The Objective
El purgatorio

César Calderón: «Sánchez está buscando un cisne negro para poder convocar elecciones»

El analista repasa en 'El purgatorio' las claves de la comunicación de masas y la trastienda oculta del marketing político

César Calderón es uno de los analistas políticos y consultores de comunicación más reconocidos del panorama español. Además de colaborar en THE OBJECTIVE, asesora a instituciones, empresas y líderes en la gestión de la comunicación. Desde Redlines, su firma, especializada en análisis y asuntos públicos, impulsa proyectos que combinan inteligencia política, tecnología y narrativa para anticipar tendencias y facilitar la toma de decisiones. En esta entrevista de El purgatorio, desvela qué hay en esa trastienda: cómo se fabrica un líder, el uso del miedo frente a la esperanza en la política actual y los secretos de las campañas electorales que han cambiado la historia.

PREGUNTA.- César Calderón, ¿cómo está? Bienvenido a El purgatorio.

RESPUESTA.- Muchas gracias, un placer estar aquí.

P.- El placer es que se pase por aquí presentando su nuevo libro, ¿Cómo ganar unas elecciones?

R.- Soy responsable del contenido, no del título. Eso lo eligió la editorial. Quizá sí del subtítulo: 11 campañas electorales que han transformado, que han revolucionado la comunicación política. Eso sí es mío, pero el título de autoayuda fue decisión de ellos.

P.- ¿Y por qué 11, no 10 o 12? ¿Eso también es suyo?

R.- Fueron las primeras que se me ocurrieron. No hay ningún tipo de fetichismo con el número 11, se lo aseguro; tengo otras parafilias.

P.- Una persona que se mide todos los días con candidatos que son clientes y conoce bien al personaje político. Cuando un candidato, un político o un cliente le dice: «Yo esto lo hago porque es mi pasión y lo quiero hacer para ayudar al pueblo». ¿Le recomienda un psicólogo o le sube la factura?

R.- Existen muchos más de los que creemos. Lo primero que queremos saber de un candidato es por qué quiere ser alcalde o presidente, así que le pedimos que nos lo explique en un minuto. Hemos tenido desde experiencias marcianas con candidatos que hablaron una hora sin decir nada, hasta otros que realmente creen en lo que hacen y que tienen un proyecto real para su ciudad, su comunidad autónoma o su país. Son más de los que pensábamos.

P.- El prólogo del libro es de Ignacio Varela. ¿Cuál es la mayor lección de la vieja guardia en comparación con la que se queda con esta campaña permanente de TikTok?

R.- Varela es el gran maestro. Trabajando con y contra él se aprende muchísimo. La gran lección es entender el verdadero papel del consultor: el que ocupa el espacio público del cliente no está haciendo bien su trabajo. Las herramientas evolucionan, pero el concepto sigue siendo el mismo: el consultor debe ayudar al cliente a cumplir sus objetivos. En el momento en que tiene más proyección pública que el candidato, le está robando y no está haciendo su trabajo como es debido.

«La gente solamente se va a comprometer con la política cuando en este país se deje de hacer política a la contra, basada en el odio, en el miedo y en el agravio»

P.- Me pareció muy curiosa la parte de agradecimientos del libro; hay un montón. ¿Se hacen buenos amigos en la política?

R.- En política quizá no tanto, pero cuando haces una campaña electoral se generan unos lazos absolutamente indelebles. En los agradecimientos hay políticos, consultores —argentinos, chilenos, españoles, de todo tipo…— y a la mayoría los considero buenos amigos.

P.- Hay mucho que no vemos detrás de una campaña.

R.- Casi todo se queda oculto. Solo se muestra lo público lo que queremos que se vea y lo que se debe ver. Esto es como la fabricación de salchichas: mucha gente no querría saber cuál es todo el proceso antes de comérselas.

P.- A mí me pasa con los palitos de pescado.

R.- Es horroroso. Todo el proceso que hay detrás de una campaña, desde la investigación sociológica hasta la presentación del candidato, incluye una cantidad enorme de elementos que no tienen ningún interés para el ciudadano que va a las urnas.

