ContexTO | Del deporte 'amateur' al rendimiento: cuando correr una carrera ya no es suficiente
THE OBJECTIVE aborda un debate sobre las exigencias de la preparación necesaria para la actividad física
Hace tiempo que salir a correr los domingos o jugar un partido de fútbol con los amigos dejó de ser la única forma de hacer deporte. Cada vez más aficionados se apuntan a medias maratones, triatlones, pádel, pruebas ciclistas o competiciones de todo tipo. Entrenan varias veces por semana, siguen planes específicos y persiguen objetivos que hace unos años parecían reservados a deportistas profesionales. El fenómeno tiene una lectura positiva evidente: la población cada vez es más activa. Pero también plantea una pregunta cada vez más frecuente entre médicos y especialistas: ¿Estamos preparados para la exigencia física que asumimos? En este escenario, THE OBJECTIVE ha organizado el debate ContexTO: Del deporte amateur al rendimiento: Cuando correr una carrera ya no es suficiente.
Moderado por José Manuel Calvo y en colaboración con Asisa, el encuentro ha contado con la participación de Juan Antonio Corbalán, médico de la Unidad de Fisiología del Ejercicio del Hospital Universitario HLA Moncloa y exjugador internacional de baloncesto, y María Dolores Masiá, coordinadora de la Unidad de Cardiología Deportiva de la Clínica HLA Vistahermosa de Alicante.
Juan Antonio Corbalán observa esa evolución desde una doble perspectiva. Como deportista de élite y como médico. Y cree que detrás de esa transformación hay algo muy humano. «Todo el mundo que corre quiere correr más rápido, todo el mundo que hace una cosa quiere hacerla mejor». La cuestión, añade, es entender que mejorar exige algo más que voluntad. Exige preparación.
María Dolores Masiá coincide. A su juicio, el problema aparece cuando la ilusión va por delante de la condición física. «El límite es la preparación. El problema es cuando no estás preparado e intentas hacer algo para lo que no tienes una condición física hecha», afirma.

El error de pensar que el deporte protege de todo
A medida que aumenta la exigencia, aumenta también la necesidad de conocerse mejor. Los especialistas advierten de que muchos deportistas aficionados tienden a ignorar señales que, fuera del ámbito deportivo, probablemente les preocuparían mucho más. Dolor en el pecho, palpitaciones, mareos o pérdidas de conocimiento son algunos de los síntomas que deberían motivar una consulta médica. Sin embargo, según Masiá, no siempre ocurre. «Me da la sensación de que los deportistas infraestiman mucho los síntomas», señala. Acostumbrados al esfuerzo y al sufrimiento físico, muchos interpretan esas molestias como algo normal o pasajero.
Corbalán cree que existe además una falsa percepción sobre los riesgos cardiovasculares asociados al deporte. La imagen que suele venir a la cabeza es la de un atleta desplomándose en una gran competición, pero la realidad suele ser mucho menos espectacular. «La mayor parte de las muertes súbitas ocurre en gente que hace ejercicio muy esporádicamente y que se mete en una actividad de fin de semana sin tener la preparación adecuada», explica.
Por eso ambos defienden la importancia de las revisiones médicas, especialmente cuando una persona empieza a plantearse retos de cierta entidad. «¿Qué mínimo que ver tu corazón antes de empezar una práctica deportiva supuestamente exigente?», plantea la cardióloga.
Una lección que empieza en la infancia
Buena parte de los hábitos deportivos se construyen durante la niñez. Y ahí, según los expertos, la figura más importante no es necesariamente la del médico ni la de los padres, sino la del entrenador. Masiá considera que un buen entrenador puede marcar la diferencia entre que un niño se enganche al deporte para toda la vida o lo abandone a los pocos años. «Las criaturas tienen que moverse porque, mientras se están moviendo, están promocionando su salud».

Corbalán va un paso más allá y reivindica el valor educativo del deporte. No solo por los beneficios físicos, sino por todo lo que enseña fuera del terreno de juego. «Hay que aprender a ganar y hay que aprender a perder», afirma. En su opinión, el deporte ayuda a socializar, a aceptar las diferencias y a entender que el esfuerzo no siempre garantiza la victoria.
Los dos especialistas coinciden también en la necesidad de cuidar aspectos que a menudo quedan en segundo plano, como la alimentación, el descanso o la gestión de la presión competitiva. Y lanzan un mensaje a las familias: acompañar es importante, pero sin convertir las expectativas de los adultos en una carga para los hijos. «Lo primero que tienen que decirles a sus hijos es que se diviertan», resume Corbalán.
