El pueblo menorquín donde Àngels Barceló «remojará» sus pies este verano: es un paraíso de casas blancas que mira a Binibeca
La presentadora se ha despedido ya de Cadena SER y comenzará una temporada de descanso junto al mar

Àngels Barceló, en una imagen de archivo. | EP
Àngels Barceló siempre ha sido una apasionada del mar. Algo de lo que podrá disfrutar, en estos próximos meses, después de despedirse de la Cadena SER. Y es que la catalana ha decidido dejar atrás su carrera dentro de Hoy por hoy, el programa que le ha visto crecer en los últimos años. Es por eso que, ahora, Àngels tendrá mucho tiempo para disfrutar con los suyos y con su familia. Y, muy probablemente, lo hará en la isla de Menorca, donde, como ella misma ha contado, le gusta «remojar los pies».
La unión de Àngels Barceló con Menorca no es un simple romance de vacaciones; es una de las relaciones más íntimas, profundas y duraderas que la periodista tiene con un lugar en el mundo. Para ella, la isla balear no es solo un destino turístico, sino su auténtico hogar espiritual, su refugio innegociable y el sitio donde corre a esconderse en cuanto se apaga el micrófono de la radio.
La nueva etapa que comienza Àngels Barceló lejos de la radio

Aunque Àngels es barcelonesa de nacimiento, descubrió Menorca hace décadas y el flechazo fue instantáneo. Quedó tan atrapada por la luz, el silencio y el ritmo pausado de la isla que decidió comprarse una casa allí, concretamente en la zona de Ciutadella. Desde hace muchísimos años, esa casa es su base de operaciones. No importa lo convulso que sea el año político o informativo en la Península: en cuanto llega el verano —o cualquier puente largo—, Àngels se refugia allí. Aunque eso sí, el lugar más especial y que le ha marcado es Sant Lluís.
El periodismo de primera línea —y más el ritmo salvaje de despertarse a las 4:00 de la mañana para dirigir un matinal— desgasta muchísimo. Àngels siempre ha confesado que Menorca es su terapia de salud mental. En Menorca se quita el traje de periodista incisiva. Quienes la conocen allí dicen que es una vecina más: le encanta ir a comprar el pescado fresco al mercado de Ciutadella, cocinar para sus amigos, leer durante horas y pasear por el puerto. Una de sus grandes pasiones en la isla es navegar. Le gusta salir al mar en barcas tradicionales —los llauts menorquines— para perderse por las calas del norte, lejos de las playas más masificadas.
Menorca, un paraíso donde aprovecha para «remojar» sus pies
La vinculación de Àngels con Menorca es tan grande que la isla fue testigo de uno de los momentos más importantes y difíciles de su carrera. Cuando en 2019 dejó el legendario programa nocturno Hora 25 para asumir el reto de dirigir las mañanas en Hoy por hoy, decidió que el último programa de su vida en Hora 25 se emitiera en directo desde Menorca. Fue una noche cargada de lágrimas, donde rodeada de su equipo y frente a las aguas del Mediterráneo que tanto ama, se despidió de una etapa de 11 años diciendo que no había mejor sitio en el mundo para cerrar ese círculo que su querida isla.
Sant Lluís (San Luis) es uno de los municipios más singulares y con más personalidad de Menorca. Situado en el extremo sureste de la isla, justo al lado de la capital (Mahón), es un lugar que destaca por una peculiaridad histórica que lo diferencia del resto de pueblos menorquines: fue fundado por los franceses. A mediados del siglo XVIII —durante la Guerra de los Siete Años—, las tropas francesas ocuparon Menorca. Durante su breve dominio (1756-1763), decidieron fundar un pueblo para agrupar a la población dispersa de la zona y lo bautizaron como Sant Lluís en honor al rey Luis XV de Francia.

Al haber sido planificado de cero por ingenieros militares franceses, su casco antiguo no tiene las calles laberínticas típicas de los pueblos medievales españoles. Sant Lluís destaca por sus calles perfectamente rectilíneas que se cruzan en ángulo recto, flanqueadas por preciosas casas de fachadas blancas e impecables. En el centro del entramado se alza la Iglesia de Sant Lluís, de un estilo neoclásico muy sobrio, en cuya fachada aún se puede ver el escudo de los Borbones franceses. El gran símbolo de Sant Lluís es el Molí de Dalt —el Molino de Arriba—. Es un imponente molino de viento de color blanco y tres plantas construido a finales del siglo XVIII para moler el grano de la zona.
San Luis, su refugio
Hoy en día está perfectamente restaurado —conserva sus aspas originales— y funciona como un pequeño museo etnológico gratuito que explica cómo era la vida rural y la artesanía en la Menorca de hace siglos. El municipio de Sant Lluís se extiende hacia una costa espectacular que es de las más codiciadas y fotografiadas de la isla. Aunque pertenece al término de Sant Lluís, Binibeca Vell merece mención aparte. Es un bellísimo poblado de pescadores creado en los años 70 que recrea las construcciones tradicionales de la isla. Sus calles son tan estrechas que apenas pasa una persona, y sus paredes totalmente encaladas de blanco contrastan con el azul del mar.
En el litoral de Sant Lluís se esconden playas fantásticas como Cala Binibeca, Punta Prima —famosa por las vistas al impresionante Faro de la Isla del Aire—, Alcaufar o Binisafúller. Son zonas de aguas cristalinas, ideales para el buceo y muy familiares. Sant Lluís es también un referente para los amantes del buen vivir y la gastronomía menorquina. En los alrededores del pueblo, aprovechando el suelo calcáreo y resguardados de la Tramontana por los tradicionales muros de piedra seca (paredons), se encuentran algunas de las mejores bodegas de vino de Menorca —como Binifadet—, donde se producen blancos y tintos con Indicación Geográfica Protegida.
Sant Lluís abandera el movimiento del slow life menorquín. Es un pueblo donde los vecinos aún sacan la silla a la fresca por las tardes en verano, y donde el bullicio de Mahón queda a un lado para abrazar el silencio y el ritmo pausado de la Menorca más auténtica.
