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Sociedad

Un grupo de erasmus españoles, al rescate de los refugiados de Ucrania

Recorren a diario miles de kilómetros para buscar familias en la frontera entre Ucrania y Hungría

Cuando este grupo de españoles estaba haciendo la maleta para irse de erasmus a Budapest, lo último que esperaban era que fuese a estallar una guerra en el país vecino y que tuvieran que pasar gran parte de su segundo semestre recaudando dinero para los refugiados y haciendo miles de kilómetros diarios para buscar familias en la frontera.

Llevan allí desde septiembre y, antes de que comenzase la guerra, prácticamente no se hablaba de ello. La escalada de tensiones no parecía ser un tema de conversación y, desde luego, nadie preveía que fuese a haber un éxodo de estas dimensiones. Una crisis de refugiados que ya es la más rápida de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Según ACNUR, 3,16 millones de personas han abandonado Ucrania en 22 días para huir de la guerra.

«Fue de un día para otro, de repente», explican por videollamada. «Nuestra universidad está un poco lejos de la capital, en un pueblo a unos 20 kilómetros. Cuando íbamos cada día en tren, veíamos que llegaba un montón de gente. Los vagones cada vez más llenos, familias con maletas… Al principio nos extrañamos, pero cuando vimos que eran refugiados, supimos que teníamos que hacer algo para ayudar». Y así fue, en seguida crearon Spanish for Ukraine, un proyecto que comenzó con un mensaje de texto y que ya cuenta con más de 50 voluntarios. «Creamos cuentas de Instagram y Facebook, escribimos un mensaje para que la gente viera que queremos ayudar de verdad, y se lo enviamos a familiares y amigos. Ellos ya nos aportaron bastantes donativos, pero después se lo fueron enviando a otros»… y el boca a boca y las redes sociales hicieron el resto.

Los chicos de Spanish for Ukraine posan con la compra para los refugiados
Los chicos de Spanish for Ukraine posan con la compra para los refugiados

Llevan ya más de 22.000 euros recaudados en 11 días. Con ello compran alimentos, medicinas, productos de higiene y cualquier otra necesidad que tengan. «Empezamos yendo a las principales estaciones de tren donde llegan los refugiados. Nos acercábamos a los puestos de las ONG para preguntarles qué necesitaban y, con el dinero de las donaciones, hacíamos la compra y volvíamos con carros llenos para dejárselos allí. Así todos los días», narra Bosco, uno de los pioneros de Spanish for Ukraine. «Además de comida y productos básicos, también hace falta cualquier cosa que puedas tener en la mano para distraerte, porque son muchas horas», añade su compañero Jose. Lo dice, sobre todo, por los niños. Un día vieron a un muchacho jugando con una pelota de papel de plata, y supieron que lo siguiente que tenían que comprar eran balones. Alguna distracción para que se que se olviden, aunque sea por un momento, de la guerra.

En ello invierten todo el dinero que les llega y, para demostrarlo, publican las facturas de cada compra que hacen en su particular portal de transparencia. Para eso y para evitar futuros problemas con Hacienda, otra de sus preocupaciones. Como su iniciativa cada vez llega a más gente, los ingresos también crecen, y temen que pueda perjudicarles en un futuro. «Estamos recopilando y digitalizando todos los tickets de compra porque, como es tanto, a lo mejor nos ponen problemas. Espero que después nos echen un cable con ese tema», manifiestan. Por ello buscan algún asesor financiero que pueda aconsejarles el mejor modo de gestionar todos estos ingresos.

La ola de solidaridad les ha llevado a la frontera

Pero van más allá, y no se han quedado en hacer la compra: «Como nos han llegado muchos más donativos, pensamos que podíamos intentar hacer más cosas, así que ahora estamos yendo hasta la frontera para recoger familias», explican. Mil kilómetros al día que recorren en coches alquilados para tratar de llevar a quienes llegan al centro de refugiados de la frontera a otros puntos del país, o facilitar su camino hacia España. Comenzaron el pasado miércoles y en el primer día ya llevaron a diez personas a distintos destinos. 

