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Cine

Al rescate de Gil Parrondo: una superestrella española del cine mundial

Una exposición en Madrid recupera la figura del director artístico, primer español ganador de un Oscar de Hollywood

Al rescate de Gil Parrondo: una superestrella española del cine mundial

Gil Parrondo.

Cierta tendencia española al papanatismo nos lleva a descuidar fabulosos ejemplos de excelencia más a menudo de lo deseable. Por ejemplo: ¿le suena el nombre de Gil Parrondo (Luarca 1921 – Madrid 2016)? Asturiano de pro y madrileño de adopción, solo ganó dos Oscars y cuatro Goyas, el último no hace tanto, en 2005. Lo hizo en una especialidad del audiovisual no tan reconocida por el gran público, pero fundamental para el éxito de una película o una serie de TV: el diseño y creación de los espacios en los que se desarrolla.

Afortunadamente, llega al rescate la exposición Gil Parrondo, creador de sueños. 75 años de Dirección Artística Cinematográfica, que acoge el Centro Cultural La Casa del Reloj de Arganzuela hasta el próximo 30 de junio. Los organizadores han reunido toda clase de materiales inéditos o de difícil acceso al público general, incluidas las estatuillas originales de los Oscars y Goyas, además de elementos de gran valor biográfico, como su mesa de trabajo, bocetos originales, dibujos, planos constructivos, fotografías, cuadernos de viaje o fotogramas de películas. El visitante accede así a la obra y los planteamientos estéticos del creador, pero también a una auténtica enciclopedia de cine.

Tal es la envergadura del personaje. A estas alturas, sigue siendo el único español en ganar dos Oscars consecutivos por su trabajo en Patton (1970) y en Nicolás y Alejandra (1971), ambas dirigidas por Franklin J. Schaffner, y un año después fue nominado por Viajes con mi tía, de George Cukor. Los cuatro Goyas a la Mejor Dirección Artística le llegaron más tarde, siempre de la mano de José Luis Garci: Canción de cuna (1994), You´re the one (una historia de entonces) (2000), Tiovivo c. 1950 (2004) y Ninette (2005). En total, creó las atmósferas de más de 230 películas, algunas tan conocidas como Mister Arkadin, de Orson Welles (1954), Espartaco, de Stanley Kubrick (1960), Lawrence de Arabia (1962) o Doctor Zhivago (1965), de David Lean.

Un coloso. La muestra, de entrada gratuita, está organizada por la Concejalía del distrito de Arganzuela de Madrid y Ardentía Producciones, y cuenta con el apoyo del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), la Filmoteca Española, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, la Filmoteca de Catalunya, el Principado de Asturias y la Asociación Española de Dirección Artística Audiovisual (AEDAA). Estructurada en 11 bloques temáticos que recorren los 75 años de creación artística de Gil Parrondo, culmina con la proyección de un documental con declaraciones suyas. Su trama se desarrolla a partir de 177 obras en papel y cartulina, en 90 enmarcaciones: bocetos, dibujos preparatorios y planos constructivos se mezclan con fotogramas de los decorados construidos y de escenas de película.

Los primeros expositores ilustran el viaje desde sus inicios: la casa asturiana en la que nació, sus dibujos juveniles para revistas, las fotos con su maestro Sigfrido Burman… Después van apareciendo objetos como una carta de nominación al Oscar, otra con la invitación para convertirse en el primer español miembro de la Academia de Hollywood, el guion de Patton o las fotos con los más grandes cineastas del amplio arco profesional que vivió. En el expositor central brillan sus reconocimientos: las ya mencionadas estatuillas están acompañadas por las medallas de oro de las Bellas Artes (1983) y de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España (1994), así como la Gran Cruz de la Orden Alfonso X el Sabio. A su alrededor se despliegan fotos de localizaciones para diversas películas, un valioso dibujo de Orson Welles para Mr. Arkadin, una foto dedicada de Nicholas Ray del rodaje de Rey de Reyes (1960), retratos con Antonio Mercero, Juan Antonio Bardem, Antonio Giménez-Rico o José Luis Garci, documentos de su trabajo con David Lean, fotos con su familia…

Los dos Oscars y cuatro Goyas ganados por el asturiano.

Historia del cine

En estas últimas aparece el alma de la muestra, Ima Parrondo, hija del protagonista. En la presentación, introdujo a tres heraldos del poderío del homenaje: Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España; Koldo Vallés, presidente de la Asociación Española de Dirección Artística Audiovisual, y Óscar Sempere, comisario de la exposición y colaborador de Gil Parrondo. Este último recordó el prólogo de esta historia: «Surge a partir de una conversación con Gil hace muchos años. Hablamos de cine, de decorados, de dibujos, de bocetos, y coincidimos en que la labor del director artístico está siempre en segundo plano: se recuerdan los directores, los actores, incluso la música, pero la labor de la persona que diseña, genera y crea los espacios donde se desarrollan las películas nunca es reconocida. Le propuse hacer una exposición a partir de sus dibujos, y empezamos a trabajar allá por 2012».

En 2019, ya fallecido Parrondo, se organizó en Gijón la exposición La magia de lo efímero, pero el concepto ha terminado de redondearse en estos dos últimos años. El pasado junio, el Ayuntamiento de Valdés inauguró la muestra Gil Parrondo: de Luarca a Hollywood en la Casa de las Artes y las Ciencias de la villa asturiana, con una colección de carácter permanente, y ahora llega a Madrid este Gil Parrondo, creador de sueños. Sempere destaca los «más de 200 bocetos y dibujos originales de Gil. De hecho, la exposición arranca con el primer boceto que hizo en el año 40, para Dolores, de Florián Rey, con su maestro Sheepfield O’Burman, y termina en 2016, el año del fallecimiento, con La piel fría, de Xavier Gens. En medio, 75 años de la vida laboral de Gil, que atraviesa prácticamente todo el cine del siglo XX con grandes directores y en grandes películas icónicas».

