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Ferran Caballero

Rufián y la prensa: un poquito de por favor

«Que la respuesta de la prensa no sea la de devolver el ataque sino lamentar el tono y pedir protección y respeto explica muy a las claras por qué estos políticos son al mismo tiempo tan cobardes y tan desvergonzados con los medios»

Opinión
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Rufián y la prensa: un poquito de por favor

Kiko Huesca | EFE

Para posicionarse en todas las polémicas que hay (¡y las que habrá!) para frenar a la extrema derecha mediática basta con que en lugar de pensar que habría que hacer para frenar el ascenso de Hitler al poder nos limitamos a ver qué hacen nuestros políticos con la excusa de todas las excusas. Basta ver con qué ligera frialdad se usa desde los más altos poderes el victimismo frente a la hostilidad de una prensa que es un becario con un portátil cuando no se limita a transcribir el sermón del día o no se tira por el suelo como si en vez de los pasillos del Congreso fuese la fogata de unos campamentos de verano. Qué pasa, digamos, cuando hace algo parecido a su trabajo y no participa de este plan de desprestigio lento y constante de desprestigio de todas y cada una de las instituciones de la democracia.

Yo he visto por ejemplo un vídeo que se promocionaba como una lección de libertad y periodismo en el que Rufián se niega a responder a una pregunta muy simple, muy directa, muy protocolaria diría yo, que le dirige un joven periodista de un medio que ni conocía entonces ni recuerdo ahora. Y Rufián le decía algo así como que ellos, entiendo que en plural mayestático, no participan de burbujas mediáticas de la ultraderecha. La supuesta lección venía cuando el periodista le pide muy amablemente que no falte, que no califique ni descalifique, que él sólo ha hecho una pregunta. Pero yo, que tengo una visión muy romántica del periodismo y muy pesimista sobre la naturaleza humana, creo que discutir con quinquis o intentar educarlos es inútil y embrutece y que el trabajo del periodista es otro y que allí ya estaba hecho. Que lo que tocaba ahora era levantarse, sine ira et studio, e irse para casa o para la redacción o donde sea y escribir una crónica pulcra y limpia y con la mala leche que yo no tengo pero que supongo tendrá un burbujo mediático de la ultraderecha explicando que Rufián no responde e insulta y sonríe por lo bajini porque, básicamente, no da para más.

Ya digo que yo no soy periodista y que no entiendo, pero en el tonito de Rufián y en la pedagogía del joven periodista, sin duda bienintencionado, veo todo lo que está mal en esta polémica fundamental sobre la separación de poderes. Es algo que ya habíamos visto cuando Cayetana Álvarez de Toledo osó criticar a LaSexta y salieron todos los periodistas que ahora callan y todos los partidos que ahora ni firman ni protestan para decir que así no y que un poquito de por favor que la separación de poderes y tal. Pero si la separación de poderes no es choque de poderes, entonces en connivencia o mamoneo. Si todos estos partidos se atreven a firmar este manifiesto de cobardes es porque deben de estar muy mal acostumbrados. Y eso es especialmente lamentable y especialmente preocupante después del año y medio que llevamos.

Si lo que tanto molesta a nuestros políticos son preguntas como estas, leccioncillas bienintencionadas como estas, intercambios de silencios y reproches velados como estos, entonces es que tampoco la prensa ha estado a la altura. Que la respuesta de la prensa ahora como ayer no sea la de devolver el ataque sino lamentar el tono y pedir protección y respeto y un poquito más de dinero y un poquito más de por favor es algo que explica muy a las claras por qué estos políticos son al mismo tiempo tan cobardes y tan desvergonzados en su trato con los medios.

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