The Objective
El tablero inclinado

No murió ningún perro

El apagón y el accidente ferroviario se han saldado con cero manifestaciones masivas; con la abulia de los españoles

En días como hoy conviene recordar que España se manifestó por un perro. Corría 2014, gobernaba Mariano Rajoy, y miles de personas salieron a las calles a mostrar su indignación y a pedir dimisiones por el sacrificio de Excálibur, un can que había sido contagiado de ébola. Digo que en días como hoy conviene recordarlo porque se cumple un año del gran apagón, uno de esos bulos de ultraderecha que jamás iba a suceder, pero que sucedió, y se cobró, según cifras oficiales, entre cinco y ocho vidas humanas, aunque el exceso de mortalidad de los tres días posteriores fue de 147 muertes.

El destino, caprichoso, ha querido que la efeméride coincida con la revelación de las imágenes de un tren de Adamuz, que refuerzan la hipótesis de la rotura del carril debido a su mal mantenimiento. Estos dos hechos, el apagón y el accidente ferroviario —que se cobró 46 vidas—, se han saldado con cero dimisiones y, sobre todo, con cero manifestaciones masivas. Con la abulia de los españoles, en definitiva. Al fin y al cabo, no murió ningún perro. Circulen.

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