Juan Ramón Lucas: «Cuando trabajas en un medio público tienes que ser neutral»
El comunicador repasa en 'El purgatorio' los cambios en el oficio y la política y su día a día en Radio Nacional
Juan Ramón Lucas (Madrid, 1958) pertenece a esa estirpe de comunicadores que no necesitan levantar la voz para decir verdades incómodas. En esta conversación en El purgatorio de THE OBJECTIVE, el veterano periodista se quita el corsé de la actualidad para reflexionar sobre los claroscuros de un oficio atrapado en las trincheras mediáticas, el peso de la neutralidad en la radiotelevisión pública y el peaje personal de vivir pegado al directo.
PREGUNTA.- Juan Ramón, ¿qué tal? ¿Cómo está?
RESPUESTA.- Pues encantado de saludarte. Muy bien.
P.- Cansado, me imagino.
R.- Sí, uno cuando termina de trabajar después de madrugar tanto y una jornada de mañana complicada y larga, pues uno está cansado. Pero vamos, bien, encantado de estar aquí.
P.- Son las dos y media de la tarde. ¿Desde qué hora lleva despierto?
R.- Desde las dos y media de la madrugada.
P.- ¿Las dos y media de la madrugada?
R.- Claro. Para elaborar un programa de mañana necesitas un buen equipo trabajando toda la tarde y la madrugada, y una disposición a madrugar, porque a las seis de la mañana tienes que estar en perfecto estado de revista, con el programa en la cabeza y empezando a contar las cosas.
P.- Yo había escuchado gente que se despierta… Herrera, a las tres y media o las cuatro, incluso ahora que ha ido tirando para atrás; pero lo de las dos y media de la madrugada es heavy, ¿eh?
R.- Prefiero no levantarme con prisa. Suelo llegar a las cuatro y aprovecho esa hora y media para repasar un poco los temas y leer.
P.- ¿A las cuatro, los temas? Muchos no habrán salido ni se sabrán.
R.- Lo que te han dejado preparado y también entras para ver lo último que hay de producción. También aprovecho para desayunar tranquilamente, aunque no mucho. Como un poco más cuando ya estoy en la radio, pero la idea es empezar el día con calma.
P.- Bueno, siempre se ha dicho que la radio, entre los medios de comunicación, es bastante cómoda.
R.- Era menos comprometida que la televisión en cuanto a que no te veían, aunque, ahora, con las cámaras y la web, sí, pero no sé si más cómodo. Menos complicado y comprometido a efectos de imagen y menos complicado, porque los movimientos son más rápidos. Para cualquier tipo de decisión, una noticia o seguir una historia, no necesitas mover a un equipo de cuatro o cinco personas, cámaras o desplazamientos. Un teléfono es una radio.
P.- Mirando para atrás, ¿se quedaría con la radio antes que con la televisión?
R.- Sí, siempre me quedo con la radio. La televisión me ha dado muchas cosas y sigo haciendo proyectos ahí, pero la radio es un medio mucho más caliente, más cercano y más enriquecedor. Fundamentalmente, porque el contacto con el público es más próximo y afectivo.
P.- Bueno, está entrando en el mundo del podcast desde hace tiempo.
R.- Sí, estamos haciendo podcast, pero lo he tenido que dejar mientras estoy en Radio Nacional porque es incompatible. Estamos colgando episodios antiguos grabados previamente, pero espero volver al formato en cuanto acabe esta etapa en la radio, que no sé cuándo acabará.
P.- ¿Fue una sorpresa cuando le llamaron de Radio Nacional?
R.- No me lo esperaba para nada. Me llamaron y me propusieron hacer la mañana. Las únicas condiciones que puse fueron cubrir toda la mañana, de 6.00 a 12.20, y poder trabajar con entera libertad.
«Provocar para tener muchos ‘likes’ no es periodismo, eso es una mierda»
P.- ¿De qué ha hablado esta mañana?
