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Teodoro León Gross

ETA, un blanqueo sin su Núremberg

«Zapatero ya regaló a Otegi la categoría de hombre de paz; para Sánchez es además un hombre de Estado»

Opinión
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ETA, un blanqueo sin su Núremberg

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi. | Europa Press

Maite Pagazaurtundúa, a un año de que se cumplan 20 del asesinato de su hermano Joseba, ha vuelto a recordar que «ETA no ha tenido su Núremberg». Léase, un verdadero juicio a la cúpula, altos funcionarios y colaboradores del terror. Joseba era militante socialista, partido que acaba de presentar una Proposición No de Ley para la declaración como lugar de la memoria de los escenarios de La Desbandá, la huida de republicanos de Málaga hacia Almería bajo despiadado fuego enemigo en febrero de 1937. Sin duda, esa carretera –los «200 kilómetros de miseria» que describió Norman Bethune– es un lugar de la memoria, pero sorprende que quienes hacen estas demandas recurrentes se pongan de perfil con la memoria del terror en Euskadi bajo los crímenes de ETA.

No es la primera vez que Maite Pagaza formula esta idea de que «necesitamos los juicios de lesa humanidad contra ETA que van a ser nuestros juicios de Núremberg». Lejos de eso, Bildu acaba de incorporar a su dirección al último jefe militar de ETA, David Pla, para contribuir a la «liberación nacional».  Y el Gobierno actual mantiene la estrategia de incorporar con Bildu como parte de su mayoría de la legislaura. Zapatero ya regaló a Otegi la categoría de hombre de paz; y para Sánchez no sólo es un hombre de paz, sino además un hombre de Estado.

Pablo Iglesias, indisimulado líder de Podemos desde los micrófonos para ensanchar el juego por las bandas sin el encorsetamiento del poder, pactó con el PSOE que Bildu, como ERC, formara parte del bloque de la mayoría. Y el PSOE ha interiorizado tanto la vergüenza, que realmente lleva mal tener no tenerlos a su lado. Lastra sostenía, tras pactar la reforma laboral con otros grupos, que «nos quedan dos años para seguir gobernando este país, y lo vamos a hacer con nuestros socios de siempre». No solo Yolanda Díaz llevaba como un sambenito tener que sumar con Ciudadanos. Mucho mejor con Bildu, claro.

La aritmética parlamentaria ha acelerado un proceso de blanqueo que ya se había iniciado antes, y esto supone un desdibujamiento sistemático de ETA, obviando las deudas de reparación pendientes. Esa coreografía ha tenido gestos incomprensibles. Maite Pagaza lo resumía bien: «Lo que siguen haciendo Otegi y los suyos resulta humillante para millones de ciudadanos que no pueden dar crédito a que comprar una respetabilidad impostada sea tan fácil. Es el momento de reclamar los mínimos éticos que no han cumplido todavía». A Bildu la respetabilidad le está saliendo realmente muy barata.

En esas palabras, por demás, late una idea importante: ella no quiere un relato, sino hechos. O sea, no pide un ejercicio de memoria, donde se repartan etiquetas retóricas, sino de justicia , donde se persiga la verdad. Léase hacer Historia, no Memoria. De ésta, conviene advertirlo, muchas veces hay que saber huir porque «un exceso de memoria puede ser una injusticia con el presente», como escribe David Rieff en su Elogio del olvido. Sobre todo en la medida en que la rememoración va perdiendo exactitud para ganar emocionalidad. Contra el buen negocio de la industria de la memoria –cono la denominaba Pierre Nora, enfatizando su espectacularización– debe quedar la pulsión por los hechos.

Es lógico que no se detenga el ejercicio de reparación de lo sucedido en la guerra civil, sin perder la perspectiva de que el objetivo es la reparación, y no reabrir heridas y fomentar la inquina, como tienta a los aprendices de brujo que han querido reinventar incluso la Ley de Amnistía. Como ha apuntado Andrés Trapiello, los líderes de la Transición, de Carrillo a Fraga, sabían que los historiadores completarían su trabajo, pero entretanto era mejor olvidarse de la memoria para que el tiempo hiciera su parte en aras de la convivencia. Algunos prefieren reabrir especulando incluso con cálculos electorales. Pero su impostura se siluetea, con precisión detestable, cuando después reclaman cerrar las heridas sobre ETA exigiendo el olvido con tacticismo oportunista. No habrá ningún Núremberg para ETA. La mayoría de la legislatura es, notoriamente, una mayoría de blanqueo.

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