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‘Prime Crime: A True Story’, ¿secuestrador chiflado o justiciero popular?

La película de Gus Van Sant, basada en un caso real, saca todo el partido a las desventuras de su protagonista

‘Prime Crime: A True Story’, ¿secuestrador chiflado o justiciero popular?

Escena de ‘Prime Crime: A True Story’. | Vertigo Films

La han comparado con Tarde de perros de Sidney Lumet, uno de los grandes clásicos de los años setenta. Como esta, Prime Crime: A True Story de Gus Van Sant recrea un caso real con toma de rehenes sucedido en esa década. La obra maestra de Lumet contaba el atraco a una oficina bancaria de Brooklyn en el verano de 1972, que derivó en circo mediático. Sus artífices fueron el chiflado John Wojtowicz (Sonny en la película, interpretado por Al Pacino on fire) y su partner in crime Salvatore Naturile (un inmenso John Cazale). El largometraje de Van Sant cuenta la historia de otro chalado, Tony Kiritsis, en Indianápolis en febrero de 1977.

El tipo (al que da vida con suma eficacia Bill Skarsgård) estaba obsesionado con que una empresa de préstamos hipotecarios le había estafado. Había acudido a ellos para comprar unos terrenos que pensaba destinar a la construcción de un centro comercial, pero su aventura empresarial terminó con una deuda monumental con los prestamistas que, según él, habían actuado de mala fe. Estaba tan indignado que un día se presentó en las oficinas con la intención de secuestrar al propietario. No lo encontró, porque se había ido de vacaciones a Florida, de modo que secuestró al hijo, que lo recibió en nombre de su padre. 

¿Prime Crime: A True Story mantiene en su estreno español el título original en inglés, como sucede con cierta frecuencia? Pues resulta que no, porque el título original es Dead Man’s Wire. Dejaremos para otra ocasión las pesquisas sobre quién ha sido el lumbreras que ha decidido cambiarlo, pero en lugar de optar por uno nuevo en castellano, lo ha sustituido por otro ¡en inglés! Menciono el título original porque hace referencia al artilugio que le coloca el secuestrador a su secuestrado. Le rodea el cuello con un cable, que sujeta al gatillo de la escopeta con la que le encañona la nuca. Es así como ambos salen de la oficina camino de la casa de Kiritsis, donde se atrincherará con su víctima durante un par de días. Si el rehén intenta escapar o algún policía se acerca más de la cuenta, le volará la cabeza con facilidad. 

Las imágenes de Kiritsis encañonando a su víctima de este modo fueron captadas por las cámaras de los reporteros y dieron vuelo mediático al caso. Al final del largometraje se muestran las filmaciones reales. En la película las graba una joven reportera negra que ve en este secuestro una oportunidad de hacer periodismo serio en lugar de las chorradas de noticias locales que suelen encargarle. El caso ganó todavía más eco mediático cuando Kiritsis exigió tener como interlocutor al locutor y DJ afroamericano de una emisora de Indianápolis, al que admiraba porque le escuchaba cada mañana (lo interpreta Colman Domingo, con radiofónica voz grave, susurrante y seductora). También pidió, antes de dar por finalizado el secuestro, poder dirigirse a la prensa nacional. Se le concedió y compitió en el prime time nada menos que con John Wayne, al que le estaban otorgando el Óscar honorífico a la misma hora. 

Puntos de coincidencia entre Prime Crime: A True Story y Tarde de perros: ambas historias criminales sucedieron en Estados Unidos en los años setenta, ambas se convirtieron en espectáculos mediáticos por la cobertura televisiva y ambas fueron protagonizadas por tipos mentalmente inestables a los que sus arengas ante las cámaras convirtieron fugazmente en héroes populares. Supuestos justicieros que plantaban cara a los poderosos; algo parecido al reciente caso de Luigi Mangione, el joven de 26 años acusado de matar a tiros en Manhattan al CEO de una aseguradora médica famosa por sus prácticas abusivas y que despertó una ola de simpatía entre los sufridos asegurados. 

Más allá de estas similitudes entre ambas películas, la presencia de Al Pacino en la de Van Sant añade un vínculo más con Tarde de perros. El papel de la estrella es aquí muy breve, pero muy potente. Interpreta —con menos histrionismo del habitual— al padre del secuestrado y propietario de la empresa hipotecaria. Desde Florida, con un teléfono de color rosa, se niega con altivez a ofrecerle al secuestrador de su hijo las disculpas que este exige. Uno de los aspectos que convirtieron a Kiritsis en un momentáneo héroe popular fue que, además de la devolución del dinero que consideraba que le habían estafado, exigía que este hombre se disculpase con él y asumiera que lo había engañado. 

La película refuerza este gesto de un hombre que lucha por su honor, que se niega a dejarse humillar por alguien más poderoso. El guion es calculadamente ambiguo para que el secuestrador despierte cierta simpatía. Hay algo un poco tramposo en esto, porque, como Kiritsis no estaba en sus cabales, no queda muy claro hasta qué punto la empresa hipotecaria había actuado con mala fe. Cuando al final aparecen las imágenes del verdadero secuestrador captadas por los reporteros de la época, vemos a un tipo con una indiscutible pinta de lunático. Y cuando se nos informa de que el secuestrado padeció después problemas de alcoholismo que lo abocaron al divorcio y la ruina, los aires de Robin Hood que le concede la película a Kiritsis se agrían. 

Prime Crime: A True Story es como una versión en miniatura de Tarde de perros. Como su protagonista actúa en solitario, le falta la compleja dinámica que se establecía en la película de Lumet entre los dos atracadores del banco, que proporcionaba grandes momentos de tensión dramática. Gus Van Sant le saca todo el partido posible a las desventuras de su protagonista y logra atrapar de forma muy convincente el tono setentero con la textura que le da a sus imágenes. 

La carrera de este director en el cine estadounidense es singular, porque ha combinado proyectos muy personales y radicales —como Mi Idaho particular o la impresionante Elephant, una lección de cine para recrear la matanza de Columbine— con películas de encargo resueltas con profesional eficacia, como El indomable Will Hunting, al servicio de Matt Damon. Prime Crime: A True Story es una de estas obras de encargo. La gran noticia es que supone su regreso a la buena forma, después de años sin dar pie con bola. 

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