The Objective
El purgatorio

Lucía Etxebarria: «Si hubiera estado más calladita, hoy sería una concejal de Cultura»

La escritora repasa en ‘El purgatorio’ los entresijos del poder y habla del coste humano vivido en primera persona

Lucía Etxebarria presenta libro, Patocracia, una obra centrada en el análisis de los sistemas de poder liderados por personalidades patológicas. Esta conversación en El purgatorio sirve de marco para repasar las dinámicas internas del Gobierno, la evolución del PSOE desde la etapa de Zapatero y el funcionamiento actual de los medios de comunicación. La escritora detalla el coste personal, mediático y judicial que ha afrontado en los últimos años tras sus posicionamientos públicos más controvertidos.

PREGUNTA.- Te cedo el honor. Explícanos qué es exactamente una patocracia.

RESPUESTA.- Es un término acuñado por el psicólogo polaco Andrzej Łobaczewski, torturado por nazis y comunistas. Tras huir a Estados Unidos, definió la patocracia partiendo de la raíz griega pathos (sufrimiento). El concepto describe a un sistema de poder dominado por personalidades patológicas, es decir, un Gobierno integrado por psicópatas que inflige sufrimiento a sus súbditos. Lo verdaderamente peligroso es que estos líderes crean cortes a su medida: se rodean de gente que comparte su misma naturaleza. Va mucho más allá de una autocracia común.

P.- A sus dirigentes los llamaríamos patócratas.

R.- Justo. Cuando encontré el término, vi claro el marketing. Diseñé la portada yo misma, aunque luego el equipo de la editorial la mejoró. Además, suelo regalar patos en mis presentaciones. Hace poco estuve en Donosti y resulta que se han puesto de moda; hay tiendas enteras de patos, una especie de fenómeno de «cayetanismo pato». Pensé: «Dios ha venido a verme».

P.- El libro ofrece una lectura demoledora del panorama nacional. Te lo tengo que preguntar directamente: ¿quién es el patócrata español número uno a día de hoy?

R.- Todo el mundo sabe quién es, no hace falta ni nombrarlo. El problema es que siempre se le señala como una suerte de Satán en zapatillas y nos olvidamos de su entorno. Santos Cerdán, por ejemplo, opera bajo una lógica mucho más psicopática. Pedro Sánchez responde más a un perfil narcisista; a su mujer y a él les pierde esa necesidad de validación, esa urgencia de ser vistos. Cerdán, en cambio, es más astuto: permanecía en la sombra, evitaba las fotos y procuraba no llamar la atención. Eso es mucho más psicopático en ese sentido. En cuanto a Begoña Gómez —respetando siempre la presunción de inocencia, ya que de momento solo está investigada—, si todo es verdad, se habría metido en un follón por mera vanidad. No necesitaba dinero, pero buscaba estatus: quería ser catedrática y pasar por superejecutiva para ser visible. Ahí es donde llegan las meteduras de pata brutales. Łobaczewski explica que, cuando estos perfiles toman el poder, purgan inmediatamente a cualquier persona honesta. Se las arreglan para quitárselo de encima. Es lo que ocurrió en el PSOE después del Congreso de Valencia: una criba absoluta y una escabechina para arrinconar la discrepancia e ir echando a todo el mundo.

«El presunto feminismo y el discurso LGTBI nacieron como un movimiento puramente estratégico»

P.- Bueno, habrás visto lo que publicó Ketty Garat hace muy poquito. No sé si has tenido la oportunidad de leer su libro.

R.- Sí, lo he empezado, aunque el tocho es enorme. Ketty Garat es mi heroína, porque ambas vivimos lo mismo, aunque de maneras diferentes. A ella la persiguieron inmisericordemente con una campaña mediática brutal; todavía no entiendo cómo Risto Mejide aún no le ha pedido disculpas. A mí me hicieron otra campaña tremenda en Madrid. Como sabían dónde vivía y no tenía guardaespaldas, empezaron a seguirme, a pegarme por la calle y a liármela. Entonces nadie me creía, pero ahora ya se ha visto que es su modus operandi, como cuando agreden en directo al fotógrafo de El Español o a cualquier reportero que no les baile el agua. O el momento de las dos señoras del entorno de Begoña Gómez lanzándose encima de un periodista. Hay una misoginia tremenda detrás: siempre van a por las mujeres de forma despiadada.

