Victoria Hohenlohe en Doñana: «Restaurar bosques no es solo plantar árboles»
La duquesa de Medinaceli y su socio luchan por conservar un ecosistema único siete años después de un grave incendio

Victoria Hohenlohe. | Agustín Martínez
Siete años después de un devastador incendio, Doñana vuelve a convertirse en símbolo de una conversación necesaria: cómo proteger algunos de los ecosistemas más valiosos de Europa y cómo devolver funcionalidad ecológica a territorios dañados por décadas de presión humana y fenómenos extremos.
THE OBJECTIVE se ha desplazado hasta el parque onubense para acompañar una jornada de trabajo de Plant-for-the-Planet junto a Victoria Hohenlohe, duquesa de Medinaceli y patrona de la fundación en España, y Félix Finkbeiner, fundador de la organización internacional dedicada a la restauración de ecosistemas y a la educación ambiental.
La jornada, celebrada entre Mazagón y distintas áreas del parque natural, se centró en la recuperación de zonas afectadas por incendios y en la protección de un espacio cuya relevancia trasciende lo estrictamente ecológico.
La relación entre Victoria y Félix se remonta a 2007, cuando ambos coincidieron en Múnich durante los primeros años del proyecto que él impulsó siendo todavía un niño. Finkbeiner tenía entonces nueve años y acababa de descubrir el impacto que el calentamiento global podría tener sobre el futuro de los osos polares. «Cuando era niño, empecé a leer informes sobre el cambio climático y me impactó muchísimo. Recuerdo sentir una preocupación muy fuerte por el futuro», explica. Parte de aquella inquietud nació al conocer el trabajo de Wangari Maathai en Kenia, pionera en vincular la plantación de árboles con el desarrollo económico y social de las comunidades locales.

Lo que comenzó como una iniciativa escolar terminó convirtiéndose en un movimiento internacional. «Empezamos plantando árboles en nuestro colegio y luego otros colegios se fueron sumando», recuerda. Finkbeiner recorre la historia del proyecto con un orgullo comprensible: su fundación no solo ha plantado más de 36 millones de árboles, sino que también ha formado a más de 100.000 jóvenes embajadores que trabajan diariamente en beneficio del planeta.
«Aquí hay un ecosistema extremadamente valioso, con una biodiversidad enorme. No solo por las especies de plantas, sino también por las aves migratorias, las marismas y el impacto directo en la agricultura y en las comunidades locales», señala Victoria Hohenlohe
La educación de las nuevas generaciones es uno de los pilares de Plant-for-the-Planet, que trabaja con niños y jóvenes para fomentar una relación temprana con los bosques y con la comprensión del medio ambiente. Para Victoria Hohenlohe, los más jóvenes poseen una capacidad singular para conectar con causas que trascienden lo individual. «Es importante que se involucren en actividades que amen», señala. Durante la visita al Parque Natural de Doñana, esa convicción parecía confirmarse: la calidad de sus preguntas y su curiosidad sorprendían constantemente a los participantes. «Es muy especial compartir algo tan relevante con los niños».
Victoria Hohenlohe, patrona de Plant-for-the-Planet, se muestra profundamente implicada en la labor de la fundación y destaca el valor singular de Doñana. «Aquí hay un ecosistema extremadamente valioso, con una biodiversidad enorme. No solo por las especies de plantas, sino también por las aves migratorias, las marismas y el impacto directo en la agricultura y en las comunidades locales».
Durante toda la jornada hubo una palabra que regresó una y otra vez: «agua». Al hablar de Doñana, Hohenlohe volvía constantemente a ella. Como recurso natural, soporte de la biodiversidad, garantía para la agricultura local y elemento indispensable para cualquier proyecto de restauración duradero.

Felix Finkbein y Victoria Hohenlohe hablando con alumnos de la fundación Plant-for-the-Planet en Doñana. | Agustín Martínez
Su aproximación a estas cuestiones también está marcada por su experiencia profesional en sostenibilidad corporativa. «Veo cómo las compañías desarrollan estrategias de impacto, pero también las dificultades reales: cadenas de suministro complejas, medición de emisiones y mucho riesgo de greenwashing». Esta experiencia le permite comprender que la transición hacia modelos más sostenibles exige convertir objetivos abstractos en decisiones concretas.
Durante la visita se habló inevitablemente de los incendios que sufrió Doñana en los últimos años. THE OBJECTIVE recorrió algunas de las zonas donde Plant-for-the-Planet España trabaja junto a la Junta de Andalucía y otras entidades implicadas en la restauración del parque.

