Un economista israelí alerta del riesgo de desabastecimiento de combustible en España
Esteban Klor analiza las consecuencias de la guerra de Irán para TO y advierte de que acercarse a China es un error

Un vehículo reposta combustible en una gasolinera en una imagen de archivo. | Reuters
La guerra de Irán tendrá un impacto duradero en el mercado energético y en otros sectores que genera riesgo de una recesión global y de desabastecimiento de combustible en España. Estos son algunos de los escenarios que contempla Esteban Klor, profesor de Economía de la Universidad Hebrea de Jerusalén, director del Foro Pinhas Sapit de Política Económica e investigador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, el Centro de Investigación de Política Económica de Londres y el Instituto de Conflicto y Cooperación Global de la Universidad de California. El experto en economía y seguridad en Oriente Medio ha analizado para THE OBJECTIVE las consecuencias económicas del conflicto regional, la evolución del equilibrio geopolítico mundial, el acercamiento estratégico europeo a China por los aranceles de Trump y las convulsas relaciones diplomáticas entre España e Israel.
«La situación es complicada, de mucha incertidumbre. Hay mucha desconfianza entre los actores que están participando en esta guerra: Irán, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita, los Emiratos, Qatar, etcétera, y creo que se va a mantener a largo plazo en cierta manera, lo que va a complicar un poco más la situación, no solamente en el Medio Oriente, sino también a nivel mundial», augura el doctor en Economía por la Universidad de Nueva York. Advierte que la subida del precio del petróleo y del gas «va a afectar mucho a Europa» y a países asiáticos como India, China o Corea del Sur, en la medida en que por el estrecho de Ormuz «pasa el 20% de la energía que el mundo consume».
De hecho, recuerda que «España no consume petróleo iraní, pero tampoco produce su propia fuente energética», de modo que «se compra petróleo de otro lado; el precio mundial del petróleo va a subir, y eso obviamente también va a afectar a España». «Europa está muy perjudicada porque tiene una dependencia energética muy grande», observa Klor, y añade que el principal beneficiado a corto plazo «va a ser Rusia, que es exportadora de estos productos y necesita desesperadamente más fondos para continuar su guerra con Ucrania». Donald Trump lo entiende, pero «Rusia de por sí está muy diezmada a partir del comienzo de la guerra con Ucrania; entonces, Estados Unidos no ve a Rusia una amenaza tan grande como China y por eso está haciendo este movimiento».
En cuanto al riesgo de desabastecimiento en las gasolineras, Klor manifiesta que «eso puede ocurrir» en algún momento, con el argumento de que «de por sí, ya después de 40 días de guerra, vemos que la guerra va a tener un impacto a largo plazo en los mercados energéticos, porque muchos países que son productores de energía fueron damnificados directamente». «La producción fue damnificada por la guerra y, por otro lado, también el hecho de no poder exportar libremente como lo venían haciendo», ya que estos países «se quedaron con problemas, porque tienen contenedores donde podían guardar el petróleo producido, pero esos contenedores se han llenado. Entonces, tienen que bajar la producción, lo que hace que eso tenga un efecto a largo plazo, porque una vez que bajas la producción, no es inmediato volver a la producción anterior».
Además, «la tecnología que se usa para producir petróleo es una tecnología que, una vez que está afectado el nivel diario de barriles que se producen, tiene un efecto a largo plazo». Por ello, «si la guerra terminara hoy, el impacto no desaparecería inmediatamente, pero la guerra ni siquiera terminó». El economista no ve una fácil solución a este conflicto a nivel político regional. «No veo que el régimen iraní esté dispuesto a dar las concesiones que Estados Unidos está demandando», señala, y añade: «Este conflicto entre estas dos partes se puede mantener por un largo plazo». Y es que, según su análisis, Trump buscaba un cambio de régimen similar al que logró en Venezuela, pero tras matar al ayatolá supremo y herir y eliminar de la escena pública a su hijo y sucesor, «los líderes más radicales son los que han asumido poder en Irán y hay menos tendencias a favor de un arreglo negociado». «Son figuras militares las que están en cierta forma representando a Irán y decidiendo qué políticas adoptar durante la guerra».