P.- Has mencionado de forma indirecta el polémico episodio de Vito Quiles con el entorno de Begoña Gómez, donde vimos que presuntamente una acompañante saltaba encima de él. ¿Crees que esto responde a una estrategia organizada por parte de ella y del PSOE?

R.- No lo sé porque no he estado ahí dentro, solo opino sobre lo que se ve nítidamente en el vídeo. El problema de ser un personaje público es que, si estás en un lugar público, corres ese riesgo. Si quieres quedar con tus amigas a contar algo confidencial, hija de mi vida, no te vas a un restaurante. Lo sé yo y tendría que saberlo Begoña Gómez. Entrar a grabar ahí puede estar en el límite, pero en ningún caso justifica que te lances encima de alguien. Lo que me aterra es que parece que ahora se justifica toda la violencia contra los periodistas que resultan incómodos. Contra mí se alentaba en redes con mensajes explícitos de «si te la encuentras por la calle, ya sabes lo que tienes que hacer». Vivían moviendo mi dirección real. Me ponían pintadas de «terfa» con una flecha en mi propio portal, y en la iglesia de enfrente pintaban «terfa, vamos a por ti». Sufría llamadas telefónicas anónimas continuas a altas horas de la noche, aprovechando que en esa zona no hay cámaras. Solo Ketty lo entiende porque a ella la seguían e hicieron de todo también.

P.- ¿A día de hoy continúa ese acoso en tu vida?

R.- No. Cesó por dos razones. Primero, porque la policía pilló a dos de los acosadores y se les condenó en un juicio. Al declarar, los propios agentes confirmaron que me estaban haciendo un seguimiento real y organizado. Yo tenía la duda de si me estaba volviendo loca, pero la Policía demostró que me seguían de verdad. La segunda razón es que ese acoso coincidió con la etapa de Irene Montero en el Ministerio de Igualdad, cuando manejaban 500 millones de presupuesto. Recuerda que la propia Ángela Pam reconoció que había 20 millones de euros que no les cuadraban y se perdieron. Hay un abogado que ha denunciado penalmente a Pablo Iglesias con bastantes pruebas de que organizaban cazas digitales, eligiendo a un objetivo y moviendo masas de gente en las redes para hundirle la vida. En mi caso se demostró en los tribunales. Desde el momento en que dejaron de tener dinero público para financiar estas estructuras, las campañas pararon. ¿Dónde se fueron esos 20 millones perdidos? No lo sé, pero no fue a parar a las casas de acogida ni a las mujeres maltratadas.

P.- Cuando dices que mides tus palabras, ¿es porque temes que pueda volver a ocurrir algo así?

R.- Sí, porque sufrí un lawfare brutal. Lo más delirante fue la demanda de un señor que me denunció porque dije en redes: «Mis ojos en esta foto ven un hombre». Y la foto era la de un hombre. Ahora lo puedo decir porque gané el juicio, pero el goteo de demandas absurdas era constante solo para que me gastase el dinero en abogados. Se me llegó a acusar de acosar a niños, una barbaridad tras otra. Sabías que al final se sobreseía o ganabas, pero el desgaste de tener que pagar y acudir al juzgado era aterrador. Están utilizando la excusa del delito de odio para perseguir la disidencia. El otro día presumía Rubén Sánchez, el de Facua, de haber presentado 40 demandas. Con las listas de espera que hay en España para juicios realmente serios, ¿de verdad hay 40 personas que le hayan hundido la vida a este señor? Es un abuso del sistema judicial intolerable.

P.- Pasemos a analizar otros temas de la actualidad política. ¿Elecciones andaluzas o Zapatero? ¿Qué prefieres?

