El informe que desarma el milagro económico: España crea empleo pero sin productividad
El Consejo de Productividad alerta de la elevada dependencia de la inmigración y una renta per cápita alejada de Europa

Yolanda Díaz y Carlos Cuerpo.
El «milagro económico» que reivindican Pedro Sánchez y su Gobierno pierde fuerza al analizarse lo que hay detrás del crecimiento de la economía. El I Informe Anual del Consejo de la Productividad de España, organismo autónomo impulsado por el Ejecutivo a instancias de Bruselas, concluye que la expansión de la economía española durante las últimas décadas se ha sostenido principalmente sobre el aumento del empleo y de la población, mientras que las mejoras de productividad continúan muy por debajo de las principales economías europeas.
El diagnóstico del nuevo organismo desmonta una parte esencial del relato económico del Ejecutivo, según el informe analizado por THE OBJECTIVE: España crece, pero lo hace sobre todo incorporando más trabajadores, no produciendo más con los mismos recursos. El informe calcula que entre 1996 y 2024 el 62% del crecimiento del PIB per cápita procedió del aumento del empleo y factores demográficos, mientras que solo el 38% estuvo vinculado a avances de productividad. El patrón de crecimiento español aparece así mucho más ligado al tamaño de la fuerza laboral que a mejoras estructurales de eficiencia.
Aunque el Consejo de la Productividad de España evita el enfoque político sobre el fenómeno migratorio, su informe deja claro que el aumento de población activa ha sido uno de los grandes soportes del crecimiento económico español en un contexto de envejecimiento acelerado. Las propias proyecciones demográficas del documento muestran que la ratio entre ocupados y población total podría caer desde el 46,5% actual hasta el 41% en 2050 si no se producen mejoras relevantes en empleo y productividad. Incluso con tasas próximas al pleno empleo, la pérdida de peso de la población trabajadora limitaría el crecimiento futuro.
Empleo y productividad
El problema que identifica el Consejo es que España sigue mostrando una productividad históricamente débil. La productividad por hora trabajada apenas avanzó un 0,6% anual entre 1996 y 2019, prácticamente la mitad que la media de la UE-27, situada en el 1,1%. Alemania registró un crecimiento del 1% y Francia del 0,8% en ese mismo periodo. El organismo subraya expresamente que España figura entre las economías europeas en las que la desaceleración de la productividad ha sido más intensa durante las últimas décadas.
El informe advierte de que buena parte de los aumentos de productividad registrados durante la recesión respondieron a un fenómeno coyuntural: la destrucción masiva de empleo. Cuando desaparecen cientos de miles de puestos de trabajo de baja productividad, especialmente en construcción y servicios, el promedio mejora artificialmente. El Consejo subraya que ese comportamiento contracíclico fue especialmente intenso en España y no obedeció a un gran salto tecnológico o empresarial.
El organismo sí detecta una mejora reciente entre 2022 y 2025. La productividad por hora trabajada crece alrededor del 1% anual, aproximadamente el doble que entre 2014 y 2019. A diferencia de otras etapas, este avance coincide además con una fuerte creación de empleo. Sin embargo, el propio Consejo considera que el repunte todavía resulta insuficiente para compensar el deterioro acumulado durante décadas y que tampoco garantiza el crecimiento futuro del Estado del bienestar.
Envejecimiento y gasto social
Según recoge el informe, España necesitaría aumentos de productividad de entre el 1,6% y el 2,5% anual hasta 2050 para sostener ritmos de crecimiento compatibles con el envejecimiento de la población y el aumento del gasto social. Sin embargo, el escenario actual está lejos de esos niveles.
El documento atribuye buena parte de esa debilidad a problemas estructurales. El primero afecta a la inversión. España dedica menos recursos a inversión productiva que las principales economías europeas y el informe detecta una atonía de la inversión privada pese al despliegue masivo de fondos europeos. El Consejo llega incluso a sugerir que el diseño y la gobernanza del programa Next Generation EU no han generado el efecto tractor esperado sobre el tejido empresarial.
La segunda gran debilidad está relacionada con el tamaño y la estructura de las empresas españolas. El informe describe una economía dominada por microempresas con escasa capacidad de crecimiento y limitada incorporación tecnológica. Las empresas sobreviven, pero aumentan poco en tamaño y productividad. El organismo también alerta de que las compañías más innovadoras encuentran dificultades para acceder a financiación y consolidarse.
Regulación sobre la competitividad
El Consejo dedica además un capítulo completo al impacto de la regulación sobre la competitividad. El diagnóstico vuelve a ser muy crítico con la fragmentación normativa y las barreras administrativas. El informe sostiene que la burocracia, la dispersión regulatoria entre administraciones y las trabas de acceso a determinados sectores reducen la capacidad de crecimiento empresarial y frenan la eficiencia económica. El documento menciona problemas en gobernanza regulatoria, obstáculos en sectores de servicios y dificultades derivadas de la interacción entre distintos niveles administrativos.
El resultado final es un contexto mucho menos sólido de la economía española que el proyectado por el discurso político. España crea empleo, atrae inmigración y mantiene tasas elevadas de crecimiento agregado, pero sigue mostrando una renta per cápita inferior a la de las grandes economías europeas y una productividad estructuralmente débil. El propio Consejo de Productividad admite que el crecimiento futuro dependerá cada vez menos de incorporar más trabajadores y cada vez más de producir mejor.