De izquierda a derecha: Victoria Hohenlohe, Ángel Lobo Sánchez y Felix Finkbeiner. | Agustín Martínez
Jordi Juanós Amperi, director de Plant-for-the-Planet España, y Ángel Lobo Sánchez, responsable de restauración de ecosistemas de la fundación, acompañaron a la expedición, explicando el trabajo técnico que se desarrolla actualmente sobre el terreno. Finkbeiner recuerda que proteger los bosques es importante en cualquier lugar, pero que existen territorios especialmente sensibles por la biodiversidad que albergan. Doñana es uno de ellos. «El impacto negativo que queda tras un incendio en una zona como Doñana es terrible», señala Hohenlohe. «Aquí hay una biodiversidad muy completa y hay que cuidarla. Además, después de catástrofes como los incendios, la economía local también se ve afectada». Sostiene además que estos fenómenos no deberían percibirse únicamente como un problema ambiental: «Los incendios afectan directamente a la agricultura local y generan enormes problemas socioeconómicos».
A lo largo de la conversación aparece una idea recurrente: la necesidad humana de formar parte de algo que trascienda al individuo. Para Victoria, esa dimensión colectiva es precisamente la que permite sostener proyectos de largo plazo. Porque, más allá del trabajo de campo, uno de los pilares fundamentales de Plant-for-the-Planet sigue siendo la educación. Finkbeiner coincide. «Cuando empezamos, teníamos nueve u 11 años. Los jóvenes son mucho más propensos a escuchar y a tomar decisiones activas en beneficio de las causas que les importan. También hablan con sus familias y fomentan cadenas de cambio positivo».
Ambos confían plenamente en las nuevas generaciones: dentro de pocos años ocuparán posiciones de liderazgo político, empresarial y social. «El impacto colectivo es relevante y genera cambios positivos. Plant-for-the-Planet funciona gracias a todos los agentes que forman parte de la fundación, entre ellos los niños y jóvenes que trabajan juntos», afirma Hohenlohe. «Hay voluntarios en 72 países que están siendo educados bajo los mismos valores y conocimientos. Estamos todos en la misma misión alrededor del mundo».
Además de los trabajos de restauración sobre el terreno, la fundación ha desarrollado Fire Alert, una aplicación conectada a datos satelitales de la NASA que permite recibir alertas de incendios en tiempo real o localizar focos activos geográficamente. «Tenemos, si no me equivoco, 15.000 sitios monitorizados constantemente con el objetivo de proteger los bosques», explica Finkbeiner.