R.- Te cuento lo de Zapatero. Cuando yo tenía 26 años, trabajé para Miguel Barroso, asesor de Alfredo Pérez Rubalcaba. Tras romper con Rubalcaba, Barroso se fue de asesor de un político leonés al que no conocía nadie fuera de su casa: José Luis Rodríguez Zapatero, un señor soso y con poca labia, pero lo impulsaron en las primarias. Rosa Díez cuenta que cuando se extrañó de que lanzaran a un perfil así, Miguel le explicó que necesitaban «candidatos líquidos y fluidos». Quería decir que necesitaban líderes sin una ideología clara, moldeables, capaces de cambiar de opinión y adaptarse a lo que estratégicamente conviniera en cada momento.

P.- ¿Qué niveles de incoherencia llegaste a presenciar en esa etapa?

R.- Su presunto feminismo y discurso a favor de los derechos LGTBI nacieron como un movimiento puramente estratégico, no porque creyeran en ello. Cuando se empezó a plantear la ley de gays y lesbianas, me pidieron traer a alguien de la Fundación Triángulo. Vino una chica a exponer sus propuestas y, en cuanto se marchó, tanto Miguel Barroso como Rubalcaba y el resto empezaron a burlarse diciendo: «No me extraña que sea lesbiana con esa pinta». Ese era el verdadero nivel. De esos dirigentes he oído las mayores machistadas imaginables. Todo lo que vemos hoy con Ábalos y Koldo sale de ahí; de aquellos polvos, estos lodos. Eso era lo común en el partido: llegar al despacho de un alto cargo y encontrarte condones encima de la mesa de trabajo era la tónica habitual. Recuerdo otro dirigente importantísimo que estuvo todo el día dándome la brasa de tal forma que se ofreció a llevarme en coche y me dio tanto miedo que me tuve que bajar en marcha en un semáforo, inventándome que había quedado. Todo lo que cuentan ahora de Francisco Salazar era la norma en el 95. Éramos mujeres jóvenes y escuchabas auténticas salvajadas. Eran unos gañanes homófobos que se iban de señoritas de compañía en privado mientras vendían una estrategia proderechos en público. La misma lógica de Iván Redondo en su manual: «Yo no creo en esto, pero estratégicamente es lo que nos conviene para ganar».

Lucía Etxebarria. | Víctor Ubiña

P.- Pese a vivir todo aquello, tardaste en desmarcarte de ese espacio político.

R.- Estaba metida en una secta, no tengo otra forma de explicarlo. Aunque veía todo eso, me fui porque no podía más con mi vida, pero seguí votando socialista a ciegas. Solo alguien que haya pasado por un movimiento sectario puede entender este sesgo de identidad y lealtad. Es como las memorias de las exnovias de Hugh Hefner en la mansión Playboy: toleras abusos brutales porque tu identidad está ligada a ese marco mental y piensas que los otros siempre son peores. A mí me costó mucho abrir los ojos y ser muy mayor. Tuve dos picos de inflexión definitivos: la deriva de la ley trans y la complicidad con Venezuela.

P.- ¿A día de hoy qué?

R.- Perdí esa fe ciega. Cuando voto, pienso exclusivamente en mis intereses y necesidades como autónoma y ciudadana. Es más que probable que vote distinto según se trate de las elecciones generales, el Senado, las autonómicas o las municipales. La ilusión infantil de que vendrá un líder político a redimirnos se ha esfumado por completo.

P.- Eres conocida por anticipar escenarios políticos complejos, como la victoria de Trump, la llegada de Milei o la invasión de Irak. Las próximas elecciones generales están previstas para 2027. ¿Cuál es tu pronóstico?

R.- Creo que Pedro Sánchez caerá ahí. Sus recientes viajes a China apuntan a la búsqueda de una salida internacional, tal vez un puesto en la OMS. Sin embargo, la maquinaria del PSOE tiene una estrategia para el futuro: la ley de nietos y las regularizaciones masivas les aseguran entre cuatro y cinco millones de nuevos votos. Se replegarán a sus cuarteles de invierno en cuanto gane la oposición. Desde el primer día de la legislatura harán una oposición de machamartillo repitiendo el mantra de «¡fascismo, fascismo, fascismo!» sin parar, esperando recuperar el poder en la siguiente cita electoral apoyados en ese enorme colchón de nuevos electores.