P.- Haciendo una balanza entre lo que no se ve y el que se presenta a las urnas. ¿Qué pesa más, la genialidad de uno o la imagen del otro?

R.- Una campaña electoral no es un campeonato de genialidades, es un proceso tasado que te da un resultado. La creatividad es el último paso de un trabajo de equipo que lleva al candidato a su mejor versión. Cuando alguien dice que ha ganado solo su campaña, es importante matizarlo, porque la campaña nunca es del consultor, siempre es del candidato y de su partido, y jamás es un ejercicio de onanismo individual. Una campaña tiene un enorme equipo técnico y político detrás que tiene tanta importancia como la cabeza y el candidato.

«Felipe González representó a la perfección ese paso al color, y de ese hito nace la forma moderna de hacer campañas electorales en España»

P.- En el libro habla de estas 11 campañas electorales que han revolucionado la política a lo largo de estos años. Entre ellas hay una muy interesante: la de Felipe González en 1982, Por el cambio. ¿Qué la hace tan llamativa?

R.- Que no fue una campaña, fue una barrida absoluta. El PSOE competía contra sí mismo y su único límite era no meter la pata demasiado. No había nada en torno al Partido Socialista, pero a pesar de eso fue probablemente una de las mejores campañas —si no la mejor— que se hayan hecho en este país. Desde la concepción del lema, desde los colores hasta los vídeos. Los vídeos se han quedado pasados, pero en su momento apostaban por una idea de apertura, de modernidad, creando una España que se quería abrir al exterior y que quería olvidarse del blanco y negro. Y Felipe González era su avatar. Él también había pasado del blanco y negro de la anterior campaña al color de esta. Toda la consultoría política española, todo este negocio y toda esta profesión nacen entonces; Por el cambio es el germen de la forma moderna de hacer campañas electorales en España.

P.- ¿Cree que con una campaña parecida o la misma, a día de hoy, sería capaz algún partido político de llegar a una mayoría…?

R.- Para nada. La alegría, la emoción y las masas de gente participando en esa campaña son materialmente imposibles a día de hoy.

«Detrás de una campaña electoral casi todo se queda oculto. Solo se muestra lo público, lo que queremos que se vea y lo que se debe ver».

P.- En el libro dice que en el 82 fue clave gestionar la esperanza para poder alcanzar al votante que le brindó aquellas mayorías absolutas a un partido político.

R.- ¡202 diputados! ¿Usted se imagina lo que es eso? ¿Un solo partido?

P.- Es una locura. Claro, meter a 202 diputados de un mismo partido a llevar un país también es complicado.

R.- Efectivamente. Además, gestionar la esperanza es importante. Uno de los riesgos de una campaña de este tipo es no prometer demasiadas cosas. Al llegar al Gobierno, de haber prometido demasiado y no cumplir con la palabra, eso va a generar frustración, y de la frustración deviene la melancolía.

César Calderón. | Carmen Suárez

P.- Me recuerda a algo que vivimos, ¿no?

R.- Sí, algo hemos vivido de eso.

P.- ¿Por qué la política actual ha sustituido la esperanza por la gestión del miedo? ¿Por qué el miedo?

R.- El miedo, el odio y el agravio son las emociones que más movilizan. Ahora, Occidente está sufriendo una profunda crisis de identidad y hay varias maneras de enfocarla. La más sencilla es el populismo: culpar a los de fuera. Son las campañas electorales que hemos visto con Bolsonaro, Trump, Vox u Orbán, y son muy fáciles de armar, porque son sentimientos muy sencillos de cultivar en el ser humano.

P.- ¿Cree que Vox no tiene una sustancia real detrás?

R.- Supongo que sí, porque si no, no sacarían tan buenos resultados. Yo creo que para hacer el análisis correcto, no solo de Vox, sino de todos los movimientos nacional-populistas y de ultraderecha que están creciendo en el mundo, hay que ir al porqué detrás del crecimiento de estos partidos. Crecen porque hay una parte de la población que se siente cada vez más alejada de la clase política o de las políticas democráticas, ¡y eso es un verdadero problema! Nosotros, los consultores políticos, trabajamos cuando las democracias son competitivas. Nuestro oficio tiene sentido al trabajar para partidos que hagan los sistemas competitivos. En los sistemas políticos autoritarios, un consultor político tiene un papel mucho menor.

