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Un año de la retirada de Afganistán

La 'número dos' en Kabul carga contra el embajador español: «El plan jamás se ejecutó»

La diplomática lamenta en su libro que se cambiase el plan de evacuación en el último momento y critica la forma de vestir de Gabriel Ferrán

La 'número dos' en Kabul carga contra el embajador español: «El plan jamás se ejecutó»

Felipe VI y Pedro Sánchez reciben a Gabriel Ferrán y Paula Sánchez tras la evacuación de Kabul. | EFE

La diplomática Paula Sánchez, quien fuera la ‘número dos’ en la embajada española en Afganistán hace un año, carga en su próximo libro 55 días en Kabul (Ed. Destino) contra su superior en el momento de la evacuación, Gabriel Ferrán, por no dar luz verde al plan de evacuación que la legación había diseñado en caso de crisis. Incluso, la autora critica cómo vestía el embajador en su destino afgano.

Ferrán ha enviado el borrador del libro a la cúpula del Ministerio de Asuntos Exteriores en un correo electrónico, en el que pide que se inste a la autora a eliminar las partes más controvertidas del mismo antes de su publicación por ser un «riesgo para la Administración española». En concreto, por relatar «con pelos y señales» una serie de datos sensibles sobre la salida de Afganistán, tal y como reveló THE OBJECTIVE este jueves.

En la extensa misiva, Ferrán copia algunos de los párrafos de la autora que, a su juicio, son falsos o despectivos hacia su persona. Por ejemplo, Sánchez desvela que el personal diplomático de Noruega y Dinamarca abandonó Afganistán «contra su criterio» antes de la llegada de los talibanes por orden de sus respectivas capitales. Luego, algunos de ellos regresaron a Kabul para el delicado momento de la evacuación de civiles desde el aeropuerto, sin que trascendiese que ambos países nórdicos habían ordenado previamente el cierre de sus embajadas. «Un golpe de suerte» para Oslo y Copenhague, en su opinión, ya que si se hubiera hecho público el cierre, «habrían lanzado un mensaje de sumisión ante la amenaza talibán».

«Lo atribuí, por descarte, a un soplo de inteligencia», desliza la diplomática sobre aquel operativo danés y noruego que ensalza a renglón seguido: «Siempre pensé, no sin cierto amargo, que ellos tuvieron acceso a mejor inteligencia que la nuestra. Ojalá hubiéramos planeado mejor, como seguro que ellos hicieron. No fue así», se lamenta Sánchez.

La orden era quedarse en Kabul

Esos detalles son desmentidos por Ferrán en la carta remitida a sus superiores en Exteriores. «Si no cerramos antes no fue por falta de un ‘soplo de inteligencia’, ni porque planificásemos peor que otros, sino porque la política del Gobierno, lo debería saber la autora, era la de evacuar a todos aquellos afganos que habían servido a nuestro país y se encontraban por ello en riesgo. (…) Y para eso, era necesario permanecer in situ mientras fuese posible», subraya el que fuera embajador en Kabul en aquellos días.

«Evacuamos al mismo tiempo que la mayoría de los países, incluido Estados Unidos, que en Kabul tenía todos los soplos de inteligencia habidos y por haber. El que uno o dos países lo hiciesen antes», dice Ferrán refiriéndose a Dinamarca y Noruega, «por la puerta de atrás y les saliese gratis, lo que por lo visto a la secretaria de embajada (Paula Sánchez) le parece el colmo del buen hacer, no es ningún motivo para haber actuado de manera distinta a como lo hicimos».

El exembajador también critica que su subordinada en Kabul detalle el Plan de Emergencia y Concentración que la embajada fue actualizando a medida que los talibanes iban haciéndose con las principales provincias del país. Dicho plan definía tres escenarios de gravedad. En el mayor se identificaba «un punto de concentración de la colonia española, que no se les revelaría hasta el último momento para evitar difusión del punto neurálgico del plan y salvar el emplazamiento de ser un objetivo terrorista».