«Hoy en día, muchos tertulianos no ejercen como periodistas, sino como agentes de propaganda»

P.- ¿No ves ninguna posibilidad de que Pedro Sánchez pueda revertir la situación y volver a ser presidente?

R.- Lo veo prácticamente imposible. Tiene imputado a su hermano, acorralado a su exvicepresidente, cercado a su antiguo mejor amigo —Ábalos—, y pesan amenazas muy serias de imputación sobre Francina Armengol y Víctor Torres por el caso Koldo. Ver a Zapatero defendiendo esto lo hace insostenible. Existe un pensamiento mágico en los medios que dice que Sánchez es de kriptonita y siempre remonta, pero la realidad de los datos territoriales demuestra que el sanchismo ha ido cayendo en todos lados: Aragón, Extremadura, Castilla y León y Andalucía.

P.- Pero después del 17-M, muchos medios de comunicación hablaron de una victoria de la izquierda debido al crecimiento de formaciones como Adelante Andalucía.

R.- Todo se intenta maquillar y vender como una victoria de Sánchez. El crecimiento de Adelante Andalucía en escaños está totalmente condicionado y trampeado por la ley d’Hondt, porque en votos reales no subieron. Su candidato, José Ignacio García, se benefició exclusivamente de la simpatía hacia Teresa Rodríguez, la única política limpia en España que cumplió su palabra de marcharse a casa a los ocho años y que ahora genera aún más apoyo tras anunciar que padece cáncer. Pero no es un crecimiento sociológico del sanchismo. Predecir la reacción de medios afines es facilísimo; sabía que al día siguiente tertulianos de la SER culparían a los asesores de María Jesús Montero por no escucharles. Hoy en día, las grandes corporaciones de medios no tienen periodistas, tienen agentes de propaganda. He visto cómo llega el argumentario directamente del Gobierno al plató y lo repiten de memoria. Defendían de forma coral que la ley trans no era un fraude de ley cuando el propio ministro Bolaños acababa de reconocer en privado que sí lo era. Cuando inflas de dinero público a un medio a través de la publicidad institucional, deja de informar y se convierte en una maquinaria de propaganda, punto pelota. La gente normal de la calle no entiende que en esos entornos mediáticos hay personas con empatía cero que simplemente repiten que el cielo es amarillo pollito si se lo ordena el poder, tachando de «fascista» o «terfa» al que ose decir la verdad.

P.- En tu anterior visita al programa, uno de los temas principales que trataste fue Íñigo Errejón, justo cuando publicó aquel polémico comunicado de renuncia.

R.- Redactado íntegramente con ChatGPT, además. Todo eso estalló por la denuncia de Elisa Mouliaá. Aunque el proceso judicial tenga sus ritmos, mi opinión sobre él jamás ha cambiado: siempre me pareció el epítome del pijo de Pozuelo, hijo de altos funcionarios que iban a recoger en coche oficial y con chinos de marca. La gente que se autoproclama redentora de la clase obrera sin haber pisado un barrio humilde en su vida padece lo que en psicología llamamos «complejo de redentor», algo muy ridículo cuando se traslada a la política.

P.- Hubo mucha controversia también en torno a otros episodios conflictivos de Errejón en la noche madrileña que terminaron en absolución.

R.- Se produjo un caso muy sonado por una agresión física a un vecino en la calle de la Fe, en Lavapiés. Errejón acusó a la víctima de ser de ultraderecha, cuando en el barrio todo el mundo sabía que era un señor mayor con carné de un partido rojo de toda la vida. Salió absuelto porque se presentaron dos testigos a su favor. Qué casualidad que, poco después, Mónica García colocó a esos mismos dos testigos como asesores de libre designación en el partido con sueldos de 60.000 euros anuales cada uno. Hasta ahí puedo leer. Además, la calle de la Fe en aquel momento era un centro neurálgico de venta de droga muy conocido por la policía. Si la propia Yolanda Díaz se lo quitó de encima admitiendo que tenía problemas graves de todo tipo, no hace falta añadir más. Circulan también grabaciones explícitas en un conocido bar del barrio donde se le ve dándose besos acaramelados con una señorita que no era su novia, a las cuatro de la mañana, importándole un comino que todo el local estuviera grabándolo. ¿En qué estado tienes que estar para actuar con esa impunidad? Respecto al relato de Elisa Mouliaá, me lo creo rotundamente. Su testimonio coincide punto por punto con lo que otra chica me indexó en privado hace tiempo sobre su mismo modus operandi, aunque aquella víctima jamás se atrevió a denunciar por miedo.

