El refugio balear de Juan del Val y Nuria Roca, muy lejos de su casa de Candeleda: «No hay extravagancia, solo ganas de parar»
La pareja y sus hijos suelen escaparse, durante los meses de verano, a la casa de Ruth, hermana de Nuria

Nuria Roca y Juan del Val, en una imagen de archivo. | EP
Nuria Roca y Juan del Val no solamente se refugian en Candeleda, donde, hace unos meses, se compraron un terreno y ya han estrenado su bonita casa. La presentadora y el colaborador han encontrado su lugar en Menorca, en las Islas Baleares, donde, además, reside su hermana Ruth. A diferencia de otros rostros conocidos que prefieren el bullicio de Ibiza o la exclusividad de Formentera, el matrimonio eligió el perfil bajo, la calma y el encanto rústico de la costa menorquina.
Su relación con Menorca va mucho más allá de las simples vacaciones de hotel. El gran motivo por el que viajan allí año tras año es Ruth, la hermana de Nuria Roca, quien reside de forma permanente en la isla. Ella gestiona allí una empresa de alojamientos turísticos y navegación, lo que facilita que toda la familia —incluidos los tres hijos de la pareja— se reúna en un entorno muy íntimo y hogareño. El matrimonio suele dejarse ver principalmente en la zona de Ciutadella, un pueblo portuario de aire señorial y calles adoquinadas que los tiene enamorados.
El refugio de Nuria Roca y Juan del Val junto a su hermana Ruth
Son ellos quienes, además, comparten varias imágenes, en las redes sociales, de cómo son sus vacaciones. Para sus estancias veraniegas con toda la familia —y sus mascotas—, suelen alquilar espectaculares fincas rústicas de piedra local integradas en la naturaleza del campo menorquín —como la conocida Finca Rural Bini Aumaia—. Son refugios privados con piscina y vistas despejadas que les garantizan un blindaje total contra los focos. Entre sus planes favoritos están los de huir de las playas masificadas. Al tener facilidades náuticas gracias a su familia, su auténtico refugio balear consiste en navegar en barcos tradicionales —tipo llaut— para perderse por las calas vírgenes e inaccesibles de la isla, además de disfrutar de la gastronomía local en las terrazas del puerto.
Aunque Menorca es y seguirá siendo su refugio estival, la pareja acaba de estrenar en mayo de 2026 un nuevo refugio de invierno. El matrimonio ha invertido el millón de euros del Premio Planeta que ganó Juan del Val con su novela Verapara comprar y reformar de forma espectacular una finca rústica en Candeleda —en la Sierra de Gredos, Ávila—. Así que ahora tienen el corazón dividido: la Sierra de Gredos para escaparse los fines de semana del frío madrileño, y las aguas de Menorca como su eterno paraíso de verano.
El escritor suele ser muy directo para definir la desconexión total que vive en la isla, aunque siempre deja espacio para la ironía. En un ejemplar firmado de su libro Bocabesada, el autor escribió de su puño y letra en el propio local. «Para Laura. Que sepas que eres la mejor del verano. Siempre es un placer venir a darte un beso cada año. Viva Can Bep. Besos, Juan», contó. En el plató de La Roca, provocando las risas del equipo y un «relájate» por parte de Nuria, Juan se quejó de las estrictas condiciones para volar con sus perras. «Cada verano me cuesta mucho dinero viajar con mis mascotas a Menorca… tengo que comprar unos billetes en un vuelo concreto», confesó.
Menorca, un paraíso lleno de contrastes
Nuria enfoca sus palabras textuales de cara al público hacia la felicidad que le aporta la rutina familiar en la isla y sus rincones gastronómicos preferidos. Al hablar de cómo encara el final del curso de cara a las vacaciones, Nuria confesaba sus ganas de aislarse en sus destinos fetiche, con Menorca a la cabeza. «Me apetece mucho [recargar]. Menorca, Cádiz, casa. No hay extravagancia, solo ganas de parar y estar con los suyos», relató. Menorca es, sin duda, la joya más serena, verde y salvaje del archipiélago balear. A diferencia de sus vecinas Mallorca e Ibiza, Menorca ha sabido resistirse al turismo de masas y a la urbanización agresiva, convirtiéndose en un auténtico santuario de calma, naturaleza y aguas turquesas que parecen sacadas del mismísimo Caribe.