El modus operandi para esto es parecido al que llevan siguiendo desde el principio: «Vamos al centro de refugiados que está en la propia frontera, nos acercamos donde están las organizaciones y les contamos que somos varios voluntarios que pueden ofrecer coches para la gente que lo necesite. Ellos nos ponen directamente en contacto con las familias que quieren ir a los sitios a los que podemos llegar». También reciben ayuda de la embajada española en Hungría, que les agradece su labor y les está facilitando el proceso para encontrar alojamiento para los refugiados y llevarles a España. 

Miembros de Spanish for Ukraine con una madre ucraniana y su hija
Miembros de Spanish for Ukraine con una madre ucraniana y su hija que han huido de la guerra

El primer contacto con la frontera lo establecieron a través de Guillermo, un mallorquín que se fue desde las Baleares en coche para recoger a nueve personas y traerlas a España. «Él mismo fue el que me escribió, me dijo que necesitaba ayuda para recoger a las familias allí, me puso en contacto con ellos y me ayudó con todo», cuenta Bosco. La colaboración entre voluntarios es esencial, porque allí «todo va sobre la marcha». De hecho, de vez en cuando se encuentran con algún contratiempo. La noche del 16 de marzo, Bosco hizo todo el camino conduciendo hasta la frontera para recoger a una familia con la que había estado en contacto, pero cayó la noche y el miedo a cruzarse con alguien que no tuviese tan buenas intenciones hizo que finalmente se quedaran en un refugio. «Tuve que quedarme toda la noche durmiendo en el coche, hacía un frío tremendo», se lamenta. «Tienen tal miedo que no se fían de nada. Te tienen que hacer foto a la matrícula, a tu DNI, a todo, para enviárselo a sus maridos, que no pueden salir del país», añade el joven. 

Familias aterradas por la guerra

Han visto de primera mano que estas personas llegan «totalmente traumatizadas». Muchas de ellas llevan días sin comer un plato caliente y, además del sufrimiento y la angustia, están agotados. «Ayer propuse a un grupo ponerles alguna canción en el coche, pero me pidieron que no lo hiciera. Me dijeron que llevaban 20 días sin escuchar música, no querían. Están traumatizados de verdad», alerta Bosco. 

La comunicación con las familias es otro obstáculo que a menudo tienen que sortear, aunque algunas de ellas se pueden comunicar en inglés. Es el caso de la que recogió Jose recientemente. Son Karina, de 18 años, estudiante de Medicina, y su madre Katarina, que tenía una empresa de licores en Ucrania. Ellas les contaron que Katarina «no dejaba a su hija activar los datos del teléfono para que no viese todo lo que estaba sucediendo en su ciudad». Ambas pasaron la noche en casa de Bosco y Jose para continuar su camino al día siguiente y, cuando la madre cogió el móvil por la mañana, «le temblaba la mano, me confesó que había estallado una bomba a 10 kilómetros de Dimitrov, la ciudad donde ellas viven, y que temía por su marido y su hijo, que estaban en su casa empuñando ya un arma», narra Jose. 

Son historias que Bosco, Jose, Mikel, Paloma, Pablo, Marta, Manolo, Lucía, Carmen, Carlos y el resto de jóvenes que forman Spanish for Ukraine no olvidarán nunca. No dejan de quedar impactados cuando ven las colas de refugiados a la entrada de Hungría. «Son gente como nosotros, con maletones, andando por el lado de la carretera, saliendo de su país como pueden», relatan.

Ya en la frontera, un mínimo de tranquilidad, los niños tienen peluches y juguetes y las asociaciones y demás ONG se desviven para hacer su tránsito algo más fácil. Durante la conversación, Bosco elogia a menudo a Cáritas: «Están haciendo un grandísimo trabajo, están en todas partes». Cuando tuvo que pasar la noche en el coche, le ofrecieron sin dudarlo unas mantas y un par de bocadillos también a él. Aunque Bosco ya tiene experiencia en sacrificarse por ayudar a los demás. Cuando Filomena colapsó Madrid, no se lo pensó dos veces y se puso a disposición de quien se lo pidiera para atravesar la capital con su coche y acercarles a los hospitales, a hacer la compra o a lo que le pidiesen. Es una de esas personas que siempre está ahí en los momentos cruciales, cuando más se le necesita. Él y el resto de chicos de Spanish for Ukraine son una muestra más de que las ganas de ayudar, incluso a costa del sacrificio personal, pueden cambiar vidas.

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