R.- Esta mañana hemos arrancado con la operación de la UCO en la sede del Partido Socialista y lo que se va sabiendo del auto. También hemos conocido un poco más la posición del Partido Popular. He tratado de que Cuca Gamarra me dijera si van a hacer algo más allá de mandar mensajes, como buscar apoyos para una moción de censura. No se lo he conseguido sacar, pero creo que el Partido Popular está haciendo, o debería hacer, algo más que lanzar mensajes a los socios de Gobierno para que dejen de sostenerlo o recordar que la situación es insostenible. Como oposición, creo que deberían dar un paso más, pero no he conseguido sacarle nada en el programa.
P.- O sea, ¿cree que deberían ir directamente ya al grano, a la moción de censura, y dejarse quizás de tonterías, de hablar tanto?
R.- No lo sé. Yo creo que cuanto más tarden en actuar, peor va a ser para ellos. Pero esa es mi impresión personal y no soy un fino analista político.
P.- ¿Y cómo ve la situación?
R.- Complicada desde el punto de vista de la ciudadanía. Estamos viendo con, supongo, cierta sorpresa esta sucesión de informaciones sobre corrupción que afectan a un partido de Gobierno y ante las cuales ni el Gobierno se mueve ni la oposición parece dispuesta a arriesgar nada para acabar con esta situación.
P.- Bueno, el otro día tuiteó… No sé si es muy tuitero. ¿Se considera tuitero?
R.- Siendo como soy la voz de un programa como el que dirijo y presentador en la radiotelevisión pública, siento que tengo que moderarme un poco. Y eso es lo que estoy haciendo. Soy tuitero, pero estoy intentando ser más suave.

P.- ¿Podríamos decir que es un antiguo rockero de Twitter?
R.- Sí, de hace muchos años. 20 no, pero 15 años sí.
P.- Bueno, ¿y por qué bajar el tono de todos modos?
R.- Porque tengo una responsabilidad. Considero que cuando trabajas en un medio público tienes que ser neutral; no equidistante, neutral. Mira, antes de llegar a Radiotelevisión Española en esta nueva etapa, escribía artículos en La Razón: uno los sábados y otro los martes. Dejé de hacerlo porque eran artículos de opinión. Aunque la gente sepa lo que pienso, estando al frente de un programa en una radiotelevisión pública, no puedo elogiar a quienes piensan como yo, ni siquiera una exposición de mis propias opiniones. No puedo, porque me dirijo a todo el mundo, que son quienes pagan esa radiotelevisión pública. Procuro ser todo lo neutral que puedo. Pero no lo confundamos con ser equidistante. Esto no significa callarte ante abusos, corrupción, maltrato o violencia. Simplemente, tienes que hablar de ello sin hacer proselitismo.
«Si la dirección de RTVE me dice: ‘Tienes que decir esto’, digo: ‘No, yo me voy’»
P.- No, se lo decía porque el otro día se veía un clip del programa en el que, bueno, me sorprendió porque, hablando del tema de Zapatero y demás, decía: «Deberíamos estar a punto de contar que queda cerca el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para acabar ya con la guerra, pero tristemente hemos de volver a atender al caso del expresidente Zapatero».
R.- El programa empezaba así y ese tuit recoge las entradillas del espacio a las seis y a las ocho en la cuenta del programa. Efectivamente, empecé diciendo que estábamos a punto de un acuerdo. Era un rumor, pero había indicios. A pesar de eso, teníamos que volver a hablar de lo de Zapatero porque es una noticia de una enorme relevancia que a nadie le gusta contar, en realidad. Aunque a alguien le interese políticamente, porque habla de corrupción, que no nos gusta ver sobre nuestras cabezas, la practique quien la practique.
P.- Y muchas veces… porque si tiene que ser neutral, ¿no le sangra la lengua de mordérsela en muchas ocasiones?
