Seducción

Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus. 

"Cariño, no es lo que parece"

"Cariño, no es lo que parece"

El género epistolar de alcoba siempre ha tenido su aquel, y yo voto sin miedo por recuperarlo con la dignidad y el lustre que merece. Recordemos aquel bonito «¿Te lleno el depósito?» del Príncipe Charles a su por entonces amiga Camila.

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