En 1993, la UNESCO declaró a Menorca Reserva de la Biosfera. Este título no es solo un diploma: ha condicionado las leyes de la isla, protegiendo su paisaje. El Camí de Cavalls un sendero histórico de 185 kilómetros que da la vuelta completa a la isla por la costa. Es el paraíso de los senderistas y permite acceder a rincones vírgenes imposibles de llegar en coche. Lo fascinante de Menorca es que su norte y su sur parecen dos planetas diferentes. En el sur se encuentran las calas más famosas, escondidas entre frondosos pinares y acantilados de piedra caliza. El agua es de un azul turquesa transparente brutal. Las reinas del sur son Cala Macarella, Macarelleta, Mitjana y Cala Turqueta.
El norte es la zona más arcillosa, de paisajes casi lunares o marcianos, con arenas rojizas, rocas oscuras y un mar más bravo esculpido por la Tramontana —el viento del norte—. Cala Pregonda o Cavalleria son paradas obligatorias si buscas algo virgen y magnético. La isla está vertebrada por una carretera principal que une sus dos grandes núcleos, situados en extremos opuestos. La Ciutadella es la antigua capital. Es una delicia señorial de calles estrechas, palacios medievales, aire aristocrático y un puerto bellísimo repleto de terrazas donde ver el atardecer. La capital actual es Mahón. Cuenta con el segundo puerto natural más grande de Europa. Su arquitectura tiene una fuerte influencia británica —debido a las dominaciones del siglo XVIII—, con sus famosas ventanas de guillotina (boínders).
«No hay extravagancia, solo ganas de parar»
El plato estrella es la Caldereta de Langosta —cuyo templo espiritual es el pueblo pesquero de Fornells—. Tampoco te puedes ir sin probar el Queso de Mahón, la sobrasada local y, por supuesto, la Pomada —la bebida típica de las fiestas patronales que mezcla ginebra menorquina Xoriguer con limonada—. La isla es un museo al aire libre de la cultura prehistórica. Está salpicada de navetas, talayots y taulas —monumentos megalíticos únicos en el mundo— que recientemente han sido declarados Patrimonio de la Humanidad.
Ruth, la hermana de Nuria, se mudó a Menorca hace años por amor y allí ha echado raíces profundas. Está perfectamente integrada en la vida de la isla, donde además es una activa emprendedora en el sector turístico y de servicios. Es el cerebro logístico de los veranos de la familia. Al dedicarse profesionalmente a la gestión de alojamientos y a experiencias vacacionales —incluyendo el alquiler de embarcaciones—, es quien consigue esas espectaculares fincas rústicas y los barcos con los que Nuria y Juan del Val navegan por las calas vírgenes de la isla.

A pesar de que Nuria vive en Madrid y Ruth en Menorca, la distancia no ha mermado para nada su relación. Son uña y carne. Su complicidad es tal que incluso han llegado a emprender juntas en el pasado en proyectos de moda y accesorios —como la marca Turqueta, inspirada precisamente en el espíritu mediterráneo y las calas menorquinas—. La unión de las hermanas Roca quedó más que demostrada en el año 2020, uno de los momentos más duros para la familia. Ruth sufrió un cáncer de mama del que, afortunadamente, logró recuperarse.
Durante todo el proceso, Nuria se convirtió en su altavoz y su mayor apoyo, dedicándole publicaciones cargadas de emoción y admiración hacia su fuerza. Cuando Ruth terminó el tratamiento, Nuria lo celebró públicamente de forma muy emotiva, dejando claro que su hermana es su gran heroína.
