Sor Lucía Caram, más allá de la fe: su edad, infancia en Tucumán, su permiso como monja de clausura y pasión por Leo Messi
La religiosa está volcada con su trabajo en la localidad catalana de Manresa, donde gestiona una fundación

Sor Lucía Caram, en una imagen de archivo. | EP
Sor Lucía Caram siempre ha defendido la fe allá donde ha ido. La monja, que nació en Argentina, a mediados de los años 60 —ahora tiene 59 años—, comenzó a dedicarse a Dios cuando eran muy joven, teniendo claro cuál era su camino casi desde la infancia. En todo este tiempo, al igual que ha sucedido con nombres igual de importantes dentro de la religión, como el padre Ángel, se ha dejado ver por infinidad de platós, donde no solamente ha hablado de su profesión y su convicción sino, también, de temas políticos y sociales. Así, Sor Lucía Caram se ha convertido en uno de los rostros más conocidos de nuestro país, participando en infinidad de proyectos en la pequeña pantalla.
Lucía Caram Padilla nació en la localidad argentina de Tucumán. Fue la quinta de siete hermanos en una familia con un fuerte arraigo al Líbano. La religiosa fue educada en un colegio con una fuerte unión a la fe. Durante la dictadura que vivió Argentina desde 1976 a 1983, su localidad de residencia fue muy castigada y fue ahí donde, de primera mano, pudo vivir lo que era la pobreza y, sobre todo, el «sufrimiento» de la gente.
Quién es Sor Lucía Caram
Fue a mediados de los 90 cuando decidió marcharse hasta España y se instaló en el Convento de Santa Clara de Manresa, en Barcelona. Aunque es una monja de clausura, obtuvo permisos especiales para poder salir y volcarse en la acción social. Es la impulsora y alma de la Fundación del Convento de Santa Clara de Manresa, una red de ayuda que atiende a miles de familias en situación de vulnerabilidad. A través de este proyecto gestiona un banco de alimentos, programas de vivienda social, plataformas de empleo y ayuda integral para personas en riesgo de exclusión. Su lema siempre ha sido «invadir la calle con el Evangelio».
Desde que estalló el conflicto en Ucrania, Sor Lucía ha dejado de lado cualquier comodidad para volcarse en misiones humanitarias de alto riesgo. Ha viajado en repetidas ocasiones en furgoneta hasta la frontera y el interior de Ucrania para evacuar a los heridos de guerra, niños huérfanos y familias refugiadas para traerlos a España y conseguirles tratamiento médico o acogida. También, ha conseguido y transportado ayuda militar sanitaria y ambulancias blindadas, reuniéndose directamente con autoridades ucranianas y visitando hospitales de campaña en zonas de conflicto. Su valentía y su capacidad de movilización logística —consiguiendo millones de euros en donaciones de empresarios— han sido ampliamente reconocidas a nivel internacional.
Su infancia en Tucumán, el momento que lo cambió todo y cómo llegó a España
Sor Lucía entendió muy pronto que para cambiar las cosas había que estar donde está la gente. Es una tertuliana habitual en programas de televisión —ha colaborado en Cuatro, Telecinco y La Sexta—, escribe libros, tiene un canal de cocina y es hiperactiva en redes sociales —especialmente en X y TikTok—, donde acumula cientos de miles de seguidores. Utiliza estas plataformas para denunciar las injusticias sociales, pedir donaciones y dar su opinión sin filtros sobre la actualidad política. Su carácter vehemente y sus opiniones directas le han costado más de un dolor de cabeza con la jerarquía de la Iglesia Católica.
Es una seguidora acérrima del Barcelona y gran admiradora de Leo Messi —a quien llegó a definir como «perfecto»—. En el plano político, sus opiniones pasadas cercanas al panorama catalán y sus críticas feroces a políticos de diversos partidos han generado intensos debates. En una ocasión desató una tormenta monumental al declarar en televisión que, a su juicio, «María y José tenían una relación de pareja normal, y que lo que se entiende por sexo era algo normal», lo que obligó a su propia orden y al obispado a emitir comunicados lamentando la confusión creada.