«Yo tengo dos límites: nunca trabajaría para un partido populista de extrema izquierda ni para un partido populista de extrema derecha como Vox»

P.- ¿Le plantearía una campaña a Vox?

R.- ¿Yo? No. Todos debemos tener nuestros límites y yo no trabajaría nunca para un partido nacional-populista porque creo que su modelo de Estado y de democracia no es el más sano para nuestro país, ni por supuesto el que yo voy a defender. Yo tengo dos límites: nunca trabajaría para un partido populista de extrema izquierda ni para un partido populista de extrema derecha. Creo que los partidos de Estado, los que defienden la democracia liberal, son aquellos para los que yo trabajaría cómodamente. Un consultor puede trabajar para un partido con el que no coincide plenamente, pero no puede trabajar con uno del que no se cree nada ni confía en él. En mi caso, el límite son los nacional-populismos, insisto, de extrema izquierda y de extrema derecha.

P.- ¿Y qué opinión tiene de la gente que sí lo haría?

R.- Cada uno con su negocio. Creo que no es bueno, pero entiendo que la cuenta de resultados al final influye mucho en muchas consultoras.

«Si el CIS fuera cierto y el PSOE creyera que es verdad, hoy mismo estarían convocadas las elecciones»

P.- ¿Y este nacional-populismo cree que terminará instaurándose en el Gobierno de este país?

R.- No como primera fuerza, pero parece bastante claro que, si siguen las cosas como van —si no cae un meteorito o tenemos una invasión alienígena, que no lo descartemos—, vamos a ir a un Gobierno del Partido Popular con Vox.

P.- Es que se están desclasificando todos estos archivos.

R.- Sí, puede que estén aquí ya, con nosotros. Mi impresión es que va a haber un cambio de Gobierno, algo que creo que es sano para una democracia. Veremos si nuestro partido nacional-populista patrio forma parte de ese Gobierno o se queda en el exterior. Lo que estamos viendo en Europa desde hace bastantes años llama bastante la atención. Cuando un partido de la derecha clásica ha hecho sitio en el gobierno a un partido nacional-populista —y hablo de Austria o de Italia—, finalmente el partido nacional-populista se ha comido al de la derecha clásica; no en dos años ni en cinco, pero sí probablemente en diez. Por eso creo que para el Partido Popular es muy peligroso hacer sitio a Vox en su Gobierno.

P.- ¿Qué tiene el PSOE de antes que no tiene el de ahora?

R.- Organicidad, cuadros, debate interno… Muchas cosas. El PSOE actual poco tiene que ver con el que ganó en el 82 y transformó este país, de la misma forma que la sociedad actual se parece poco a la de entonces. Aquel partido respondía a las necesidades de su época; ya veremos si el actual logra lo mismo. De momento han estado gobernando y veremos el resultado.

César Calderón. | Carmen Suárez

P.- ¿Qué estrategia necesitaría Pedro Sánchez ahora mismo para ganar las próximas elecciones dados los escándalos que cercan a su partido?

R.- Una: construir un relato que unifique a PP y Vox en un mismo bloque y, a través del miedo a esa extrema derecha, movilizar a sus abstencionistas. Pero no es complicado, es prácticamente imposible. De la misma forma que el PSOE blanqueó a Bildu, en los últimos años el PP ha logrado normalizar a Vox gobernando con ellos en muchas instituciones, por lo que hoy muy poca gente le tiene miedo. La única oportunidad del Partido Socialista, no ya para gobernar, sino para salvar los muebles en las urnas, es movilizar a su electorado en base al miedo a la extrema derecha.

P.- ¿Ve imposible reeditar un Gobierno de izquierdas tras las próximas elecciones?

R.- Muy complicado. Nosotros hacemos aquí, para THE OBJECTIVE, una media ponderada de todas las encuestas, el Votómetro, y le da aproximadamente un 93% de probabilidades a un Gobierno del Partido Popular con Vox y un 0,8% de probabilidades a un Gobierno de izquierda con todos los apéndices nacionalistas e independentistas.