R.- No, porque tengo un compromiso. No me dedico a esto para que la gente sepa que existo y lo que pienso, sino porque ofrezco un servicio. Tienes que saber a quién te diriges, mucho más en la radio pública. Es verdad que me tengo que morder la lengua, pero eso no limita mi libertad de expresión. Me contengo por un compromiso con la audiencia, que es a quien me debo. La audiencia de la radio pública debe tener todos los elementos y todas las perspectivas posibles para hacerse una idea de lo que sucede, respetando que es una radio de todos. ¿Tiene más libertad uno que trabaja en una emisora privada? Puede ser. Yo he sido más claro a la hora de decir lo que pienso en otros medios en los que he estado, pero ahora mi oficio se orienta hacia el público y la neutralidad a la que me obliga el ejercicio de lo público.
P.- ¿Y qué opina de figuras que quizás están llevando esa libertad de expresión al extremo, faltando al respeto? Donde acaba mi libertad empieza la tuya y todo el rollo. Por ejemplo, Vito Quiles. ¿Qué opinión le merece un periodista así?
R.- Vito Quiles no es un periodista. Es un señor que agita bajo el paraguas de un periodismo que como tal no existe. Siempre que me plantean la cuestión, hago la prueba del nueve: si tú eres un periodista de estilo bronco frente a personas susceptibles de decir algo de interés para el público, no lo ejerces solo con los de un lado. Tienes que ser crítico con el poder, pero con todos. No puedes ejercer tu trabajo molestando solamente a los de un lado. Si ese caballero ejerciera esa misma presión sobre personas de su propio ámbito ideológico, yo empezaría a pensar que es un ejercicio del periodismo que no me gusta, pero que puede ser neutral. El problema es que este tipo no lo es; es alguien de extrema derecha que agita y provoca desde ese ámbito a personas de izquierda o a ciudadanos que no son de su entorno ideológico.
P.- Por curiosidad, planteándoselo desde el programa, por ejemplo, de Malas Lenguas de Televisión Española. Ayer veía un vídeo en Instagram de la reportera haciendo un trabajo muy parecido al de Vito, pero con el micrófono de este programa. Hacía algo que a mí personalmente me parece similar, o como cuando lo hacía Caiga quien caiga. ¿Por qué eso no está en la crítica social?
R.- Primero, no conozco a esta reportera de Malas Lenguas, así que no puedo decir nada. Segundo, lo de Caiga quien caiga no es comparable; era un programa de humor satírico en el que se molestaba a la gente, de acuerdo, pero no se llegaba al acoso ni a la provocación constante de este tipo. Son realidades que no son susceptibles de ser comparadas. El periodismo ácido de Caiga quien caiga puede gustar o no, pero no está mal molestar al poder. Y Caiga quien caiga molestaba a todas las personas.
«La neutralidad no es equidistancia»
P.- ¿Se puede ser periodista sin que te metan en una trinchera a día de hoy?
R.- Se debe.
P.- ¿Cómo? Porque yo lo veo en los comentarios de YouTube y parece imposible el hacer o dejar de hacer un comentario.
R.- Siendo honesto, pero no es imposible. El periodismo es compromiso con los espectadores, con los oyentes, con la gente a la que te dedicas. Eso significa que tienes que buscar la información bajo una ética, no al precio que sea, pero tienes que tratar de conseguirla. Tienes que ser crítico y tener olfato y mala leche, pero en todas las direcciones. Hay que ejercerlo en todas las direcciones. Pero se puede. El problema es que el universo de comunicación actual está muy fragmentado y es muy maniqueo. Es un reflejo del diálogo social de las redes sociales: «O estás conmigo o estás contra mí». Los propios algoritmos te sirven información, impresiones y noticias relacionadas con tu forma de pensar, lo que eso hurta el debate. Partiendo de ahí, nos encontramos con un ejercicio del periodismo que a veces se basa demasiado en lo que se cuenta en las plataformas digitales. En las redes sociales no hay periodismo. Hace años hablábamos del «periodismo ciudadano», pero eso era una filfa, una mentira. El periodismo debe ser comprometido, crítico, buscar siempre la verdad y enfrentarte incluso a tu propia familia ideológica para encontrar esa verdad. La forma de ejercerlo es siendo honesto. No puedes ejercerlo sin honestidad. Y provocar a la gente para ponerla en situaciones comprometidas, llevarlo a redes sociales y tener muchos likes es más bien deshonesto. Así es como lo entiendo yo. El periodismo es compromiso con la verdad en el sentido más amplio, y compromiso con la crítica frente al poder, gobierne quien gobierne.