Victoria Hohenlohe y Felix Finkbeiner. | Agustín Martínez
«La labor en México es de restauración, como en España. En Ghana combinamos restauración y apoyo a la economía local a través de la agricultura», dice Felix Finkbeiner
Una de las ideas centrales de la jornada surgió cuando la conversación se desplazó hacia una cuestión aparentemente sencilla: la diferencia entre reforestar y restaurar. «Reforestar consiste en volver a plantar árboles. Restaurar implica intentar que un ecosistema vuelva a parecerse lo máximo posible a como era antes de la intervención humana», explica el fundador de Plant-for-the-Planet. La diferencia es mucho más profunda de lo que parece. Según Finkbeiner, la mejor forma de restaurar un ecosistema consiste en estudiar áreas cercanas que apenas hayan sido alteradas y utilizarlas como referencia. «Esto puede llevar décadas, incluso un siglo, pero es importante que se haga». En lugares como Doñana, donde la intervención humana ha sido intensa durante generaciones, el proceso resulta especialmente complejo. Aun así, el conocimiento científico acumulado permite reconstruir parcialmente cómo funcionaba el ecosistema original.
El fundador de Plant-for-the-Planet advierte además que no toda plantación de árboles es necesariamente positiva. En algunos casos puede resultar perjudicial para el equilibrio natural. Recuerda el caso de ciertas zonas de Escocia donde se plantaron árboles en espacios donde históricamente nunca habían existido. Allí, restaurar implicó talar. «Cortar árboles por estos motivos no es lo mismo que la deforestación extrema. El daño no es comparable. En algunos casos es necesario», matiza Hohenlohe.
Actualmente, Plant-for-the-Planet desarrolla proyectos en España, México y Ghana. Cada uno responde a necesidades distintas. «La labor en México es de restauración, como en España. En Ghana combinamos restauración y apoyo a la economía local a través de la agricultura», explica Finkbeiner. Doñana aparece así no solo como un espacio natural emblemático, sino como un laboratorio vivo donde se cruzan restauración ecológica, educación, tecnología y responsabilidad colectiva. Un lugar donde plantar árboles no basta. Donde comprender el agua, el suelo, la biodiversidad y la memoria del paisaje resulta tan importante como cualquier reforestación.
Un legado y la continuidad de un camino propio
La palabra que Victoria Hohenlohe repite una y otra vez al hablar de sostenibilidad, patrimonio o naturaleza es «responsabilidad». «Lo único que representa el legado que recibo para mí es la responsabilidad. Tengo mucho respeto cuando miro hacia atrás y veo a todas las personas que han hecho su parte antes que yo». La frase sirve tanto para entender su papel al frente de la Casa Ducal de Medinaceli como su implicación en proyectos vinculados a la conservación y la biodiversidad.

Aunque hoy ostenta el mayor número de títulos nobiliarios del mundo, su trayectoria profesional se ha desarrollado lejos de los tópicos asociados a la aristocracia. «Vi cómo había soluciones reales, no solo discurso». Con el tiempo, su interés se desplazó del mundo corporativo hacia la biodiversidad y la conservación. En 2024 se incorporó al patronato español de Plant-for-the-Planet. «Entiendo cuáles son mis capacidades como patrona de la entidad española. No estoy en las decisiones de los proyectos, pero sí intento aportar desde la parte empresarial, que es mi experiencia».
Caballos, naturaleza y biodiversidad
Nueva York fue el escenario donde conoció a quien terminaría convirtiéndose en su socia en Vayrah, un proyecto que desarrolla experiencias basadas en evidencia científica para conectar a las personas con los caballos y la naturaleza, promoviendo el bienestar, la conservación y el bienestar animal. «En un momento en el que gran parte de nuestras relaciones y experiencias ocurren a través de una pantalla, sentimos la necesidad de recuperar formas más auténticas de conexión».
Explica que Vayrah nace con el propósito «de ayudar a las personas a reconectar consigo mismas, con las demás personas y también con el mundo natural mediante experiencias guiadas junto a caballos». Ese interés por el mundo ecuestre la ha llevado también a profundizar en proyectos de rewilding que utilizan équidos para gestionar ecosistemas y reducir el riesgo de incendios mediante el control natural de la vegetación. «Parte de nuestro trabajo es aprender, pero también enseñar. Esa relación con los caballos es muy importante, y ellos son fundamentales para muchas zonas de biodiversidad».

Una filosofía personal
Hay una frase de Tomasi di Lampedusa que Victoria cita como si fuera propia: «Para que todo siga igual, todo tiene que cambiar». La aplica a la naturaleza con una lógica que, una vez escuchada, resulta difícil de rebatir. «Por eso me gusta tanto la naturaleza. Si queremos seguir disfrutando de ella y aprendiendo de ella, tenemos que cambiar nuestra forma de relacionarnos con ella».
«Para que estos paisajes, estos ecosistemas y estas especies sigan existiendo en el futuro, hemos tenido que cambiar nuestra forma de actuar. Y eso, en el fondo, es también lo que Plant-for-the-Planet lleva haciendo desde que un niño de nueve años plantó su primer árbol en un colegio de Múnich».
Para cerrar la entrevista, le preguntamos a Victoria cómo se describiría en unas palabras. Su respuesta fue clara: «Prefiero que me juzguen por lo que hago, no por lo que digo de mí misma».