La infancia de Sor Lucía Caram en su Argentina natal estuvo marcada por una combinación de tragedia familiar, una profunda fe y un carácter rebelde que ya apuntaba maneras desde muy pequeña. Nació en San Miguel de Tucumán en el seno de una familia numerosa de clase media-alta, de origen libanés, siendo la quinta de siete hermanos. El evento que marcó un antes y un después en su infancia fue el fallecimiento de su padre cuando ella tenía tan solo siete años. La pérdida dejó a su madre sola a cargo de los siete hermanos. Esta situación forjó en Lucía una madurez prematura y un fuerte instinto de protección hacia los suyos, además de una sensibilidad especial hacia el sufrimiento y la ausencia.
Una fundación en Manresa, un «torbellino» y «muy deportista»
Lejos de la imagen de una niña retraída, Sor Lucía ha confesado en sus biografías que de pequeña era un auténtico torbellino, muy deportista y bastante rebelde. Le encantaba jugar al fútbol —una pasión que mantiene a día de hoy— y solía cuestionar las normas establecidas tanto en casa como en el colegio de monjas al que asistía. No le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer si no le daban una buena razón. Tucumán era una región con fuertes contrastes sociales. A pesar de criarse en un entorno cómodo y asistir a un colegio privado, Lucía empezó a ver desde muy niña las duras condiciones de pobreza de los barrios periféricos de su ciudad.
Guiada por algunos profesores y religiosos de una corriente de iglesia muy comprometida socialmente, comenzó a participar en misiones de ayuda y voluntariado en las zonas más desfavorecidas durante su adolescencia. Fue en el barro de esos barrios donde, según sus propias palabras, descubrió que su vida tenía que estar dedicada a los demás, lo que la llevó a ingresar en un convento a los 18 años, justo antes de trasladarse definitivamente a España. El núcleo de su rutina diaria es la dirección de su fundación en Manresa. Sor Lucía lidera un equipo que atiende las necesidades básicas de miles de personas.
Su vida actual en Cataluña
Se encarga de gestionar la logística del banco de alimentos, los programas de vivienda para familias en riesgo de exclusión y la búsqueda de fondos económicos. Su vida actual consiste en gran parte en reunirse con empresarios, políticos y donantes para conseguir los recursos necesarios. Ella misma ha bromeado a veces diciendo que pasa más tiempo al teléfono y en los despachos mendigando para los pobres que en la capilla. La invasión de Ucrania cambió por completo las prioridades de su agenda en los últimos años, y a día de hoy sigue siendo una de sus misiones más absorbentes. Sor Lucía continúa coordinando y realizando viajes en furgoneta o avión hacia la frontera y el interior del país eslavo.
Trabaja de forma incansable en la evacuación de heridos graves de guerra y niños para que reciban tratamiento en hospitales españoles. Gestiona el envío constante de ambulancias blindadas y material sanitario de campaña, una labor que la ha llevado a tejer alianzas directas con el Gobierno ucraniano y organizaciones internacionales. Sor Lucía sigue siendo un rostro muy habitual en los medios de comunicación y en las redes sociales. Utiliza sus plataformas de forma diaria para denunciar las injusticias sociales, la burocracia que asfixia a los más vulnerables y para visibilizar el drama de la guerra.
Sigue participando como tertuliana o invitada en programas de televisión cuando la actualidad social lo requiere, manteniendo intacto su estilo directo, vehemente y sin filtros que tanto la caracteriza. A pesar de su enorme exposición pública y de pasar semanas enteras fuera de Cataluña debido a sus misiones humanitarias, Sor Lucía sigue teniendo su hogar en el Convento de Santa Clara de Manresa. Cuando regresa, intenta mantener el equilibrio con la vida comunitaria junto a sus hermanas dominicas, compaginando el activismo de la calle con los momentos de silencio, oración y vida comunitaria propios de su orden.