P.- Hablando de compromiso, me ha sacado el siguiente tema sin quererlo. Alsina hablaba de compromiso el otro día. Da un paso atrás, deja la franja de actualidad política y…
R.- Alsina es un tipo comprometido. Es un ejemplo del periodismo que te decía, y demuestra que se puede hacer.
P.- ¿Cree que es por cierta repugnancia a la situación actual?
R.- No, yo creo que fue muy honesto y además le entiendo perfectamente. Hemos trabajado juntos —el programa Más de uno lo empezamos los dos—, sé cómo es y está cansado. Y no me extraña. Yo no llevo tanto tiempo como él haciendo información política y crítica, pero a veces también estoy cansado. Yo estaba en otra galaxia cuando me llamaron de Radio Nacional y acepté el reto. Entiendo perfectamente que lo que le pasa es el cansancio, y comparto algo que él mismo señaló, que el periodista no está ni para elevar al poder a quien no ha podido conseguirlo por las urnas, ni para derribar Gobiernos democráticamente elegidos. No estamos para eso.
«Al frente de un programa público no puedo elogiar a los que piensan como yo»
P.- ¿Y para qué está el periodista?
R.- Para contar lo que pasa, y para que la gente se forme una opinión de la manera más limpia y objetiva posible.
P.- O sea, que esto del cuarto poder…
R.- Eso no existe. Los medios de comunicación están en manos de empresarios afines ideológicamente a determinados partidos. Tú sabes perfectamente cuál es la línea editorial de un periódico o de un medio. Ante esa realidad, como espectador sabes lo que te va a venir de ese medio, y tú como periodista, intentas hacer tu trabajo lo mejor posible sin olvidar su línea editorial. Salvo que se den casos como ha sucedido en Onda Cero, donde por la mañana había alguien que tú,pensaba de una forma, a mediodía de otra y por la tarde de otra, o casos como el de la radiotelevisión pública, donde yo creo que debe haber un compromiso por buscar la neutralidad, todo el mundo sabe el territorio en el que está. Tienes que intentar ejercer tu profesión dentro de ese ecosistema de la manera más honesta posible.
P.- Por ejemplo, el caso de otra de las grandes noticias de esta semana en la radio española, que es la salida de Àngels Barceló de la Cadena SER. Ella sabía el marco en el que se movía, sabía perfectamente que sus directores no estaban de acuerdo con la línea editorial que estaba siguiendo el programa, y aun así siguió. Vemos que, después de unas discusiones, no va a continuar. ¿Se ha cavado ella su propia tumba o…?
R.- A mí eso me parece que es legítimo. Si a mí hoy me llega la dirección de Radiotelevisión Española y me dice que tengo que decir algo por cualquier interés, yo respondo: «No, me voy».
P.- ¿Nunca se lo han dicho?
R.- Nunca, ni al empezar, ni ahora. Ni cuando gobernaba Zapatero, cuando yo estuve, ni ahora. Nadie, y además lo saben desde el principio.
«El periodista no está para elevar al poder ni para derribar gobiernos»
P.- ¿Sabía que iba a volver cuando se fue la primera vez?
R.- No, no pensé en volver. Pensé que mientras el Gobierno que implementó ese cambio estuviera en el poder, yo no podría volver. No pensaba que fuera a volver porque nunca se me ocurrió volver. No, estaba en otra cosa ya desde hacía mucho tiempo. Salí de allí en julio de 2012. Cuando me llaman, conversamos. Yo aclaro que, con mi edad y con estas cosas, no voy a aceptar presiones políticas.
