores canciones de la historia de la música española— y al paso del tiempo. Su pluma es sobria, directa y fuertemente comprometida a nivel político.

Más allá de su voz, la industria le debe muchísimo a su faceta como productor musical y cinematográfico. Víctor Manuel ha sido el cerebro ordenador detrás de proyectos históricos. Él diseñó los grandes eventos musicales del país, coordinó giras masivas y produjo películas míticas a través de su productora —como Divinas palabras o Yo soy esa—. A sus casi 80 años, sigue en activo con una disciplina de hierro, girando con espectáculos íntimos como Solo a solas conmigo.