P.- Si su testimonio es creíble, ¿por qué se producen retiradas de denuncias en este tipo de casos?

R.- Porque en España existe la presunción de inocencia para todo el mundo, excepto para Hacienda, donde impera la presunción de culpabilidad; te obligan a poner el dinero por delante antes de poder defenderte, destrozando el Estado de derecho, como le ocurrió a Shakira. En el ámbito penal, en ausencia de una cámara que grabe el acto dentro de una habitación, jurídicamente es la palabra de ella contra la de él. Al no haber pruebas gráficas, hay realidades delictivas imposibles de demostrar en un juzgado.

P.- ¿Disfrutas con la política?

R.- Para nada. Cuando me posicioné públicamente contra la ley trans, fui muy ingenua. Desde el propio PSOE nos aseguraban que la ley de Irene Montero nunca saldría adelante, que la estaban mareando y la frenarían en el último momento. Nos incitaban a las feministas a seguir haciendo ruido en la calle. Jamás imaginé la traición que vendría después. Me costó cinco años de una cancelación destructiva, pero lo peor es que salpicó a mi hija, algo por lo que me he sentido culpable durante muchísimo tiempo. De saber el peligro al que la exponía, no lo habría hecho jamás. Si disfrutara con la política, habría aceptado las ofertas que he tenido para entrar en las listas de un partido o para ser concejala del distrito Centro. Ni de coña me meto en eso.

«Si hubiera estado más calladita, hoy ocuparía una concejalía de cultura»

P.- Sin embargo, el tiempo parece darte la razón en algunas de tus advertencias más criticadas.

R.- Todo lo que dijimos que iba a pasar está pasando ante la total indiferencia de las instituciones. Hemos visto casos de maltratadores que eluden las penas de violencia de género porque se habían autoidentificado como mujeres antes del proceso, o criminales peligrosísimos como Jonathan Robaina —que violó, torturó y asesinó a su prima— cumpliendo condena en cárceles de mujeres porque se autoidentificó mujer durante el juicio. Lo que antes nos negaban tachándonos de locas, hoy ocurre a diario. Ahora es el PP el que promete anular la norma en cuanto llegue al poder, pero para que ese consenso cambiara, unas pocas tuvimos que partirnos la cara y pagarlo carísimo. Lo mismo ocurrió con la ley del «solo sí es sí». Una gran cantidad de profesionales advertimos por escrito al Ministerio de Igualdad sobre la rebaja de penas que traería, pero nos llamaron fascistas. Sabían perfectamente las consecuencias penales y las buscaban porque defienden un modelo antipunitivista. Lo asombroso es la hipocresía actual de Irene Montero: ahora que está fuera del Gobierno, la causa trans parece habérsele pasado de moda y prefiere centrarse en Palestina o en las profesoras de infantil. Ya no la utiliza porque no le reporta cuota de poder.

P.- Después de esa persecución mediática y personal, ¿nunca has pensado en dejar de hablar?

R.- Por supuesto. Pero cuando lo has perdido casi todo, solo puedes ganar. Abandonar supondría una derrota personal insoportable y una pérdida definitiva de la dignidad. Me ocurre lo mismo que a Ketty Garat: cuando intentan hundirte la vida porque molestas, capitular no es una opción. Yo no hago política partidista, no defiendo a ninguna sigla ni asisto a sus actos. Me limito a ofrecer datos objetivos, y eso es lo que realmente les escuece y les hunde.

P.- ¿Crees que mucha gente está equivocada en cuanto a lo que piensa de ti?