P.- ¿Ha recibido presiones políticas de algún tipo?
R.- Siempre hay presiones políticas, pero cuando tienes una responsabilidad de este tipo, necesitas: jefes capaces de aguantarlas y las agallas necesarias. Forma parte de tu trabajo y de tu compromiso. Yo ese problema no lo tengo, por lo menos de momento, y creo que no lo voy a tener. En el caso de Àngels Barceló, por no rehuir la pregunta, ella ha tomado una decisión por una circunstancia que no conozco exactamente, pero se puede dar el caso. Cuando tienes una responsabilidad en un medio con una tendencia determinada, puedes estar de acuerdo o no, puedes sentirte a gusto o no; eso ya es algo muy personal. Si hay una variación en la línea editorial y consideras que no estás de acuerdo, puedes adaptarte o puedes rechazarla. Esa es una opción que, sobre todo cuando tienes la responsabilidad en antena como la que tiene Àngels, puedes y debes tomar. Pero en su caso concreto, no conozco el porqué.
P.- ¿Cree que, después de irse de la SER, siguiendo un poco la línea editorial personal que estaba llevando por ese desentendimiento con la emisora, tiene espacio dentro de Televisión Española?
R.- ¿Àngels Barceló? No lo sé. En este universo, cuando estás en una posición en la que has tenido responsabilidad de antena —tanto en radio como en tele— o de gestión de contenidos a alto nivel, las cosas pueden variar muy rápidamente. Hace un año, a finales de mayo, estábamos en la etapa más intensa y grata del podcast de Sr. Wolf, yo no me podía imaginar que me fueran a llamar de Radiotelevisión Española. ¿Qué puede pasar con Àngels? ¿La pueden llamar de Televisión Española? Pues a lo mejor sería un buen fichaje, pero no tengo ninguna información en ese sentido. Y en Radio Nacional de España, que se decía también, creo que puedo decir que no, aunque nunca se sabe. Una gran profesional con la que trabajé hace muchos años en Telecinco.
«Los medios están en manos de empresarios afines. El cuarto poder no existe»
P.- De todos estos que se están yendo… Volvemos otra vez para ir a lo siguiente. De Alsina, que se va a la retaguardia, y de Àngels, que se va de la SER, ¿tiene pensado cortarse la coleta?
R.- Yo me divierto mucho haciendo esto. Y lo que llamas retaguardia, que Alsina tampoco ponía en valor, la segunda parte de un programa de mañana, cuando el ritmo se atempera y te acercas al humor, al arte o al espectáculo, es la parte más divertida de la radio. Creo que Carlos ha tomado una decisión muy inteligente. Seguramente no es buena para la casa, pero para él es muy inteligente y se va a divertir mucho. Yo me divierto mucho. En la etapa anterior de Radio Nacional de España, con un equipo magnífico y con Luis Fernández al frente de la Corporación, conseguimos aumentar considerablemente la audiencia de la radio pública en cinco años. Ahora son otros tiempos y hay equipos diferentes, pero me he propuesto intentar aumentar la audiencia de la radio pública.
P.- Pero no me está contestando a la pregunta, Juan Ramón.
R.- ¿Cuál era la pregunta?
P.- ¿Cuándo piensa cortarse la coleta?
