THE OBJECTIVE
Francesc de Carreras

La Unión Europea, ¿en decadencia?

«Repensar Europa significa fijar sus límites antes de forzar ampliaciones. Resolver la guerra de Ucrania debe estar en el centro de todas sus preocupaciones»

Opinión
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La Unión Europea, ¿en decadencia?

Ilustración de Alejandra Svriz.

Sólo faltaba el criminal ataque de Hamás para añadir más leña al fuego. El mundo pasa por momentos difíciles: las acciones bélicas se incrementan, las tramas del narcotráfico dominan muchos gobiernos, la guerra de Ucrania parece no tener fin, las fuentes de energía y las rutas comerciales son un foco incesante de conflictos, el terrorismo ha vuelto a su principal escenario desde hace decenas de años, a Palestina y a Israel. Como telón de fondo, la sigilosa pugna por la supremacía económica y tecnológica entre Estados Unidos y China. 

¿Y Europa?, se preguntarán ustedes. La Unión Europea es una mera espectadora, a pesar de ser víctima no tiene influencia, carece de competencias en política internacional y en defensa. Ciertamente, ha vivido cómodamente sin necesidad de gasto militar, también le ha beneficiado el gas barato que importaba de Rusia y otros países, asiáticos o mediterráneos. 

Pero me temo que estas ventajas están llegando a su fin, ya es adulta y se le acaba el tiempo en que el papá (EEUU) se hacía cargo de sus dispendios. La UE no tiene ni fuentes de energía, ni  minerales, ni metales; ha quedado muy rezagada en la revolución digital y es dependiente del exterior en sectores como los microchips, la inteligencia artificial, las biotecnologías y la tecnología cuántica. El balneario europeo está en decadencia, como Baden-Baden o Marienbad en los años treinta del siglo pasado, sin enterarse de lo que le está sucediendo. 

Esta debilidad la hemos visto con claridad meridiana en la guerra de Ucrania. Dejando aparte a los ucranianos y a los rusos, la principal víctima de esta guerra es la UE, en concreto Alemania, y sin embargo las autoridades de Bruselas no hacen esfuerzo alguno para intentar detener el enfrentamiento bélico, sólo tiene como objetivo final la victoria de una de las partes, sin darse cuenta que las consecuencias de esta política pueden afectar seriamente a la solidez estructural de la misma Unión.  

«Se ha ido reforzando la unidad, pero hay que alertar sobre los peligros de su descomposición»

Esta inconsciencia puede poner en peligro aquella gran esperanza que empezó con la CECA en 1951, después cogió cuerpo con el Tratado de Roma en 1957 (CEE) y, de forma lenta pero segura, ha llegado a Maastricht (UE), a reforzar el Banco Central Europeo y el euro, al Tratado de Lisboa (cuasi federal) y al reforzamiento de los mecanismos financieros en las dos crisis económicas más recientes. Se ha ido reforzando la unidad, sin duda alguna, pero hay que alertar sobre los peligros de su descomposición.

En efecto, la guerra de Ucrania ha marcado un antes y un después. La prosperidad y el bienestar europeo tenían una base que se está derrumbando: la energía barata. Ella permitía a Alemania -y a los países centrales- una producción industrial exportadora que le hacía ocupar un lugar en el mundo. La destrucción -de autor incierto pero atribuida a EEUU (o la OTAN, o Ucrania), da igual- de los gaseoductos y oleoductos Stream 1 y Stream 2, ha sido un golpe decisivo y simbólico a la economía alemana y a la de los países de su entorno, pero con repercusiones en toda la Unión. En Alemania y en Centroeuropa se vive peor que hace 20 años o, en todo caso, el crecimiento no ha aumentado. 

Este malestar económico y social es el caldo de cultivo del crecimiento de los partidos nacionalistas de derechas que, entre otras características, son obviamente euroescépticos, persiguen una vuelta a la soberanía de los Estados en perjuicio de la Unión. Polonia, Hungría, ahora Italia, más recientemente Eslovaquia y buena parte de los pequeños Estados bálticos, a los que se puede añadir Francia si gana la señora Le Pen, están fuertemente influidos por este populismo nacionalista que se alimenta de los problemas que crea la inmigración, especialmente musulmana, y atribuye el malestar a las políticas de Bruselas. 

Ello puede acentuarse en el Estado clave: Alemania. Las cifras de la economía señalan que la decadencia alemana en los últimos años está creciendo, el déficit comercial se ha duplicado en cinco años. Al mismo tiempo, no es casual que Alternativa para Alemania (AfD),  partido creado en 2013, esté hoy está situado como segundo partido en los sondeos y que ha alcanzado esta posición, tras los democristianos, en las recientes elecciones regionales de Baviera (Múnich) y Hesse (Francfort), dos de los más importantes länders alemanes. 

«El AfD es un partido nacionalista en ideología y, en consecuencia, contrario a la consolidación de la UE»

El AfD no es un partido neonazi, como se dice, pero sí un partido conservador en costumbres, liberal en economía, nacionalista en ideología y, a consecuencia de esto último, contrario a la consolidación de la UE y partidario de suprimir el euro y retornar al marco. 

No sería de extrañar, más aún por la debilidad del Gobierno federal tripartito del canciller socialdemócrata Scholz, que en las próximas elecciones federales parte del voto democristiano se decante por la AfD o, casi con seguridad, que si cae el Gobierno federal se produzca una coalición entre la CDU-CSU y esta derecha nacionalista

En cualquiera de estos dos casos, tras el Brexit, y el auge de los demás partidos euroescépticos, la debilidad de la UE aumentaría y probablemente se produciría un paso atrás en la unidad europea. Porque muchos alemanes que recuerdan cómo vivían cómodamente y esperaban que esta situación siguiera en el futuro, atribuyen esta decadencia a la guerra de Ucrania que le ha privado de esta energía barata que tanto les beneficiaba. 

Todo esto son conjeturas de futuro, ojalá la situación cambie. Pero para ello debe rectificarse la actitud ante la guerra y volver a los viejos tiempos tan antiguos, los tiempos de Willy Brandt, de apertura hacia el Este. Repensar qué debe ser Europa significa fijar sus límites de futuro antes de forzar ampliaciones a petición de parte que pueden debilitarla aún más. Resolver la guerra de Ucrania debe estar en el centro de todas estas preocupaciones.

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