El déficit comercial de España con China se ha duplicado desde 2018
Sánchez ha apostado por el choque con EEUU y un acercamiento a Pekín reflejado en inversiones e importaciones

Pedro Sánchez con Xi Jinping en abril del año pasado en Pekín. | Moncloa
España contrajo un déficit comercial con China de 32.242 millones de euros en 2025, según la estadística difundida este viernes por Eurostat. Aunque este dato infravalora el desequilibrio en el comercio entre ambos países con respecto a las cifras recopiladas por el Ministerio de Economía —que lo elevan 10.000 millones—, la serie publicada por la institución europea permite observar cómo esta diferencia entre lo importado y lo exportado con el gigante asiático casi se ha duplicado desde 2018, con un crecimiento del 98%.
En el último año, las importaciones de empresas españolas a proveedores chinos ascendieron a 40.214 millones de euros, mientras que España solo consiguió vender 7.972 millones a este mercado. En comparación, en 2018 la principal economía exportadora del mundo colocó en nuestro país productos y servicios por valor de 22.579 millones, mientras que solo importó lo equivalente a 6.277 millones, resultando en una balanza negativa de 16.301 millones. En este periodo, tanto la exportación como la importación se han disparado, pero de una forma mucho más ventajosa para Pekín.
Comparándola con la relación con Estados Unidos, España tiene un déficit comercial significativo —pero inferior al asiático— con el titán americano: 13.458 millones al año, según los datos del Ministerio, a pesar de haberse disparado este parámetro un 34% en el último año, principalmente como consecuencia de los aranceles impuestos por Washington. Aunque las exportaciones a EEUU superan con creces las destinadas a China, el Gobierno da un peso creciente al Reino del centro en su estrategia de comercio en paralelo al acercamiento diplomático con Pekín, mientras que el presidente Pedro Sánchez ha optado por confrontar con su homólogo Donald Trump.
Pekín anunció el pasado jueves una nueva estrategia comercial que sitúa a España como socio prioritario. El programa del Ministerio de Comercio del país asiático promete fomentar la entrada de productos extranjeros en su mercado, iniciativa que presuntamente también beneficiaría a naciones como Reino Unido, Kazajistán, Kenia o Tailandia. Previamente, la prensa afín al régimen comunista ya aplaudió la «pragmática» relación económica con nuestro país, donde se han cuadruplicado las inversiones de origen chino en solo un año.
Sánchez emprendió este viernes su cuarto viaje oficial a China, en el que se tiene previsto reunirse con el presidente Xi Jinping y con las principales autoridades políticas del país, pocos días después del alto el fuego en la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán. El viaje, planeado desde hace meses, tendrá como foco principal la economía y supone, según Bloomberg, un intento del presidente del Gobierno de conseguir de Pekín inversiones y un acuerdo de transferencia tecnológica.
Por su parte, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se ha mostrado crítico con esta mirada del Gobierno hacia Oriente y afirmó este viernes que hay socios a quienes «inquieta que España haya abandonado» a sus aliados occidentales con nuevas alianzas tecnológicas que contradicen lo acordado por la UE. «El PP no cometerá este error. La Unión Europea no es solo una moneda, un mercado o un pasaporte; es un compromiso que se respeta a las duras y a las maduras. Como me dijo un primer ministro, cuando uno abandona su país, se convierte en un traidor a Europa», manifestó el dirigente popular.
En el mismo encuentro, el European Pulse Forum 2026 celebrado en Barcelona, el comisionado europeo de Mercado Interior y Servicios de la Unión Europea (UE), Stéphane Séjourné, se mostró partidario de «hablar con China» desde un modelo específicamente europeo de libertad económica, marcando perfil propio frente al estadounidense y al asiático, defendiendo el «ADN abierto y de libertad» del Viejo Continente. En cuanto a la industria, pidió unificar la política europea para asegurar el consumo interno y mejorar la «seguridad económica» del bloque comunitario.
