Juan del Val: «Nunca he disfrutado leyendo, es frustrante; hay libros que me han gustado, pero tengo una memoria malísima»
El escritor, que ganó el premio Planeta el pasado año, comenzó a escribir cuando ya entró en la edad adulta

Juan del Val, en una imagen de archivo. | Gtres
Juan del Val sigue de promoción con su libro, Vera una historia de amor. En estos últimos meses, desde que ganara el premio Planeta, el escritor ha hecho una turné por distintos puntos de nuestro país, donde ha presentado su novela. Además, en esas ocasiones, ha tenido la oportunidad de chalar sobre cómo le surge el proceso de crear un nuevo libro, en qué se inspira y como piensa. «Me pasa una cosa que es un poco frustrante. No he sido un gran lector de adolescente, ni de joven. Hay libros que me han gustado, pero tengo una memoria malísima», contó.
Y es que cuando escribe novelas de manera profesional, su manera de leer «cambia por completo». «No disfruto leyendo: tiendo a diseccionar lo que me gusta para llevarlo a mi terreno. Leo para apropiarme de una técnica. Soy como los toreros que miran a otros toreros para captar los matices. También me ocurre con lo audiovisual. Por ejemplo, Woody Allen: todo lo que hace me interesa», contó a Telva.
Juan del Val «nunca ha disfrutado leyendo»

Así, Juan contó que le da «muchas vueltas». «Hay veces que quiero meter una idea en un capítulo y no paro hasta que encaja. Puede que tarde seis horas en escribir esas cuatro líneas. Mi obsesión es que la prosa sea fácil. Hay quien desprecia que nos pongan las cosas fáciles en la vida», explicó. Algo que él mismo no puede entender. Cuando alguien dice que una novela se lee fácil, «suele ser con desprecio». Un hecho que Juan del Val apunta a que se trata de «un milagro». «Otra cosa es que sea simple. Me irrita la gente simple. Como escritor, quiero ponérselo fácil a mis lectores», apostilló.
La trayectoria como escritor de Juan del Val ha seguido una evolución espectacular. Aunque durante muchos años trabajó en la sombra del sector periodístico y editorial, hoy es uno de los autores de narrativa contemporánea más leídos y vendidos de España. Sus primeros pasos en el mundo del libro los dio a cuatro manos junto a su mujer, la presentadora Nuria Roca. Juntos publicaron dos novelas de tintes románticos y cotidianos: Para Ana (de tu muerto) en 2011 y Lo inevitable del amor en 2012. Aunque tuvieron buena acogida, sirvieron principalmente como toma de contacto con el sector antes de lanzarse en solitario.
«Hay libros que me han gustado, pero tengo una memoria malísima»
En 2017 publicó Parece mentira, una novela con un fuerte componente de autoficción donde exploraba de manera cruda y sin filtros los límites de la madurez, el sexo, las adicciones y las segundas oportunidades. El espaldarazo definitivo de la crítica llegó en 2019 con Candela, obra con la que ganó el prestigioso premio Primavera de Novela. En ella construyó el genial retrato de una mujer de mediana edad, camarera de profesión, con un universo femenino brillante, ácido y muy realista. Fue a partir de 2021 cuando el autor consolidó un estilo propio muy reconocible: capítulos cortos, ritmo cinematográfico y una radiografía social implacable del comportamiento humano.
Sin duda alguna, Delparaíso fue un auténtico fenómeno de ventas. Una novela coral que desvelaba las miserias, los secretos y la cara oculta de los residentes de una urbanización de lujo madrileña —muy blindada por fuera, pero rota por dentro—. Bocabesada, siguiendo su fórmula coral, esta novela ponía el foco en los entresijos, traiciones, egos y romances de una productora audiovisual en horas bajas, un sector que Del Val conoce a la perfección. La cima de su carrera literaria la alcanzó a finales de 2025, cuando se proclamó ganador de la 74ª edición del premio Planeta con su última novela, Vera, una historia de amor.

Esta obra rompe en parte con sus anteriores novelas corales para adentrarse en un drama romántico e íntimo mucho más profundo. Cuenta la historia de una mujer de 45 años, de clase alta y recién separada, que rompe el guion establecido de su acomodada vida al enamorarse de Antonio, un joven de origen humilde. Más allá del romance, el libro es un thriller emocional sobre las apariencias, la libertad femenina y las consecuencias del despeje de las clases altas. Sobre su forma de escribir, Del Val destaca por una prosa muy directa, ágil y visual —él mismo confiesa que se refugia en un apartamento en el centro de Madrid para buscar silencio y escribir—. Su literatura rehúye la ornamentación excesiva y se enfoca en atrapar al lector mediante la empatía, el costumbrismo madrileño y las contradicciones de la sociedad actual.
Su carrera como escritor
Lo cierto es que Juan ha hablado, en varias ocasiones, de lo dura que fue su infancia y adolescencia por su carácter que no todo el mundo llegó a entender. Durante su adolescencia en Madrid, Juan del Val fue un joven bastante rebelde y problemático. Ha relatado abiertamente que sufrió problemas de adaptación, rozó la delincuencia y vivió una época muy oscura marcada por las peleas y el fracaso escolar —llegó a ser expulsado de varios institutos—. En esa etapa de bala perdida, la literatura o los libros de texto no formaban parte de sus intereses en absoluto; estaba demasiado ocupado sobreviviendo a su propia inestabilidad.

A los veintipocos años, tras tocar fondo y decidir cambiar de rumbo con la ayuda de tratamiento psicológico, Juan del Val empezó a descubrir la lectura. Encontró en los libros un refugio, una forma de evadirse de la realidad y, sobre todo, una manera de ordenar su mente. Leer le ayudó a canalizar toda esa hiperactividad y ansiedad que de adolescente no sabía gestionar. Pasó de no leer nada a devorar libros de forma casi obsesiva.
Al no haber tenido un hábito de lectura académico bien asentado, su formación como lector fue totalmente autodidacta. Empezó a interesarse por autores que hablaban de la crudeza de la vida, el comportamiento humano y las contradicciones sociales. Escritores como Charles Bukowski, con su realismo sucio, o grandes cronistas de la condición humana y el periodismo narrativo le marcaron profundamente. También se sumergió en los clásicos para recuperar el tiempo perdido. Ese bum tardío por la lectura cambió por completo su lenguaje y su visión del mundo. Le dio las herramientas culturales que le faltaban y despertó en él la necesidad de comunicarse. Primero empezó a escribir columnas periodísticas y guiones, hasta que finalmente se dio cuenta de que ese estilo directo, ágil y sin rodeos que a él le gustaba encontrar como lector era el que quería plasmar como escritor.
