Juan del Val, sobre sus hermanos: «Les hice sufrir mucho en una época en la que yo era insoportable y conflictivo»
El colaborador de televisión siempre ha estado muy unido a su familia, sobre todo durante su infancia y adolescencia

Juan del Val, en una imagen de archivo. | EP
Juan del Val siempre ha estado muy unido a su familia. El colaborador de televisión ha hablado largo y tendido, en diversas ocasiones, sobre este lado tan personal de su vida, poniendo en valor la labor que hace su mujer al frente de su programa y, también, los estudios de sus hijos. Aún así, para todo lo que tiene que ver con su familia más directa, sus padres y sus hermanos, han intentado siempre mantenerlo en un segundo plano. Todos ellos, aunque los mencione menos, siguen siendo importantísimos en su vida. «A mis hermanos les hice sufrir mucho en una época en la que yo era insoportable y conflictivo, y ahora me lo devuelven con un amor que no me merezco», ha contado.
Y es que, como él mismo ha relatado, durante su infancia y adolescencia, se encontró con algunos problemas en el aprendizaje que hicieron que se sintiera un poco incomprendido. «Mis hermanos fueron extremadamente generosos porque mis padres tuvieron que dedicarse mucho a mí debido a mis circunstancias, y ellos nunca me lo echaron en cara», ha relatado. Todo esto les llevó a convertirse en hermanos que se quieren «mucho», se respetan y, sobre todo, «se ríen muchísimo» cuando están juntos.
La adolescencia de Juan del Val y el apoyo de sus hermanaos
La familia de Juan del Val es un clan fascinante, marcado por historias de superación extrema, un compromiso social brutal y un enorme sentido del humor. Aunque hoy en día se les asocia con la televisión y el éxito mediático, sus orígenes son humilde, rebeldes y profundamente humanos. La historia de los padres de Juan del Val parece sacada de una novela. Son el pilar fundamental de su vida y un referente de esfuerzo. Ángela, su madre, es una mujer sumamente respetada y conocida en el ámbito social en España. Ángeles fundó Apramp (Asociación para la Prevención, Reintegración y Atención a la Mujer Prostituida), una ONG pionera que lleva décadas rescatando a mujeres víctimas de trata y explotación sexual. Juan siempre dice que su madre es «una fuerza de la naturaleza» y una mujer con una valentía inquebrantable.
Juan, su padre, siempre fue un hombre que representa la cultura del esfuerzo de la España de la posguerra. Empezó a trabajar como botones a los 13 años y, ya de adulto y con una familia a cuestas, decidió ponerse a estudiar para sacarse el BUP y mejorar el futuro de los suyos. Juan tiene dos hermanos. Durante la adolescencia del escritor, que fue una etapa extremadamente conflictiva —con ingresos hospitalarios, peleas y problemas con la Ley—, sus hermanos tuvieron que ceder el protagonismo y el tiempo de sus padres para que estos se centraran en salvar a Juan. El propio escritor ha confesado que les hizo sufrir mucho, pero que hoy en día tienen una relación excelente basada en el amor, el respeto y las risas compartidas.
«Fueron extremadamente generosos porque mis padres tuvieron que dedicarse mucho a mí»
Es imposible hablar de la familia de Juan del Val sin mencionar a Nuria Roca. Se conocieron en el año 1998 cuando Juan, que trabajaba como periodista, le hizo una entrevista. Desde entonces no se han separado. Forman una de las parejas más sólidas y queridas de la televisión española. Han sabido romper esquemas al normalizar de forma muy abierta en los medios que son una «pareja abierta» basada en la confianza y la libertad, un tema que en su momento generó mucho revuelo pero que ellos defienden con total naturalidad. Trabajan juntos en la radio, en El hormiguero y en su propio programa La Roca.
Fruto de su matrimonio con Nuria Roca, Juan tiene tres hijos que ya están empezando a volar solos. Juan, el mayor, ha heredado el gusto por la comunicación. Estudió Publicidad y Creatividad y es muy activo en redes sociales como TikTok, donde suele mostrar con mucho humor la dinámica con sus padres. Pau es el mediano; se mantiene en un perfil un poco más discreto que su hermano mayor, pero comparte con su padre la pasión por el fútbol y los viajes. Pasó una temporada estudiando en el extranjero (Estados Unidos). Olivia, que tiene 15 años, es la pequeña de la casa. Al ser la única chica y la menor, Juan siempre ha manifestado el instinto de protección y el orgullo que siente por ella mientras entra en la adolescencia.
Juan creció en el barrio de La Estrella, en el este de Madrid, durante los años 70 y principios de los 80. En aquella época, era una zona humilde, de clase obrera, que además empezó a sufrir con fuerza los azotes de la heroína y la delincuencia. A pesar de las dificultades del entorno, Juan recuerda su infancia en el barrio con mucha nostalgia de la vida callejera de antes: jugar al fútbol en los descampados, pasar horas en la calle con los amigos y esa libertad de la que gozaban los niños de su generación. Aunque hoy lo vemos en televisión como un hombre seguro de sí mismo, provocador y con mucha labia, el propio Juan ha confesado que de niño era extremadamente tímido e introvertido.
Le costaba mucho relacionarse y a menudo se sentía «el bicho raro» del colegio. No era el típico niño líder; más bien era un observador silencioso. Esa timidez, según ha relatado de adulto, le generaba una especie de frustración interna y de rabia contenida que, al no saber cómo canalizarla, terminó saliendo a la luz de la peor manera cuando llegó a la pubertad. En su casa no sobraba el dinero, pero nunca faltó de nada gracias al trabajo incansable de sus padres. Su infancia estuvo muy influenciada por la fuerte personalidad de su madre, Ángeles.
Juan creció viendo a su madre meterse en los lugares más oscuros de Madrid para ayudar a mujeres marginadas. Esto hizo que en su casa se respirara un ambiente de profunda conciencia social, tolerancia y realidad. En su hogar no había tabúes, lo que le dio una madurez temprana sobre los problemas del mundo real. Al ser un niño retraído, Juan encontró su gran refugio en los libros. Desde muy pequeño devoraba todo lo que caía en sus manos. Su infancia estuvo rodeada de literatura, lo que le permitía viajar a otros mundos y escapar de sus propias inseguridades. Esta pasión temprana por la lectura fue, sin saberlo, la semilla de su actual carrera como escritor de éxito.
Su infancia fue, sin duda, el prólogo de su adolescencia. A los 12 o 13 años, toda esa timidez y esa sensación de no encajar desaparecieron de golpe para dar paso a un chico agresivo, conflictivo y rebelde. Sin embargo, el colchón de amor, valores y estabilidad que recibió de sus padres en sus primeros años de infancia fue lo que finalmente le salvó la vida cuando tocó fondo años después.