R.- La gente que no me conoce solo ve una ficción de los medios. Yo viajo en metro, en autobús y en tren a diario, a diferencia de esos supuestos progresistas de salón que declaran en los periódicos que jamás usarían el transporte público. Durante mucho tiempo no pude moverme con libertad porque la policía me confirmó que me tenían seguida por la calle de forma organizada. Sin embargo, cuando la gente coincide conmigo en el vagón leyendo mi libro y se da cuenta de quién soy, se sorprende gratamente de mi cercanía. A mí solo me importa lo que piensen de mí mi hija, mis mejores amigos y mis dos perros; el resto no lo puedo controlar y me da exactamente igual.

P.- ¿Cuál es el precio más alto que has pagado por morderte la lengua?

R.- Nunca me he mordido la lengua, para mi desgracia. Solo me he callado en el ámbito sentimental para evitar una discusión, y en ese mismo momento me largué. En lo demás, siempre he sido honesta, aunque a veces el filtro editorial haya recortado mis textos. En este último libro, por ejemplo, el editor eliminó la mitad de lo que escribí sobre Zapatero por miedo a un aluvión de demandas judiciales.

Lucía Etxebarria. | Víctor Ubiña

P.- ¿Crees que si hubieras sido más comedida te habría ido mejor?

R.- Seguro. Si hubiera estado más calladita, hoy ocuparía una concejalía de Cultura o algún puesto de alta remuneración. He visto a mi alrededor a personas de nuestro antiguo grupo que decidieron guardar silencio en un momento dado y, casualmente, hoy dirigen fundaciones que reciben ingentes cantidades de dinero público que nadie sabe dónde va. O escritoras que pusieron el tuit sumiso de «voy a votar al PSOE para que no venga la ultraderecha» y mágicamente sus maridos terminaron colocados en fundaciones estatales cobrando 100.000 euros al año sin currículo para la empresa privada. Yo no sé estar callada. Tengo un sentido de la justicia muy estricto que me impide actuar de otra manera. De pequeña estuve en un grupo de oración cristiana muy particular que nos condicionó de forma severa a no mentir. Es un chip mental tan fuerte, una especie de prión, que me incapacita por completo para saltarme las normas, robar en un supermercado o llevarme una muestra de perfume del duty free.

P.- Ganaste el premio de redacción Coca-Cola siendo muy joven, un certamen de máxima exigencia en el que competía toda España. Echando la vista atrás, ¿qué le dirías a esa niña?

R.- Le diría a Coca-Cola que verifique los datos y me mande un suministro gratuito para toda la vida. A nivel personal, de mi infancia y de mi familia no hablo. Siguen vivos y prefiero respetarlos, ya que otras personas implicadas en esa historia tienen una vida perfecta de puertas para afuera y no quieren que se conozcan ciertas situaciones del pasado. Solo diré que no fui una niña feliz y que es una etapa de mi vida que tengo completamente aparcada.

P.- Con tu proyección mediática, ¿nunca tuviste la tentación de adentrarte en las revistas o programas del corazón?

R.- Nunca me ha interesado. Salí con el hijo de Gérard Depardieu, pero en este país son tan gañanes que ni se enteraron de quién era porque no pertenecía a su farándula de clase A. Al mundo del corazón pertenece solo el que quiere, y yo decidí mantenerme al margen porque no doy el perfil.

P.- Pero más allá de tu infancia o de tu familia, ¿no te gusta hablar de ti o no tienes problema en hacerlo?

R.- Puedo contarte lo que quieras sin ningún problema a partir del momento en el que me fui de mi casa, pero antes de eso no. Lo hago por respeto, porque en esa historia participó más gente que quizá no quiere que se conozca su vida y cuyas visiones posiblemente no coincidan con la mía.

P.- ¿Crees que el ser humano habla de más en muchas ocasiones?

R.- Sí, claro, yo la primera. Si me hubiera callado en ciertos momentos, me habría ido muchísimo mejor en la vida.

P.- Te lo decía sobre todo por el ruido mediático y social que hay a día de hoy. ¿Piensas que hemos ido a peor como sociedad?