R.- Cuando me canse o no pueda hacer esto. Te he dicho antes que cuando termine la etapa de Radio Nacional, espero volver al podcast y seguir haciendo cosas. Estoy en edad de jubilación, tengo 67 años y soy muy mayor, pero me divierto tanto que, mientras me queden fuerzas, seguiré haciendo este trabajo. Es verdad que me apetece mucho irme a Asturias, estar con mis caballos y escribir, que es lo que más me gusta del mundo; pero me pone tanto el micrófono, la tensión del directo, el día a día y la conversación como esta que tengo contigo —aunque esta es más incómoda porque es un bodrio que te entrevisten—…, pero mientras lo siga disfrutando y tenga la oportunidad, lo voy a hacer. Pueden decir: «No, Juan, deja paso a la gente joven». Por supuesto, pero voy a hacer cosas que no os resten oportunidades, como estar en un podcast. Es posible que los que llevamos años, aunque solo sea por la experiencia de estar frente a la cámara o el micrófono, podamos enseñaros algo. Aunque a mí me pasa al revés: ahora estoy trabajando con gente mucho más joven que yo y aprendo de ellos todos los días.
P.- ¿De todas las modernidades de las redes?
R.- No solo eso, sino de la forma distinta de enfrentarse a la actualidad. Yo puedo enseñar algunos viejos trucos o el valor de la constancia y a mirar las cosas de otra forma; pero el lenguaje, el espíritu y la manera de enfrentarme a un mundo distinto me lo enseñan ellos todos los días. Y bueno, gente como Lara Hermoso, con la que sigo compartiendo las mañanas de Radio Nacional, es una tipa con una mirada tan crítica y tan inteligente de las cosas que me enseña muchísimo, especialmente ella.
P.- Decía hace un par de años que su cabeza, por ahora, estaba más aquí que en Asturias. ¿Sigue estando más aquí que en Asturias?
R.- Los días de diario, sí. Los fines de semana, cuando voy allí y estoy con mis caballos, sentado entre ellos en silencio… quiero estar allí. Pero tienes que dividir los sitios donde puedes ser feliz para apurar la vida y disfrutarlo todo.
P.- ¿Es usted asturiano?
R.- De nacimiento no, pero sí de origen y con un reconocimiento del que no suelo hablar porque me parece inmodesto, pero lo voy a decir con orgullo: soy reconocido como hijo adoptivo de Asturias institucionalmente por el Parlamento asturiano. Eso me hace sentir un gran orgullo de la asturianía, sí.

P.- Después de esta conversación, o de lo que llevamos hasta ahora, casi podríamos decir que la política, como una buena fabada, ¿le provoca a usted ventosidades?
R.- No, porque procuro digerirla bien y no llevarla por donde se pueda descontrolar, pero me cansa un poco. Sobre todo el juego al que nos invitan cada día los equipos y los estrategas de los partidos políticos. A mí no me gusta trabajar para un partido o una ideología, aunque sean los míos. Cuando me quieren vender cosas que no son, me irrita especialmente.
La política, desde el punto de vista de la mirada del periodista, se ha convertido en un territorio de declaraciones o filtraciones, cuando debería seguir siendo la ciencia del bien común y saber enfrentarse a la crítica. Yo creo que hay una censura social y una crítica de los medios de comunicación que la política lleva mal. Es lo que hay, pero ni me gusta ni me resigno a aceptarlo.
El juego político actual está muy condicionado por el ritmo de la división de las redes sociales y el yoísmo potenciado por estas plataformas. No es un universo grato. Hablo de política e intento digerirla para servirla lo mejor posible para que los oyentes de RNE se hagan una opinión, pero no es un espacio en el que me sienta particularmente cómodo.
«Tengo 67 años, pero mientras me quede fuerza seguiré haciendo esto»
P.- Y en su universo, en el que se siente usted particularmente cómodo, que es el personal, ¿quién sería Juan Ramón sin Sandra?
R.- En todas las parejas que llevan más de 20 años hay una evidencia incontestable, aunque a veces no la sientas. No eres nada sin la compañera. No porque tu vida o tus acciones dependan de ella, sino porque es una vida inconcebible sin ella. No es una cuestión de dependencia, sino de caminar igual. Cuando caminas solo, vas en una dirección. Cuando caminas con alguien, puedes llevar la misma, pero siempre te va aportando crítica, risa, llanto, alegría… y todo eso condiciona tu forma de ser y de actuar.
