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Sociedad

El campamento 'trans' de Bernedo se mantiene este verano pese a haber sido prohibido

La entidad cambia de nombre para volver a celebrar las colonias investigadas por delitos contra la libertad sexual

El campamento ‘trans’ de Bernedo se mantiene este verano pese a haber sido prohibido

Imagen del campamento de Bernedo.

Los organizadores de los campamentos transgeneristas de Bernedo, investigados por delitos contra la libertad sexual de menores, quieren que se celebren este verano pese a su inhabilitación para organizar y realizar actividades de tiempo libre infantil y juvenil durante tres años. La argucia de los impulsores de estas colonias, Sarrea Euskal Udalekuak, ha sido cambiar de asociación por otra pantalla, Euskal Udalekuak, para llevarlas a cabo y así sortear la resolución administrativa que impide expresamente su celebración. De hecho, una página web conduce a la otra. Diario Vasco ha informado, además, de que los organizadores han avisado a los padres del cambio. Cambia el nombre, pero no la idea.

¿Y cuál es la idea? Pues duchar a los niños junto a las niñas, y a veces hasta con los monitores, bajo el pretexto transgenerista de no imponer «la división de géneros», y de que si alguien no se identificaba con el género masculino o femenino, no se sintiera «categorizade [sic]», entre otras perversiones que fueron detalladas el año pasado en exclusiva por THE OBJECTIVE. Este medio publicó un informe de la Ertzaintza, la policía autonómica vasca, confeccionado con testimonios de las familias de los menores, de entre 8 y 16 años, que hablaba de cómo «para conseguir la merienda deben succionar el dedo del pie de alguno de los monitores», y que esto en concreto «se lo realizaron a una niña […], la cual tuvo una infancia muy dura, de índole sexual», traumatizándola aún más. En otras ocasiones, «debían enseñar las nalgas para conseguir la merienda».

Según la página web de Euskal Udalekuak, hay cuatro tandas previstas para este verano, siendo la primera entre el 1 y el 15 de julio, que es la destinada a chavales nacidos en 2014 y 2015, de entre diez y doce años. «Cada año vamos a Bernedo para alegrar el pueblo y la piscina. El objetivo es despertar el espíritu lúdico que todos llevamos dentro y promover el respeto por la naturaleza y las relaciones sanas entre nosotros», sostienen los organizadores. Las entradas oscilan entre los 200 y los 375 euros.

Por ese precio, los niños podrían dar abrazos a monitoras en topless, sufrir castigos humillantes, o participar en akelarres. Según el testimonio de un chaval, recogido en el informe de la Ertzaintza antes citado, los monitores «bailaban sin ropa alrededor de la hoguera», y «metieron a uno de los menores a bailar, comenzando a llorar por no querer realizar dicha práctica». «Posteriormente una monitora le realizó el baile del perr[e]o de su parte trasera con la parte íntima del menor», según la Ertzaintza.

Al saltar el escándalo, en septiembre de 2025, lejos de negar las acusaciones, Sarrea Euskal Udaleku Elkartea emitió un comunicado justificando la presencia de duchas mixtas como una forma de «normalizar todos los cuerpos» y «romper estigmas». «Más allá de ser simplemente un lugar de higiene», esas duchas, en las que los propios monitores se metían, eran también «una oportunidad para romper estigmas y liberarnos de la vergüenza y la sexualización», expuso la asociación, basada en «valores transfeministas». Entonces, ya prometió celebrar el campamento en 2026.

Para ello, contó con una campaña favorable de algunos personajes de la cultura vasca, que blanquearon las colonias. Entre ellos, actores, influencers, presentadores de televisión, activistas y bertsolaris (poetas que cantan versos en euskera), que, a sabiendas de todo lo que se había denunciado, dejaron para la posterioridad perlas como «no se me ocurre un sitio mejor para pasar el verano»: «Si queréis pasar unos días en euskera este verano y rodeados de gente agradable, apuntaos».

Para más inri, un grupo de padres abertzales anunció su intención de repetir, dando las «gracias de todo corazón» a los monitores por ducharse con sus hijos en vestuarios mixtos, cocinar desnudos y obligar a los niños a chupar pies para poder tomar la merienda. Entre otros disparates, agradecían a los organizadores «convertir momentos básicos de la vida (comidas, higiene y descanso) en un espacio político. Y gracias por dejar claro que el cuerpo de cada persona es un espacio político». Quizá puedan repetir finalmente, pese a la prohibición de la Diputación de Álava, y pese a las 21 denuncias interpuestas que aún se investigan, gracias a una argucia de los organizadores.

Pero hay más: la entidad también posee colonias en Goñi y Abaigar, municipios de Navarra, en donde se podrán celebrar de nuevo los campamentos con normalidad pese a la sanción, ya que el Gobierno de María Chivite permanece de brazos cruzados.






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