P.- Vámonos con otra de las grandes campañas que aborda en este libro: It’s Morning Again in America. ¿Es el anuncio electoral más perfecto de la historia de la publicidad?

R.- Sí, creo que la segunda campaña de Reagan es uno de los mejores ejemplos de comunicación política que existen. Tiene varios anuncios paradigmáticos. El primero es It’s Morning Again in America. Y no tiene ni una sola promesa política, es todo emociones. Tras un período muy gris en Estados Unidos —Nixon, Vietnam, la crisis del petróleo…—, reaparece un antiguo actor que promete en un vídeo que se van a levantar por la mañana y van a estar tranquilos, que sus hijos se van a poder casar y que la vivienda será accesible. Vendió tranquilidad a las clases medias con un formato completamente revolucionario. Su oponente, Walter Mondale, era un gran candidato que cometió el error de decir la verdad: prometió en un debate que aumentaría los impuestos. Evidentemente, si le dices al americano medio que le vas a subir los impuestos tras una crisis, por muy sincero que seas, no ganas esa elección.

«El gran competidor del Partido Popular ya no es el Partido Socialista, es Vox. Están compitiendo por un mismo espacio político y Vox, con perdón, no es de fiar»

P.- Es curioso que esa imagen del optimismo americano funcione también allí y aquí fracase.

R.- No del todo. Son culturas políticas diferentes, pero en este país ha habido campañas optimistas, como la del propio PSOE en el 82 o la primera de Rajoy. Eran propuestas optimistas que apelaban a votar a favor de algo, no en contra de alguien. En Francia, la primera de Mitterrand también fue una gigantesca campaña en positivo; llamaban a la gente con esperanza, no con miedo.

P.- Quizás hay que ser más artista que político muchas veces.

R.- Para esto hay que tener sensibilidad con lo que está pasando, aunque también te la dan la experiencia y los datos. Quienes trabajamos en esto tenemos una visión mucho más cercana de la realidad del país y de cómo afecta a cada segmento social, con lo cual aplicar sensibilidad viene con el territorio.

P.- ¿Sería posible hacer una campaña de unificación cuando la mitad de la población a día de hoy está en un extremo y la otra en otro?

R.- No, es imposible. Una buena campaña arranca leyendo con seriedad qué pasa en el país. Los 15 días de campaña pueden variar ligeramente el voto, pero lo más importante es todo lo que pasa antes y cómo llegas ahí. Esa lectura social es la que marca el tono y el ritmo. Es verdad que ahora Europa está profundamente enajenada, porque mucha gente se siente muy alejada de partidos que no cumplen promesas y de Gobiernos que no están a la altura. La pregunta no es por qué la gente está cabreada, sino por qué lo está tan poco.

P.- Hombre, yo creo, César, que como haya un poco más de cabreo, esto ya explota.

R.- Un poco más de cabreo, la gota que colme el vaso, le vendrá muy bien a los partidos nacional-populistas y muy mal a los que están peleando por la democracia liberal. Porque, al final, esos partidos defienden el balance de poderes y la participación ciudadana; es decir, por democracias sanas y ordenadas. Esos partidos tienen que preguntarse qué pueden hacer para que la gente viva un poco mejor, cosa que muchas veces se olvidan de tener en mente.

«Trump es la peor noticia para el mundo; es un tipo que cree que en política se puede manejar exactamente igual que mercadeando un terreno en Queens»

P.- En el libro no solo hablas de democracias, también hablas de dictaduras y de campañas que han podido tirarlas abajo, que eso ya es la medalla de oro a una campaña electoral. Sobre todo la del arcoíris: Pinochet.

R.- Eso es un campañón magistral. Pinochet preguntó a los ciudadanos en un plebiscito si querían que siguiera como presidente, pero con partidos y con elecciones. Él hizo la pregunta de tal manera que la opción que le beneficiaba a él era el sí y la que beneficiaba a los partidos democráticos era el no. La oposición democrática convirtió el no en una fiesta. El director Pablo Larraín —hermano de Hernán Larraín hijo, gestor de campaña del primer Gobierno de Sebastián Piñera— revisa muy bien el Chile que construyó un no festivo que superó las barreras de la dictadura y destronó a los partidos del entorno del dictador.

