The Objective
Opinión

Del trauma de ser la hija de Jesulín a vivir del cuento por ser la hija de Jesulín

«La construcción de su personaje digital le ha llevado tiempo, posados, contenido. Ahora es el momento de monetizar»

Del trauma de ser la hija de Jesulín a vivir del cuento por ser la hija de Jesulín

Ilustración de Alejndra Svriz.

Hay portadas que cambian el signo de los tiempos, al menos en lo referente a la prensa del corazón. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, aquella de la revista Diez minutos que mostraba a María del Monte e Isabel Pantoja, «juguetonas como chiquillas», en la intimidad de sus vacaciones de verano con el titular «Juegos y mimos en la playa»? Hay portadas memorables, sí, pero personalmente prefiero decantarme por un prolífico subgénero que, en estos tiempos de entretenimiento digital, nos permite gozar de una colección que alcanza el estatus de meme nacional para jugar al fascinante «¿Qué Terelu eres hoy?», uno de los divertimentos más adictivos al alcance de nuestro móvil. Así, titulares de Lecturas como Me siento vieja, fea y gorda, He rezado muchas veces para que mi madre se fuera, He visto el infierno, no volveré a ser la misma, Mi prioridad es estar viva, Echo de menos los besos de un hombre o Me torturo mucho y eso me impide disfrutar de la vida son ya tan icónicos que merecen estamparse en camisetas o merchandising para confirmar una teoría popular instalada en el inconsciente colectivo: «Siempre hay una Campos que lo está pasando peor que tú».

Pero esta semana los quioscos han amanecido con la inesperada apuesta del Boletín Oficial del Estado de las celebrities, más conocido como ¡Hola!, una portada que obra un auténtico milagro en la prensa rosa al convertir oficialmente a Juls Janeiro —cuyo rostro anónimo estaba valorado por un juez en 200.000 euros— en nepobaby famosa, personalidad del salseo, estrella del papel cuché y, de paso, carne de primera —nada de picadillo— para las secciones de corazón y menudencias que sobreviven en las televisiones actuales con la ayuda de influencers y otra fauna de última generación. Con esta portada se confirma la eficacia de la gota malaya, ese recurso empleado por los torturadores para transformar el tiempo en un arma que desgasta con tanta lentitud como contundencia: ha costado años de silencio y contención, pero los colaboradores ya pueden vivir como acontecimiento el pistoletazo de salida para comentar, criticar, analizar o especular sobre la vida de la hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario.

Se abre la veda.

Pero en este juego conviene señalar las reglas que la novata ha logrado implantar con éxito: la decisión de dar el salto al precipicio de la fama la toma ella cuando quiere, no arrastrada al vacío en contra de su voluntad por los demás; su llegada a la partida, ya comenzada, se realiza cuando ella misma ha sembrado para crear la imagen de sí misma que consideraba la mejor posible para situarse no como «hija de», sino como «esa chica que», una etiqueta que los 200.000 seguidores de sus redes sociales pueden colgarle para describir la imagen que tienen de ella como influencer. Al final, Juls no ha estudiado para ser ingeniera, traductora, enfermera o analista de datos; ha apostado todo al mismo número: las redes sociales. Y la construcción de su personaje digital le ha llevado tiempo, posados, contenido. Ahora es el momento de monetizar. Pero no de cualquier modo: para ello, nada mejor que saltar de un medio a otro, convertir un perfil unidimensional en categoría de personaje con sus conflictos, sus debilidades y fortalezas para sacar la mayor rentabilidad posible a un avatar que cobrará vida propia como concursante de reality, entrevistada en plató, interrogada a golpe de alcachofa en el AVE o en una alfombra roja, protagonista de una de esas piezas audiovisuales diseccionadas con buenas dosis de mala leche con una voz en off que va deslizando puñaladas traperas como quien no quiere la cosa.

Como hemos señalado, la hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario no inicia la partida desde la casilla de salida: juega con una ventaja que le permite ser una entidad propia o una extensión de la fama de los padres en función de las necesidades de su relato. Veremos cómo la aprovecha: por ahora, es indiscutible su éxito al pillar desprevenidos a quienes ya se habían rendido en su persecución y no han disimulado ni su sorpresa ni su cabreo al ver cómo les ha metido un gol por la escuadra.

Es cierto que las explicaciones de Juls sobre los traumas vividos no ayudan a ganar amigos. Al contrario, pues señala culpables que pueden sentirse aludidos. La muchacha, tan joven como inexperta en estas lides, tal vez desconoce que hay en la profesión que ahora abraza libremente una cierta tendencia a aplicar la tradición siciliana de sentarse a ver desfilar el cadáver del enemigo.

Y esta muerta está muy viva como para no tirarse a degüello a por ella.

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