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La IA entra en el centro del debate económico y el reto ya no es adoptarla, sino saber organizarla

Una iniciativa en el Congreso de los Diputados para impulsar su adopción apunta en una dirección clara

La IA entra en el centro del debate económico y el reto ya no es adoptarla, sino saber organizarla

Un usuario emplea IA en su portátil. | Foto del Congreso de los Diputados

La inteligencia artificial ha pasado de ser una herramienta emergente a convertirse en una cuestión central en el debate económico y empresarial. La reciente iniciativa en el Congreso de los Diputados para impulsar su adopción, especialmente en las pymes, apunta en una dirección clara: la competitividad futura de las empresas dependerá de su capacidad para incorporar esta nueva tecnología.

Sin embargo, en paralelo a este impulso institucional, empieza a consolidarse una idea clave dentro del sector: el reto no es tecnológico. Es organizativo. En este sentido, Albert Pijuan, CEO de Nodus, advirtió de que «el principal error que están cometiendo muchas empresas es implantar la inteligencia artificial de forma dispersa: herramientas aisladas, automatizaciones puntuales y proyectos piloto sin conexión entre sí ni con los procesos reales del negocio. Eso genera más complejidad, más dependencia de personas clave y poca capacidad de escalar. El problema no es la IA, sino la falta de arquitectura y gobernanza para integrarla de manera coherente dentro de la organización».

Durante años, la transformación digital ha estado centrada en la optimización: ERP, CRM o soluciones cloud han mejorado procesos y eficiencia. Pero la IA introduce una nueva lógica: «La inteligencia artificial no introduce solo una mejora de eficiencia. Introduce una nueva fuente de capacidad operativa. Hasta ahora, las empresas crecían incorporando más personas, más estructura o más capas de gestión. Con la IA aparece la posibilidad de ampliar capacidad sin crecer al mismo ritmo en estructura», explica Pijuan.

Este cambio es profundo. No se trata solo de automatizar tareas, sino de redefinir cómo se construye la capacidad productiva dentro de las organizaciones. En este nuevo escenario, las empresas no competirán solo por el talento humano, sino por su capacidad de orquestar inteligencia.

Según el CEO de Nodus, este nuevo modelo implica que «empiezan a convivir personas y Digital Workers dentro de los mismos procesos. Las personas aportan criterio, decisión y visión estratégica; los Digital Workers aportan velocidad, consistencia y capacidad de ejecución».

La IA sin arquitectura

A pesar del creciente interés, muchas organizaciones se encuentran en una fase inicial y desordenada de adopción. Proyectos piloto, automatizaciones aisladas o herramientas desconectadas configuran un ecosistema fragmentado que dificulta escalar el valor de la IA.

Esta fragmentación no solo limita el impacto, sino que también puede generar riesgos: falta de gobernanza, procesos no trazables o sistemas que operan sin criterios compartidos. Por ello, cada vez más voces del sector coinciden en la necesidad de pasar de una lógica de experimentación a una lógica de estructura.

En este contexto emerge una nueva figura: los Digital Workers. No como herramientas puntuales, sino como una nueva capa de trabajo dentro de la organización. Este cambio está directamente vinculado con la redefinición del trabajo y del talento. Tal como explica Pijuan, «el debate no debería centrarse en si la IA sustituirá personas o no. Debería centrarse en cómo redistribuye el valor del trabajo. Lo que desaparece no son necesariamente empleos, sino tareas repetitivas, administrativas o de bajo valor añadido».

Esta transformación permite «liberar tiempo para que las personas puedan centrarse en actividades más estratégicas, creativas o de relación con el cliente», al tiempo que impulsa nuevos roles dentro de las organizaciones vinculados a la supervisión, la gobernanza y el diseño de procesos híbridos.

En este nuevo escenario, añade, «las empresas no competirán solo por atraer talento humano, sino por su capacidad de combinarlo con inteligencia artificial de forma eficiente».

La proposición impulsada en el Congreso pone el foco en la IA como herramienta para retener talento. Pero desde el punto de vista empresarial, el cambio es más profundo. Este enfoque se traduce en una transformación del capital humano: más peso del criterio, la decisión y la creatividad, y menos dedicación a tareas repetitivas o de bajo valor añadido. Al mismo tiempo, acelera procesos de capacitación continua, con una creciente necesidad de reskilling y upskilling en un entorno en constante evolución.

Gobernanza

Pijuan señala que «la diferencia está en que unas empresas entienden la IA como una herramienta puntual y otras la entienden como una infraestructura organizativa». Según explica, «las compañías que realmente están capturando valor no se limitan a probar chatbots o automatizaciones aisladas. Construyen una arquitectura que integra la IA dentro de los procesos reales de la empresa, con contexto, memoria, supervisión y conexión con sus sistemas existentes». Es en este punto donde aparecen los resultados tangibles: «Más capacidad operativa, menos fricción, más control y posibilidad de crecer sin multiplicar estructura».

Este modelo permite abordar algunos de los grandes retos identificados tanto por empresas como por instituciones: la falta de escalabilidad, la necesidad de gobernanza y la transformación del talento. Como concluye el CEO de Nodus, «el valor diferencial ya no estará solo en adoptar inteligencia artificial, sino en ser capaces de gobernarla con criterio, arquitectura y control empresarial».

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