P.- Dentro del capítulo de Pinochet, hablas de lo de la trampa perfecta, lo que comenta sobre la Constitución chilena de 1980 como la obra más ambiciosa de la ingeniería política de Pinochet.

R.- Pinochet intentó, si no ampliar su Gobierno, sí tutelar el paso a la democracia, y montó un plebiscito en el cual la oposición quedaba reducida a defender el no. Si la oposición hablaba de la represión, de los desaparecidos, de los muertos…, entraba en el marco del miedo: la trampa perfecta. El problema de Chile era un miedo atroz, porque te secuestraban o incluso te mataban por tus ideas políticas, bien de izquierda, centro o derecha democrática. La brillantez de la campaña fue descubrir ese marco. En lugar de centrarse en el dolor, pusieron a unos tipos bailando sobre un puente con un arcoíris; esa fue la lectura social correcta. Además, pude trabajar con gente que trabajó en esa campaña y eran personas increíblemente agudas.

César Calderón. | Carmen Suárez

P.- Yo tenía una profesora de filosofía que me decía que los políticos duermen con El príncipe de Maquiavelo en la mesilla de noche, ¿es cierto?

R.- Mentira, porque la mayoría no lo han leído. ¡Ojalá! Aunque es verdad que hay políticos con una gigantesca cultura, yo no sé si duermen con Maquiavelo a mano. Con una recortada debajo de la almohada, seguro que más de uno.

P.- Vámonos a Venezuela. En el libro hablas con la autoridad de quien ha estado en el barro, en Venezuela, elecciones parlamentarias de 2015. ¿Cómo se diseña una campaña cuando el Gobierno controla el censo, los medios y la policía?

R.- Con mucho cuidado y tiento y con gente que sabes que se va a jugar el tipo. Como extranjero es difícil que te pase algo, pero la gente local se la jugó. Fue la primera gran campaña con base real en internet: el único lugar que escapaba a la censura de Maduro. Fueron las legislativas y ganaron de una manera tan evidente y abrumadora, que al Ejecutivo no le quedó más remedio que reconocer el resultado de las legislativas, aunque a los pocos meses disolvieran el Parlamento. Fue la campaña de la esperanza, donde toda la oposición, desde la derecha más dura hasta la socialdemocracia, remó unida dentro de la MUD para acabar con Maduro, y salió bien. Pero es la campaña más complicada en la que he estado y en la que más miedo he pasado.

P.- Asesoró también, hablando de América y yéndonos a Argentina, a Cristina Fernández de Kirchner.

R.- Estuve en esa campaña, efectivamente.

«No sé si los políticos duermen con Maquiavelo; con una recortada debajo de la almohada seguro que más de uno»

P.- ¿Cómo se modera la comunicación de una líder que genera esas pasiones tan extremas y polarizadas?

R.- Es una de las máquinas electorales más poderosas del mundo: el peronismo. No tiene solo una campaña, sino que va acumulando campañas y las va superponiendo unas a otras. Esa campaña inaugura lo que llamamos la necropolítica: quien está presente en la estrategia no es tanto Cristina como Néstor Kirchner, su marido, antiguo presidente y ausente. Ella habló constantemente de él, el gran presidente ausente, y se presentó como la persona que mantendría vivo el legado. Me parece una campaña totalmente paradigmática por eso, porque el protagonista real estuvo ausente, murió por la patria, y ella representaba su legado. Hay un cartel espectacular de Cristina dando la espalda con el pueblo delante que habla de él. Néstor Kirchner fue un gran peronista de izquierdas con un gran bagaje político que sacó a Argentina de la crisis en su primera etapa. Cristina sigue siendo un animal político gigantesco y, para saber algo de política, hay que leer sobre el peronismo; es la máquina más engrasada que existe.

P.- ¿Cree que volverá el peronismo a Argentina?

R.- No lo sé. Sé que Milei está a la baja ahora mismo, pero probablemente sería ganador en unas próximas elecciones. El problema actual es que el pueblo argentino lo ha pasado muy mal durante muchos años, y probablemente Milei es el único que es capaz de representar algo que no sea el peronismo.

