The Objective
Marcos Ondarra

El sistema crea antisistemas

«Los jóvenes son antisistema por culpa del sistema. Un sistema que les ha condenado a la miseria, y que, además, les señala vilmente cuando se rebelan»

Opinión
El sistema crea antisistemas

Ilustración generada mediante IA.

Uno de cada tres jóvenes, el 32%, considera que «si no se pagara ningún impuesto, viviríamos todos mejor». La encuesta del Instituto de Estudios Fiscales (IEF) me llamó la atención por su sesgo —cualquiera convendría en que se pueden pagar menos impuestos y optimizarlos mejor, y sin embargo esa opción no se ofrecía como para caricaturizar a los jóvenes— y por las lecturas que generó en los politólogos del sistema: «Está guay que los gilipollas se numeren»; «Dos de cada tres menores no son gilipollas»; «Es el resultado de tener todas las redes sociales inundadas de mensajes antiimpuestos»; etc.

Resulta que hay jóvenes que han entrado al mercado laboral con una preparación sin precedentes para cobrar salarios indecentes, que se han dado de bruces con el empeoramiento generalizado de servicios públicos, con la subida de las cotizaciones y la progresividad en frío, pero que si no creen en las bondades del actual sistema impositivo es por culpa de TikTok, de las fake news y de la madre que parió a Paneque, que dice siempre mi querido Eurico Campano en La Retaguardia.

Contra lecturas cínicas, que calman las conciencias y permiten a los políticos lavarse las manos, la politóloga Estefanía Molina se ha tomado la molestia de indagar en las causas, sin prejuicios ni dogmas preestablecidos, en Los hijos de los boomers, un ensayo en el que arguye que el Estado del bienestar que funcionó en España durante el boom económico, y que permitió el ascenso de la clase media, se ha roto.

Molina señala con valentía y tino el estancamiento de la productividad, el envejecimiento demográfico y, sobre todo, las decisiones políticas de los gobiernos del bipartidismo, que han priorizado preservar el statu quo de los boomers —especialmente en pensiones y prestaciones— a costa de las generaciones más jóvenes (millennials, centennials y posteriores). Esto ha generado una frustración masiva, resentimiento y una deriva antisistema, que lleva a los chavales a Vox o directamente a una tercera vía, con un rechazo cada vez mayor al sistema democrático.

La realidad cada vez es más evidente, esto es, que se manifiesta con claridad a la inteligencia: los jóvenes son antisistema por culpa del sistema. Un sistema que les ha condenado a la miseria, a no poder emanciparse, a depender de sus padres hoy y del Estado mañana, y que, además, les señala vilmente cuando se rebelan.

Tomen como ejemplo La Sexta Xplica, un programa de esos en el que tertulianos analfabetos, sin oficio ni beneficio, se recrean en sus disparates y tildan de «bulo de ultraderecha» cualquier dato que contravenga su relato. El otro día, Jon Echeverría, un joven de Nuevas Generaciones del PP, fue a sostener, con datos en la mano, que todas las rentas que hoy pagan IRPF abonan más en términos reales (ajustado a la inflación) que en 2019. Los expertos (sic) salieron en tromba a descalificar al joven en un ejercicio de gaslighting y matonismo obsceno, y tuvieron que ser las redes sociales, ese nido de odio y fake news, las que tuvieron que refutar a la televisión del Régimen, una vez más.

Lejos de tratarse de una anécdota, es como el sistema trata a los jóvenes desafectos: los llaman «fachavales», «consentidos», «generación de cristal»… En definitiva, se culpa a la víctima en lugar de reconocer el fallo estructural, lo que aumenta el problema que se pretende combatir, pues cada vez que se les humilla colectivamente por su desconfianza, se alimenta precisamente el resentimiento y la deriva antisistema.

Urge entender que su desconfianza no es un capricho ni una carencia de valores, sino la respuesta racional y previsible a la ruptura del contrato social, que les prometía el oro y el moro si se esforzaban y sólo les dio lo segundo. Los jóvenes saben que no van a cobrar las pensiones, al menos no en las mismas condiciones, porque el Estado prioriza electoralmente las prestaciones de los mayores a costa de su futuro. Su cabreo no es resentimiento, es aritmética y experiencia vital.

Piénsenlo así: a los jóvenes les han subido el tipo medio efectivo del IRPF más de un 30% desde 2019, gozan de los peores servicios públicos de la democracia, de un futuro sin pensiones, y tienen que aguantar a Charo Chárez en prime time abroncándoles porque «los impuestos salvan vidas», estando el accidente de Adamuz aún en la retina colectiva. ¿Que son antisistema? Finjan sorpresa e indignación.

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