La villa marinera de Cádiz que inspiró a Sabina en una de sus canciones más famosas: frente al Atlántico y con acento americano
El cantante de Úbeda se ha inspirado en distintos momentos de su vida para sus estrofas; como la fiesta o el desamor

Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres
Joaquín Sabina siempre ha tenido varias fuentes de inspiración para sus canciones. Probablemente, durante mucho tiempo, la más importante fue el amor —también el desamor— y la fiesta —las noches sin dormir, el tabaco o el alcohol—. Pero, también, sus distintas experiencias de vida en diversas partes de nuestro país le ayudaron a convertir sus sentimientos y sensaciones en canciones. Es Andalucía la comunidad autónoma que, sin duda, más le ha impactado en su vida. Concretamente, una pequeña ciudad de Cádiz en la que Sabina pasó mucho tiempo.
Allí compuso La canción más hermosa del mundo, una de sus melodías más escuchadas y versionadas. Hoy, Rota es una de las ciudades más conocidas de Cádiz, por su base militar. Rota fue siempre el refugio de verano de Sabina. Allí comparte charlas, copas y confidencias con un grupo de amigos que él mismo autodenominó La acera de enfrente, entre los que se encuentran los poetas Luis García Montero y Felipe Benítez Reyes, y el almudena Grandes.
Rota, la villa marinera que inspiró a Sabina

En la mencionada canción, Sabina escribe un verso que es un homenaje directo a este rincón gaditano. «Yo era un mapamundi sin norte ni sur, / un barco de vela encallado en la duna…», compuso el cantante de Úbeda. Estos versos nacieron directamente de sus largas tardes mirando las dunas y las playas de Rota, un paisaje que para él simboliza la paz, el refugio y el reencuentro con la poesía. Rota es mucho más que un pueblo costero de la provincia de Cádiz; es una encrucijada de culturas, un refugio de poetas y uno de los rincones con más personalidad de Andalucía. Situada en la Bahía de Cádiz, esta villa marinera ha sabido conjugar como pocas su herencia andaluza con una sorprendente influencia estadounidense debido a su famosa Base Naval.
Rota tiene un magnetismo especial para los escritores. Durante décadas, la playa de la Costilla y las dunas han sido el punto de encuentro veraniego de un grupo de intelectuales conocido como La acera de enfrente. Figuras como Luis García Montero, Almudena Grandes, Felipe Benítez Reyes y el propio Sabina elegían Rota para desaparecer del ruido de Madrid. El pueblo se convertía en verano en una tertulia improvisada en terrazas frente al mar, inspirando poemas, novelas y canciones que hoy forman parte de la historia de la literatura española. En 1953, durante la dictadura de Franco, se firmaron los pactos que permitieron la construcción de la Base Naval de Rota. Esto cambió la fisonomía y el alma del pueblo para siempre.
‘La canción más hermosa del mundo’ y su relación con Cádiz
De la noche a la mañana, un pueblo de pescadores y agricultores empezó a convivir con miles de militares estadounidenses. Rota se llenó de letreros en inglés, coches de importación enormes, música rock, hamburgueserías y tiendas con productos que no existían en el resto de España. Los roteños aprendieron inglés y adoptaron costumbres americanas mucho antes que el resto del país, creando una identidad bilingüe y cosmopolita única en la costa gaditana. Hoy en día, pasear por Rota es ver convivir las tabernas de tapas andaluzas de toda la vida con locales de auténtica comida americana.
A pesar de la influencia exterior, Rota conserva intacto su centro histórico. El Castillo de Luna es una fortaleza del siglo XIII con un patio mudéjar precioso que hoy es la sede del Ayuntamiento. Por su parte, los callejones blancos, en el casco antiguo, están llenos de calles estrechas engalanadas con macetas de flores, patios andaluces y la brisa del mar colándose por las esquinas. Los Corrales de Rota con un monumento natural histórico. Se trata de un sistema de pesca artesanal que se remonta a la época romana: parcelas de piedra en la playa que retienen el agua y los peces cuando baja la marea.
La relación de Sabina con el sur
La cocina roteña es famosa por su autenticidad y tiene dos grandes protagonistas. Sin duda alguna, el plato estrella del pueblo es La Urta a la Roteña, un pescado de roca cocinado con una salsa a base de verduras de la huerta local (tomate, pimiento, cebolla) y vino de la zona. La Tintilla de Rota se trata de su vino dulce, denso y oscuro, elaborado con una variedad de uva autóctona que estuvo a punto de desaparecer y que hoy es una joya muy cotizada por los enólogos. A los agricultores de Rota se les conoce históricamente como mayetos. Su huerta, cultivada en la arena de la playa mediante técnicas tradicionales, produce unos tomates y calabazas excepcionales.
Rota cuenta con kilómetros de playas de arena fina y dorada que son un paraíso para el descanso y los deportes acuáticos. La Costilla es la playa urbana por excelencia, galardonada constantemente por su calidad. Por su parte, Punta Candor es una playa mucho más salvaje, rodeada de dunas y pinares protegidos, ideal para quienes buscan conectar con la naturaleza virgen. La llegada de Joaquín Sabina a Rota tiene una explicación preciosa: no acabó allí buscando el sol ni la playa, sino buscando a sus amigos y la literatura. Lo que empezó como unas vacaciones de verano se convirtió en un taller creativo de alto nivel. Para Sabina, Rota pasó a ser el lugar donde nacían sus discos.
Allí se encerraba con Benjamín Prado y músicos como Leiva para componer. Discos enteros como Lo niego todo se fraguaron en una mesa de terraza en Rota, entre tequilas, guitarras, el viento de levante y concursos improvisados de tortillas de patatas con sus amigos. Sabina ha sido nombrado Hijo Adoptivo de Rota, un reconocimiento que él agradeció con unas palabras que explican perfectamente por qué se quedó allí. «Acepto este honor no por méritos, sino por amor. He vivido en muchos sitios, pero he elegido Rota para envejecer. Es mi puerto de llegada… es el único sitio donde no me siento extranjero», contó en su discurso.