P.- O sea, que Milei ha sido un fantasma que recorre América.

R.- Ha recorrido Argentina de norte a sur y, salvo en la provincia de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, ha arrasado prácticamente en todos lados. Su popularidad está cayendo de forma acelerada, pero creo que todavía sería hoy el político más votado.

P.- ¡Ay, César! ¡Trump! ¿Qué tenemos?

R.- ¡Qué campaña más brillante y qué tipo más lamentable, de verdad! En este libro hay campañas que me ha costado contar.

P.- ¿Le parece lamentable?

R.- Me parece una malísima noticia, no solo para Estados Unidos, un país que aprecio y admiro, sino para el mundo. Trump es la peor noticia que ha podido haber porque está rompiendo todos los consensos, ha engañado a sus electores de forma patente y tiene una personalidad compleja, con un punto cercano a la enfermedad mental. Cree que en política se puede comportar exactamente igual que mercadeando un terreno en Queens. Es una penosa noticia tanto para los socios europeos como para Estados Unidos, pero eso es compatible con el hecho de haber diseñado una campaña totalmente rompedora e innovadora. Una estrategia que escapó de los medios tradicionales y aterrizó con influenciadores de nicho, volviéndose viral porque existe un sustrato, una América profunda, que se siente traicionada y no identificada con los partidos tradicionales. Vieron cómo se plantaban semillas de odio al inmigrante o de rechazo a la globalización, y esas semillas han ido germinando. Trump lo representa estupendamente. Quizá el problema de su segundo mandato no fue tanto él, sino la incapacidad del Partido Demócrata por encontrar una candidatura que supiese enarbolar la América que no es trumpista.

P.- Sí, y el querer poner a Kamala para intentar ganar voto joven y negro…

R.- Sí, pero cuando se pone un candidato para ganar el voto que ya se tenía, se complica un poco todo esto. Pasa en todos lados. Si ya tienes el voto de los jubilados, poner a un tipo de 90 años en la elección a lo mejor no es la mejor idea.

P.- ¿Cree que el estadounidense promedio puede llegar a echar de menos a Joe Biden?

R.- Mi impresión es que Joe Biden ha sido uno de los mejores candidatos y uno de los grandes presidentes de Estados Unidos. Primero, porque fue un gran candidato: no te puedes enfrentar a Donald Trump gritando más que él. Solamente hay una forma de ganar a perfiles nacional-populistas: ampliando su base desde la derecha moderada hasta la izquierda del Partido Demócrata. En segundo lugar, no se enfrentó directamente a Trump, quien siempre grita más que cualquier rival; se puso de perfil y dijo lo que tenía que decir. Para que el oponente quede en evidencia, no es necesario ponerse enfrente y gritar más. Lo que hay que hacer es apartarse. Solamente un candidato gris, como Biden, podía ganar a un macho alfa como Trump, y eso pasa en muchos lados.

P.- O sea, que el candidato gris de Feijóo es capaz de ganar al candidato que grita como Santiago Abascal.

R.- Sí, si estuvieran en esa tesitura, estoy convencido de que le pegaría una paliza espectacular, si solamente hubiera esos dos partidos, claro.

P.- ¿Y si en vez de Feijóo fuese Ayuso?

R.- ¡Qué gran pregunta! No tengo los datos y trato de no hablar sin ellos, así que es un escenario que de momento no está encima de la mesa.

«La campaña de Cristina Kirchner en Argentina inauguró lo que llamamos la necropolítica: el verdadero protagonista no estaba presente, había muerto por la patria»

P.- Vamos a hablar un poco de la situación actual. En España se sigue hablando, esto imagino que lo habrás escuchado durante esta semana también, de plantear una posible moción de censura del PP con el PNV. Feijóo tentando a Junts y al PNV por una moción de censura. ¿Es una estrategia brillante de desgaste o un puro acto de desesperación?