Una vez reagrupados todos, «se facilitaría su desplazamiento hacia la única vía accesible de salida de Kabul: el aeropuerto de HKIA», señala la autora utilizando este acrónimo para identificar la base afgana desde la que salieron los aviones. «Este plan jamás se ejecutó», revela Sánchez en su libro. «Entre los desencadenantes que el Plan de Emergencia y Concentración tasaba, se hallaban la violencia armada, los desórdenes públicos, el corte de vías de entrada y salida de Kabul, el bloqueo de suministros, las caídas de las telecomunicaciones, entre otros. Nada de eso ocurrió», se lamenta la diplomática.

Ese relato enerva, de nuevo, a Ferrán. En su correo electrónico reconoce que el plan se preparó en mayo, tres meses antes de la caída de Kabul, y supuso «un esfuerzo notable, (…) pero lo que no podía hacer el plan era prever el futuro y menos en Kabul». De ahí que la evacuación se llevase a cabo al final con el apoyo de la embajada de EEUU.

«No solo España, sino ningún otro país en Kabul, tenía capacidad en esos momentos de actuar de modo autónomo», subraya Ferrán. «El lanzar pullas contra el Plan de Emergencia y Concentración de este Ministerio en un texto que al parecer tiene vocación de ser publicado, resulta un ejercicio gratuito de frivolidad que contribuye a descalificar, sin motivo aparente alguno, los instrumentos de acción de nuestro departamento», asevera.

Paula Sánchez y Gabriel Ferrán
Paula Sánchez (izq) y Gabriel Ferrán (dch). | Fotos: EP y RRSS

Sánchez también critica que el embajador aprovechase el sábado 14 de agosto de hace un año para «cuestiones prosaicas» como organizar la mudanza ya que había sido cesado unos días antes, pero Ferrán replica que en realidad fue el día 10 cuando ella no estaba en Kabul. La diplomática se queja, a continuación, de que apenas iba a pasar tiempo como encargada de negocios al frente de la embajada entre la salida de Ferrán el 17 de agosto y la llegada de su sucesor, Ricardo Losa, poco después.

«No obstante, la situación de inseguridad se había estimado tan sensible que Servicios Centrales (del Ministerio de Asuntos Exteriores) había dado indicaciones de que casi se produjese un solapamiento. Este procedimiento era completamente inhabitual», reconoce la diplomática. Finalmente, no se llegó a producir el relevo ya que José Manuel Albares ordenó a Ferrán que se quedase en Kabul hasta que concluyese la evacuación de españoles y afganos.

Ferrán «era por naturaleza conservador»

Por último, la ex número dos de la embajada vierte críticas contra el propio Ferrán. Sobre todo, por su forma de vestir o sus gustos con el café. «Me introdujeron en (la) Residencia. El embajador ya está adentro, chaleco enfundado, tranquilo, con un traje de chaqueta azul marino y su corbata, elegantísimo. Fue ahí cuando me di cuenta de que mi predecesor era por naturaleza conservador», deja caer en un momento dado.

En otro lance del libro, relata un encuentro del embajador español con su homólogo de la UE. «Fiel a sus costumbres, (Ferrán) encadenó un par de cafés con leche. También fiel a sus costumbres, vestía un polo con pantalones chinos, como solía hacer cuando no llevaba traje de chaqueta, que era su uniforme impecable para acudir a trabajar a la embajada».

El embajador aludido lamenta los «escarceos literarios» de su antigua subordinada y señala en su carta a la cúpula de Exteriores que es «absolutamente descorazonador» ver cómo una diplomática, de las promociones más recientes, «no pueda sustraerse a la tentación de reproducir los tópicos más rancios sobre nuestra carrera (diplomática) y que tanto nos perjudican como colectivo».

«¿Qué opinión crees que le merecería a la superioridad de este Ministerio (…) si un jefe de misión se dedicase a ponderar la elegancia de la vestimenta, por otro lado fuera de toda duda, de las directoras generales que nombra el titular del departamento (Albares)?», le inquiere en su carta al subsecretario de Exteriores, Luis Cuesta, a modo de conclusión.

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