El especialista alerta de que el impacto económico de la guerra no se limitará al precio del barril, sino que generará «presiones inflacionarias», se contagiará a otros productos «y eso puede llevar también a una recesión global», que «sería un problema grande» al combinarse la crisis con la escalada de precios. Todo dependerá de la evolución de la incierta situación en Ormuz. El hecho de que los mercados bursátiles no hayan sufrido un mayor sobresalto lo atribuye a que los responsables de la Administración Trump «están tratando de manipular la reacción de los mercados» con el contenido y el momento de los mensajes que trasladan y «aumentaron la oferta de petróleo al resto del mundo para tratar también de disminuir el impacto de la guerra en el precio del petróleo».
Klor interpreta lo que está sucediendo como «un reflejo de una lucha de poder entre Estados Unidos y China», ya que «Irán es uno de los mayores mercados de exportación de China a precios relativamente bajos». «Puede ser que Estados Unidos logre sacar a Irán de la órbita China, pero a un precio muy alto que va también a perjudicar a todos los actores», explica. Estamos todos esperando para ver cuál va a ser el próximo movimiento chino. Por ejemplo, Taiwán y otros países de Asia. ¿Hasta qué punto China va a tratar de aplicar políticas militares similares en los países que están cerca de ella misma?», se pregunta. El economista entiende que «hay mucha desilusión en Europa con las políticas de Trump y de Estados Unidos en este momento», pero cree que «acercarse mucho a China también es muy arriesgado, porque las políticas chinas tienden más al beneficio propio de China a expensas del resto de los países. Yo me pensaría dos veces si esa sería una estrategia conveniente para Europa en general o si Europa puede tratar de buscar otro camino para fortalecer la Unión Europea como un bloque más importante, y tratar de ser un poco menos dependiente de otra potencia mundial y ser un tercer actor en esta lucha de poderes».
Sus exhaustivos estudios sobre cómo el conflicto de Gaza se ha enquistado en el tiempo, sumiendo a los dos bandos en una lógica de disuasión que los lleva a un «equilibrio» de violencia, lo llevan a pensar que esta situación se va a reproducir en el conflicto actual con Israel, Irán, Estados Unidos y los países del Golfo, de una forma también similar a la observada entre Rusia y Ucrania. «Y es un equilibrio preocupante porque se mantiene la incertidumbre a largo plazo. Los conflictos no se resuelven, pero se mantienen a un bajo nivel de violencia. Eventualmente hay una erupción y después volvemos a niveles bajos de violencia sin resolver el conflicto». En este contexto, vaticina que «vamos a pasar a un nuevo mundo donde va a haber más fragmentación y menos globalización», puesto que «los países van a aumentar el gasto de seguridad, el gasto militar, tanto en Europa como en Estados Unidos como en el Medio Oriente y en el resto de las regiones del mundo, y eso también va a llevar a más inestabilidad y menos progreso económico».
En el caso de Israel, cuantifica el coste de la guerra en un 10% del producto interior bruto, en parte por la movilización de más de 150.000 reservistas, especialmente en Líbano, que dejan de producir en sus puestos habituales. «Casi la mitad del coste de la guerra con Irán es un coste en la pérdida de producción; la otra mitad es el coste militar directo». Asimismo, subraya que este gasto adicional se ha financiado básicamente a través de un endeudamiento, de modo que «la deuda pública subió de un 60% del PBI a un 70% del PBI en tres años». Aunque es una cifra más reducida que la española, la prima de riesgo del país hebreo supera la de España, Francia y Alemania; es decir, los mercados le exigen el pago de mayores intereses y, además, necesita unos niveles más reducidos para tener la flexibilidad de lanzar rápidamente emisiones nuevas cuando irrumpe un conflicto dada la inestabilidad de la región.
Además de las víctimas humanas y el coste económico, otro aspecto que ha resultado dañado en el conflicto han sido las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Netanyahu y Sánchez, que muestran «posiciones antagónicas», un problema que «también existe con el resto de la Unión Europea, excepto con Hungría, y que ahora también hay que ver qué pasa» tras la derrota de Orbán en las urnas. El académico considera que las elecciones en su país, previstas para el próximo mes de octubre, podrían traer «un nuevo Gobierno y políticas un poco distintas» a las actuales, lo que podría conllevar «un acercamiento a la UE y España». Es consciente de que «va a llevar muchísimos años» recuperar las relaciones existentes antes del conflicto, pero se muestra esperanzado: «Creo que lentamente podemos mejorar la situación y las relaciones entre los dos países».