El visitante puede, además, jugar a encontrar entre todo el material gráfico lo que Sempere denomina «la firma de Gil: como todos los decoradores, tenía siempre sus muebles preferidos y, si podía, los metía en las películas. Son tres o cuatro: una consola, un juguetero, un mueble alto…» Más evidente resulta la firma cromática, que colorea los paneles en un ejercicio de coherencia narrativa: «Usaba muchísimo un verde gris que él llamaba el color apaciguador, el color donde todo ocurría bien. Y aún hablamos del color Gil Parrondo con los pintores, constructores, ayudantes…»

Llega a la conversación Ima Parrondo, que hace un aparte con Fernando Méndez-Leite. Le recuerda lo «feliz que hizo a su padre rodar con él La regenta, como buen asturiano que era». Se multiplican las anécdotas significativas y entrañables, magníficamente contadas por un narrador nato que se descubre ante el icono: «Como muy bien dice Félix Murcia, otro gran director artístico, Gil Parrondo es el gran referente de la profesión de diseño de producción, de dirección artística, en el cine español, pero también en el cine internacional, porque su carrera se desarrolló mucho con las grandes producciones internacionales que se rodaban en España en los años 60 y 70».

Inventiva

Pero la faceta personal termina imponiéndose: «A él le gustaba que le llamaran decorador, y sobre todo era una persona muy especial, un hombre muy carismático, muy simpático y sencillo: no se daba nunca importancia, pero lo sabía todo. Y extraordinariamente vocacional, no solo de su trabajo de dirección artística, sino en general del cine. Era un cinéfilo desde pequeño. Se enamoró del cine que vio en los años 30, de las películas de Greta Garbo, su gran mito, de los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers. Además, empezó a trabajar enseguida. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando durante la guerra, pero justo cuando acabó, ya entró como ayudante de decoración».

Sigue un extraordinario repaso a la larguísima lista de películas y personas que configuran el retrato profesional del genio. Méndez-Leite demuestra una memoria descomunal hasta que vuelve a detenerse en la persona. «Gil era un artista, muy creativo; en cualquier sitio al que llegáramos empezaba en seguida a inventar. Pero también muy profesional: un solucionador». Ilustra su pragmatismo con el rodaje de La regenta, «que se hizo con un presupuesto ajustadísimo, fue un poco heroico hacerla», y cuenta un episodio que trasciende al cine: «Aunque la historia se desarrolla en Asturias, el productor quería que trabajáramos lo más posible en Madrid, pero nos quedaba la secuencia, muy importante desde el punto de vista de la dramaturgia, de la tormenta en el bosque. Unos días antes de terminar lo que estábamos haciendo en la finca del marqués de Griñón en San Martín de la Iglesia, el productor me dijo que teníamos que hacerla allí. Yo estaba desesperado. No había manera, imposible: eran diez metros cuadrados para hacer una secuencia complicadísima. Entonces llegó Gil. Muy tranquilo, me llevó a un rincón con cuatro matas y me dijo: ‘Olvídate de los planos generales. Con una buena planificación, tú esto lo vas a saber hacer aquí. Me convenció y… oye, es una de las mejores secuencias».

Un tipo especial, Gil Parrondo. «Yo pensaba que se iba a retirar después de La regenta, pero siguió trabajando. Era fuerte, lo recuerdo capaz de subir y bajar montañas». Poco antes, Koldo Vallés había mencionado que la clave de esa longevidad estaba en que Parrondo era feliz trabajando. Méndez-Leite aprovecha para deshacerse en elogios hacia Vallés, al que considera sucesor de Parrondo, tras ser su ayudante un cuarto de siglo. «Prácticamente hasta que falleció», explica el propio Vallés ante el núcleo sentimental de la muestra: su humilde mesa de trabajo, trasladada tal cual, con el desorden creativo de los genios, enfrentada a un panel con una gran fotografía de su dueño, que parece aún sentado a los mandos de su universo de lápiz y papel.

Época mágica

«Ahí, en un metro cuadrado, con esas pocas cosas que hay encima —un lápiz, una goma, un tablero, una escuadra…—, hacía una superproducción…» La sencillez del maestro le inspira a Vallés una interesante reflexión sobre los cambios fundamentales que la inteligencia artificial está introduciendo en la profesión. Él sigue necesitando el lápiz y el papel: «Me considero muy afortunado por hacer arte con las manos. Luego que venga la IA y me lo replique, me lo mueva, me lo desarrolle o lo que quiera, pero la creatividad inicial todavía la consigo yo como una persona: tu primera impresión no es matemática. Quiero pensar emocionalmente lo que me transmite un guion».

Esa necesidad artística no la transmite la IA, sino alguien como Gil Parrondo. «Tenía una gran formación en arquitectura, ingeniería y bellas artes, perfecta para nuestra profesión. Pero era también un amante de la literatura, por ejemplo: iba más allá». Después, supo aprovechar una muy buena ola, «porque estaba preparado para, con veintipocos años, estar ya trabajando en los grandes estudios españoles de la época, la CEA y Chamartín. Diez años más tarde empezaron a venir las producciones americanas y supieron reconocer su talento». Una época «mágica, única», que no va a volver: «Hay que empezar a pensar de otra manera, necesitamos otro Gil Parrondo».

Al salir de la exposición, el visitante puede entretenerse con otro juego: resumir todo lo visto en una «esencia Gil Parrondo» e ir al cine en busca del sucesor…

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