Sandra ha condicionado mi vida igual que yo condiciono la suya. Lo que yo soy es fruto de nuestra relación, igual que lo que ella es es fruto también de esa historia. Cuando has pasado tanto tiempo con tu pareja, cuando has aprendido a conocerte y a soportarte, cuando has superado muchísimas crisis, y sabes cómo respira el otro, no puedes pensar que lo que eres es solo obra tuya. Es imposible.
P.- ¿De qué le ha salvado Sandra, si le ha salvado de algo?
R.- De muchos errores. Es una persona mucho más prudente y ordenada que yo. Eso me ha llevado a ser más prudente y organizado en casos en los que mi carácter no lo marcaba. También me ha enseñado a apreciar el valor de la salud, la constancia y lo importante que es escuchar de verdad a las personas cuando te hablan, porque eso ella lo hace muy bien. Yo le puedo haber enseñado otras cosas, pero básicamente diría que he aprendido más de alguien que tiene la cabeza mejor amueblada y es mucho más ordenada y más generosa.
P.- ¿Se arrepiente usted de algo?
R.- Siempre te arrepientes de cosas. Cada día que pasa me arrepiento de no haber hecho bien esto o esto otro. En cada entrevista que hago me arrepiento de no haber formulado la pregunta adecuada. Cada vez que ejerzo mi trabajo o me relaciono con personas que quiero, estoy preparado para arrepentirme de algo que haya hecho mal. Soy muy autocrítico y para serlo —no para flagelarte— tienes que saber que puedes arrepentirte de cosas.
Si hablas de arrepentimientos de situaciones que han marcado tu vida, a mí me hubiera gustado estar más cerca de mis hijos cuando eran pequeños. No es que me arrepienta, pero ahora lo haría de otra forma. En cuanto a la profesión, en algunos momentos de mi vida he sido excesivamente generoso conmigo mismo como para pensar que iba a resolver las cosas rápidamente y que encontraría salida pronto. La vida me ha enseñado muchas veces a no creerte más de lo que en realidad eres. Ahora lo haría de otra forma.
P.- ¿Se le da mejor pedir perdón o perdonar?
R.- Es una buena pregunta. Creo que es más fácil para mí perdonar.
P.- ¿Y ha perdonado?
R.- Sí, yo perdono. Perdono porque cuando no lo haces, vives tú con esa culpa; incluso con la culpa del que te ha hecho daño.
P.- Si tuviese que enviar a alguien al infierno de forma metafórica —sin matarlo, simplemente una persona que a usted no le guste—, ¿a quién sería?
R.- A cualquier maltratador de mujeres o niños. A cualquier mentiroso manipulador de la política, a los tiranos, a la gente que engaña y manipula para llevarse lo de los demás, pero sobre todo a los que hacen daño a los más débiles.
P.- Si tuviese que enviar a alguien al cielo, por lo contrario…
R.- Siempre pienso en la gente que renuncia a lo suyo para que los demás vivan mejor, y hay mucha gente que lo está haciendo. Hay personas cuyos mensajes generosos se conocen poco o se valoran poco, pero toda esa gente que basa su acción vital en hacer el bien merece el cielo y debería tenerlo en la medida en que exista en esta tierra.
P.- ¿Y si tuviese que enviar a alguien al purgatorio?
R.- Si tuviese que enviar a alguien al purgatorio a sanarse el ánimo, sería a todos los que creen que todo está perdido y no luchan por conseguir lo que quieren. A los derrotistas, porque hay que luchar siempre. También a todos los que se engañan, a los que creen que llorar es de cobardes y a los que piensan que no hay que dar segundas oportunidades. A todos esos los llevaría al purgatorio para que lo revisen un poquito.
P.- Juan Ramón Lucas, muchísimas gracias por estar aquí, ha sido un placer.
R.- Gracias a ti. Un placer. He aprendido mucho de ti.
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