R.- Todas las sociedades creen que van a peor, aunque a veces es una realidad histórica demostrable, como ocurrió con la Alemania nazi respecto a la de entreguerras o con Corea del Norte. En esto soy marxista: creo en las fuerzas de la historia. Uno no puede cambiar una sociedad entera, solo puede cambiarse a sí mismo e intentar influir en su entorno más cercano. La idea de que vas a cambiar el mundo con tu esfuerzo es una concepción muy infantil derivada de los grupos de oración. Es el mismo pensamiento dogmático y sectario que tienen los que creen ciegamente en la superioridad moral de la izquierda o de la derecha. En ambos lados hay referentes admirables por su coherencia, como Julio Anguita, Alejo Vidal-Quadras o Cayetana Álvarez de Toledo, y también perfiles deplorables como Ábalos. Es absurdo pensar que colocarte bajo unas siglas te vuelve mágicamente bueno o malo. Sin embargo, cuando ves a políticos pactar con teocracias sanguinarias como la de Irán —el país con más ejecuciones del mundo—, o escuchar a Íñigo Errejón afirmar con un par en el Parlamento que en Venezuela se come tres veces al día mientras Amnistía Internacional ya alertaba de una hambruna brutal, ahí sí que me siento en superioridad moral. En esos escenarios criminales hay niveles que no se pueden tolerar.

«Todo lo que vemos hoy con el caso de Ábalos y Koldo procede de ahí; de aquellos polvos vienen estos lodos»

P.- Hablando del entorno internacional, ¿crees que Cuba será libre algún día?

R.- Sí, y además muy pronto. Marco Rubio le prometió a su madre en su lecho de muerte que acabaría con la dictadura cubana, y esa meta la tiene grabada a fuego. El hecho de que la Justicia estadounidense ya haya emitido una causa penal por narcotráfico contra Raúl Castro demuestra que van a por él como hicieron con Nicolás Maduro. La situación en la isla es de desesperación absoluta: apagones constantes, falta de agua corriente y niños que mueren de hambre mientras las familias sobreviven gracias a la comida que les envían desde el exterior, pagada a precio de diamantes porque tienes que colarla de estraperlo. Una gerontocracia patológica no puede sostener eso de forma indefinida cuando sus principales apoyos, como Venezuela, Rusia o China, los dejan caer. La geopolítica actual es tecnológica y global, ya no es territorial. Tener una isla bajo control geoestratégico a las grandes potencias ya les da exactamente igual.

Lucía Etxebarria. | Víctor Ubiña

P.- ¿Y China con Taiwán?

R.- Dudo mucho que China vaya a soltar Taiwán. Y no creo que a Donald Trump le importen lo más mínimo los taiwaneses. A Rubio le importa Cuba, pero a Trump solo le importan él mismo y, como mucho, Melania y sus hijos. En parte admiro a Trump porque es un psicópata de manual, y ojalá yo pudiera tener esa frialdad en determinados momentos.

P.- ¿Consideras que Trump forma parte de ese perfil de líderes psicópatas?

R.- Creo que para alcanzar cierto nivel en la política es un requisito necesario tener un perfil psicopático. La gente no entiende bien el concepto: la psicopatía implica ser extremadamente frío y tener una empatía muy baja. Un cirujano, por necesidad, tiene que ser psicopático para operar a un niño de dos años sin temblar ante el riesgo de que se le muera en la mesa. Lo mismo un banquero que un estratega militar. Son profesiones que requieren una abstracción y frialdad brutales. Trump es psicopático, igual que lo es Emmanuel Macron o cualquier líder de ese calibre. El verdadero peligro surge cuando ese rasgo se combina con el maquiavelismo, el narcisismo y el sadismo, configurando una tríada oscura —aunque yo añadiría un cuarto elemento: sadismo—. Kevin Batton escribió un libro al respecto que tenía una lista con las profesiones con mayor psicopatía y «periodista» estaba en tercer puesto, creo. El jefe de RRHH también tiene que serlo, por ejemplo. Si solo se es narcisista, como lo es Mario Vaquerizo, en mi opinión, eres un pesado al que le gusta subirse al escenario y la fama, pero no eres peligroso para la sociedad ni para su mujer. Alguien maquiavélico puede ser la típica madre pesada que enfrenta a la familia. Pero cuando se unen los cuatro rasgos, incluyendo el sadismo, terminas teniendo al ayatolá Alí Jamenei.

