'White lives matter'
«Es difícilmente comprobable que a George Floyd lo matara el racismo, pero a Henry Nowak sí lo mató el antirracismo»
«No puedo respirar». Esas tres palabras incendiaron el mundo en 2020, cuando George Floyd las pronunció mientras un policía le presionaba el cuello con la rodilla. Finalmente, murió por paro cardiorrespiratorio. El caso era genuinamente complejo desde el punto de vista jurídico o médico, teniendo en cuenta su pasado delincuencial y que la toxicología realizada en el hospital detectó 11 nanogramos de fentanilo por mililitro de sangre, pero se transformó de inmediato en un caso incontestable de racismo. Hubo minutos de silencio, se activaron protocolos antirracistas en cuerpos policiales de todo el mundo, y las selecciones de fútbol tuvieron que arrodillarse antes de los partidos.
En diciembre de 2025, cinco años después, un chico de 18 años blanco repitió esas tres palabras en Southampton mientras se desangraba en la acera, y la policía no le socorrió. El agresor aseguró que el agredido le había proferido un insulto racista. Los policías, entrenados tras Floyd, eligieron evitarse problemas y creer al agresor, de origen hindú. Henry Nowak murió esposado, mientras que el apuñalador se fue andando. El caso ha causado cierto revuelo, pero nada parecido a lo de 2020.
Es difícilmente comprobable que a George Floyd lo matara el racismo, pero a Henry Nowak sí lo mató el antirracismo, que es solo otra forma de racismo con distintos beneficiarios y con distintas víctimas. Como ha dicho mi amigo Juan Ángel Soto, «Henry Nowak era todo lo que, sin serlo, se decía que era George Floyd». Una víctima de un sistema que discrimina por cuestión de raza. Descanse en paz.