R.- ¿Qué necesidad hay? Cuando el Partido Socialista está en una crisis terminal y profunda, con todos los focos de los medios de comunicación apuntando a sus casos de corrupción, ¿por qué quitarle ese foco para colocarlo en una moción de censura que previsiblemente no va a salir adelante y que tiene un solo ganador, gane o pierda, que es Vox? En cuanto Feijóo mencione las palabras «moción de censura», Vox ha ganado, salga adelante la moción o no. El gran competidor del Partido Popular ya no es el Partido Socialista, es Vox. Están compitiendo por el mismo espacio político y Vox, con perdón, no es de fiar, porque su voluntad y su trayectoria política le van a hacer competir con el Partido Popular por ese votante de derecha que los populares necesitan para gobernar. En estos momentos vivimos en una especie de tripartidismo asimétrico donde existen tres partidos principales —el Partido Popular, el Partido Socialista y Vox— y la solución aritmética siempre es la misma: cualquier Gobierno se tiene que engarzar en base a la alianza de Vox y el Partido Popular. Esto significa que el segundo partido de la coalición, Vox, va a intentar ocupar más y más el espacio del PP, al menos durante la etapa de campaña. Sin embargo, viendo la solvencia de Feijóo en Galicia, el Gobierno que logró y cómo asfixió a cualquier otra opción política que no estuviera con él, creo que Feijóo va a ser mucho más eficiente gobernando que como candidato, porque sabe perfectamente lo que hace.

P.- ¿No ve factibles unas elecciones anticipadas en otoño?

R.- A mí me parece muy peligroso tratar de meterse en la cabeza de Pedro Sánchez. No sabe uno cómo va a salir de ahí. Es imposible saberlo. Estoy convencido de que va a aprovechar el primer momento que tenga una ligera ventaja para poder convocar elecciones.

P.- Está buscando la ventana.

R.- Está buscando el cisne negro, que puede llegar o puede que no. Los había que decían que podía ser la guerra de Irán, pero parece ser que no se consolidó, porque no está alcanzando el nivel de virulencia que necesita. Va a buscar otro cisne negro, pero ahora mismo, incluso en esta situación, es complicado que llegue a alcanzar el 30%. La única solución en la actualidad es lo que dicen todas las encuestas: un Gobierno del Partido Popular con Vox. Y ahí la madre de todas las batallas va a ser quién tiene la mayor parte, porque no es lo mismo Vox con un 15% que con un 20%.

P.- Del cisne negro al CIS… ¿Nos miente el CIS?

R.- Si el CIS fuera cierto y el Partido Socialista y sus socios creyeran que lo que dice es verdad, estarían convocando elecciones. ¿Lo están haciendo? No. Ergo, no se lo creen.

P.- ¿Y para qué mentir?

R.- Tiene sentido porque, a pesar de que todo el mundo sabe que el CIS no está ajustado a la realidad y que tiene otras voluntades u objetivos, cada vez que sale, llega a todos los medios de comunicación. El ciudadano medio de este país le dedica dos minutos al día a la política, con lo cual ve en el telediario que el Partido Socialista va por delante. Además, el CIS tiene un segundo objetivo: contaminar los promedios de los medios de comunicación. Muchos hacen medias aritméticas en las cuales introducen estos datos y, si no están bien ponderadas, el resultado final se aleja cada vez más de la realidad. Se convierte en un resultado totalmente excéntrico; si todas las encuestas van en un rango, el CIS se sale por completo de él.

P.- Pues mire, le voy a decir una cosa, César, ojalá esos dos minutos de lectura acerca de política y prensa fuesen menos todavía.

R.- Fíjate, desde mi punto de vista necesitamos una ciudadanía más formada. La gente solamente se va a comprometer cuando en este país se deje de hacer política a la contra, basada en el odio y el agravio, y consigamos tener un nuevo gran acuerdo de país.

P.- En el libro hay mucho fútbol.

R.- ¡Claro!

P.- Pues yo me quedo con el fútbol.

R.- ¿De qué equipo eres?

P.- Yo del Real Madrid y del Málaga, que, por cierto, estamos a punto de subir.

R.- Compartimos segundo equipo. Yo soy del Athletic de Bilbao y tengo doble militancia con el Real Madrid, así que estamos más o menos ahí.

P.- Cómo ganar unas elecciones, de César Calderón, ya disponible en todas las librerías. A descubrir esas 11 campañas, esas historias de fútbol y política.

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