P.- En alguna ocasión has mencionado el problema de la droga en el entorno político.

R.- No puedo dar nombres propios por cuestiones legales, pero es evidente que existen formaciones políticas muy concretas con un problema serio en ese sentido. He vivido situaciones intolerables en mi propio barrio, en Lavapiés, con cargos públicos de primera línea que iban puestos hasta las cejas en los bares, y los camareros están de testigos. Lavapiés y las zonas que bajan hacia Embajadores sufren un auténtico problemón con el narcotráfico y los centros de salud mental públicos están completamente desbordados. Por eso resulta sangrante ver a partidos políticos que, mientras se les llena la boca hablando públicamente de salud mental, financian con el dinero de nuestros impuestos guías de «manejo responsable del chemsex» en Madrid. ¿Usted me está diciendo que existe un uso responsable de las drogas de sumisión química? ¿Qué nos están contando? Pues ya cuando esa misma formación promueve la legalización del cannabis bajo el mito de que es una droga blanda, apaga y vámonos. Cualquier psiquiatra de guardia un fin de semana te confirmará que la gran mayoría de los brotes psicóticos actuales en urgencias están vinculados directamente al consumo de porros. Si una formación promueve este tipo de manuales con dinero público, que salieron, uno solo puede deducir que sus propios integrantes practican el chemsex que difunden.

P.- Lucía, para terminar la entrevista, tengo que hacerte tres preguntas rápidas de nuestra sección. Primera pregunta. Si de forma totalmente metafórica tuvieses que enviar a alguien al cielo por ser una persona maravillosa, ¿a quién elegirías?

R.- A mi hija Allegra, sin duda alguna. Luego ella haría su chanchullismo para que yo fuera con ella.

Lucía Etxebarria. | Víctor Ubiña

P.- Segunda. Si tuvieses que enviar a alguien al infierno…

R.- A Irene Montero por todo lo que me hizo pasar. En este caso es algo completamente personal. Toda la campaña de acoso y cancelación contra mí se inició públicamente en un acto del Cogam donde me otorgaron de forma humillante el premio Ladrillo. Mientras un grupo de personas me rodeaba gritándome «¡Terfa, plagiadora!» a pleno pulmón, Irene Montero y Carla Antonelli aplaudían y se reían. Yo no provocaré nada malo que le pase a Irene Montero en su vida, pero desde luego no voy a ser una hipócrita: si le va mal, me alegraré profundamente. No se lo voy a perdonar, sobre todo sabiendo que las estaban grabando y les importaba un comino hundir a otra mujer. Es muy difícil contenerse al recordar esto; estoy intentando controlarme para no soltar tacos, pero te aseguro que en privado mi discurso sería muchísimo más duro. Tanto feminismo de fachada para actuar con esa crueldad, por favor.

«Para alcanzar cierto nivel en la política es un requisito necesario tener un perfil psicopático»

P.- ¿Y a quién enviarías al purgatorio?

R.- Para que pasen un rato ahí amargados, ¿no? A alguno de mis ex.

P.- No eres la primera invitada que responde eso en esta sección. Sonsoles Ónega nos dijo lo mismo, aplicándolo a todos los hombres a los que ha querido.

R.- Solo a algunos. También he tenido mujeres, pero con ellas no me pasa; siempre elegía muy bien a las chicas, pero muy mal a los hombres. Es mi gran tara afectiva.

P.- Lucía Etxebarria, ha sido un auténtico placer tenerte hoy con nosotros.

R.- Aprovecho para invitar a todo el mundo a pasarse por mi canal de YouTube, Cutre Canal, donde subo videos y me podéis ver todos los días. Para mí también ha sido una experiencia fantástica estar aquí. Tienes una de las mejores voces del panorama actual. Gracias y hasta la próxima.

P.- Gracias a ti, Lucía. Un auténtico lujo tenerte aquí.

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