The Objective
Antonio Agredano

El que pueda trincar, que trinque

«El Gobierno de Sánchez ha sido un campo fértil para la corrupción, para el saqueo y para el pelotazo. El dinero fluía. No había control, ni decoro, ni llamadas al despacho»

Opinión
El que pueda trincar, que trinque

Ilustración de Alejandra Svriz

¿Quién va a pedir perdón a Felipe González? Resulta que el sanchismo se está forrando y el malo era Felipe González. El traidor es el más leal al PSOE y el que más firmemente ha defendido los valores de la rosa. Sus pétalos de sangre y compromiso. Señalado por este socialismo parvulario, González siempre ha dicho lo mismo: «Yo no me he movido, los que se han movido han sido ellos».

La caída de José Luis Rodríguez Zapatero es un clavo más en los empeines llagados de Pedro Sánchez. Su cruz es el poder y la impecable labor de los jueces su lanza de Longinos. No es un sumatorio de casos aislados. El Gobierno de Sánchez ha sido un campo fértil para la corrupción, para el saqueo y para el pelotazo. José Luis Ábalos y Santos Cerdán. La sumisión de la Fiscalía General. Hermanos músicos, diputaciones extremeñas y másteres fantasmagóricos. El dinero fluía. No había control, ni decoro, ni llamadas al despacho. El que pueda trincar, que trinque.

Cuando a un autónomo le cuesta salir de la cama por las mañanas, piensa en noticias como la de Zapatero para encontrar la fuerza que le falta y lanzarse a su interminable jornada laboral con entusiasmo y con más ganas. De lo gótico no se vive, así que hay que arrimar a las hijas de ZP. También a las novias de Ábalos, financiar las visitas a El Corte Inglés de la esposa de Santos y darle un empujoncito a la ópera en la provincia de Badajoz. Ya iré ahorrando para llevar a mis niños al parque Warner, pero lo primero es lo primero.

De toda esta delincuencia, de todo este expolio al Estado, lo que más me sorprende es la blandura de la militancia socialista, activistas ciegos, insultadores profesionales, habitantes de un Good Bye, Lenin emocional, donde el Gran Wyoming sigue haciendo humor contra José María Aznar y la TVE, también pagada por nosotros, se dedica a aguar los escándalos y magnificar los escandalitos ajenos. Les falta decir: «Zapatero siempre saludaba en el portal».

Y también me inquieta el camino que ha elegido la ciudadanía desencantada, la que ha capitalizado su indignación apoyando a partidos populistas, simplistas y horteras. Ya nadie quiere gestión y aburrimiento. Ya todo el mundo está en el octógono. Apoyando a nacionalistas melifluos y a minorías engoriladas. Los caminos del hastío son inescrutables. Ojalá se acaben el tardeo, las gyozas y las cervezas belgas y vuelvan los afters y las litronas al sol.

«Con Zapatero se va definitivamente una España que muchos sintieron de progreso»

Hace tiempo que perdí la esperanza. Escucho las tertulias políticas y suenan como una sinfonía de vasos rotos y revólveres. Como un saloon almeriense. Con Zapatero se va definitivamente una España que muchos sintieron de progreso. Pienso en la monacal paciencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, pienso en la desesperación didáctica de Pedro Solbes. Y pienso en Felipe González.

Mi abuelo Antonio tenía una foto suya en el mueble bar del comedor. Aquel país le dio seguridad y esperanza. Dejó el campo, se fue a la ciudad, encontró trabajo, un piso, un barrio precioso, partidas de dominó y tres hijos que encaraban también su futuro. Era niño cuando la guerra. Sintió la pérdida y el dolor y la escasez. Y el miedo, porque los frentes estaban cerca, y era una jungla de olivos y de romero.

Nunca me habló de aquello. Al contrario que ahora, que quien más lejos tiene aquel dolor, más enseña sus invisibles heridas. El PSOE acabó con esa oscuridad y llevó a España a otro lugar. Un lugar mejor. Y aunque toda bondad es finita, aunque todo éxito se marchita, no puedo olvidar aquella foto, ni aquel orgullo de pertenencia a un país que funcionaba.

Sumarse a la turba nunca es un acto de valentía. Es un músculo bovino que algunos ejercitan a diario. El verdadero coraje está en caminar solo, como ha hecho González, contra un partido que ni él, ni ya casi nadie, reconoce. «Yo no hago lobby en la UE, como Zapatero, a favor de violadores de derechos humanos», dijo en una entrevista en ABC en 2024. El desplome de la ceja se había anunciado ya.

Al sanchismo le espera un año oscuro, su propio Silent Hill, un reinado de sombras. Como los puestos y los cargos van menguando por los últimos descalabros electorales, empezaremos a ver una ética de hienas. Los últimos sanchistas se darán bocados en las tibias unos a otros. Hasta que el PSOE colapse y venga un nuevo salvador, un congreso redentor, y todos se mirarán con ojos lechosos, como si la vida fuera un lugar nuevo, como un reborn, como si no hubieran permitido ellos, precisamente ellos, con su silencio, con sus lapidaciones, con sus justificaciones pueriles, el mayor robo a la ciudadanía que hemos vivido en democracia.

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