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Cultura

Filosofía entre ciberpunk y raves: conoce a los Kroker

‘Hackeando el futuro’ (Holobionte, 2021) es una antología que recopila por primera vez en español los proféticos artículos de la cibercultura de la mano del dúo filosófico pionero que fueron Arthur y Marilouise Kroker

Filosofía entre ciberpunk y raves: conoce a los Kroker
ArtForum vía Holobionte Ediciones

Aparecen este octubre publicados por primera vez en español los artículos de Arthur y Marilouise Kroker, un poderoso dúo filosófico de la cibernética y la teoría-ficción. Holobionte es la editorial encargada de la difusión de Hackeando el futuro: estética de choque, teoría pulp y ciberpunk, una recopilación que nos invita a repensar el presente tecnológico asumiendo que estamos ya en la distopía que nos transporta a la línea de tiempo de Blade Runner y de las novelas de William Gibson.

Hablo por teléfono con el director de la editorial, Federico Fernández Giordano, quien me libra del embrollo de confundir la antología con otra de similar nombre publicada por los Kroker en los noventa. Me explica que tiene una parte similar del título porque el proyecto ha pasado por varias fases desde que contactara con el matrimonio en 2018, poco antes que falleciera Marilouise. Desde entonces este proceso «emotivo» ha pasado de la idea inicial de traducir sus textos de análisis del post-estructuralismo francés, una fase intermedia de recopilación de los textos ciberpunk hasta el resultado definitivo que ofrece una ventana a su trayectoria filosófica desde 1989 hasta 2010. 

Matrimonio filosófico

¿Quiénes son esta pareja de filósofos que operan a martillazos al son de una rave? Ambos son canadienses nacidos en los años cuarenta que estuvieron juntos desde el matrimonio en 1971 hasta la muerte de ella en 2018. Arthur y Marilouise Kroker fueron escritores, conferenciantes y editores en el ámbito de la tecnología y la cultura contemporánea a los que Kathy Acker definió como «los nuevos novelistas de la cultura digital». 

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Imagen de la web CTheory vía Web Archive.

Arthur Kroker estudió en la Universidad McMaster, donde se doctoró en Ciencias Políticas en 1975. También fueron fundadores y editores de la revista Canadian Journal of Political and Social Theory (CJPST), en 1976 en la Universidad de Winnipeg. Ellos y la CJPST se trasladaron a la Universidad de Concordia en 1981. El objetivo del CJPST era ofrecer un punto de encuentro para la teoría política, social y cultural, tanto en Canadá como en el resto del mundo. 

«El ciberpunk es en sí mismo una sensibilidad artística que se extiende desde Artaud, Nietzsche y Burroughs hasta todos esos fabulosos hackers digitales del futuro»

En 1993, los Kroker relanzaron la revista en formato electrónico en Internet con el nombre de CTHEORY: Theory, Technology and Culture y posteriormente publicaron la serie de monografías New Worlds Perspectives (Perspectivas de nuevos mundos), en la que fueron editores de la serie CultureTexts. Desde su labor al frente de CTheory Books colaboraron con autores como Jean Baudrillard, artistas como Stelarc y David Therrien, y músicos como Steve Gibson y David Kristian.

Sus primeros textos suponen un crítico análisis de la televisión en un momento de profunda tecnofilia y una actualización de los paradigmas de la comunicación de masas digital desde Marshall McLuhan. También abordaron la cuestión del género en obras como The Hysterical Male: New Feminist Theory (El hombre histérico: Nueva teoría feminista) y The Last Sex: Feminism and Outlaw Bodies (El último sexo: feminismo y cuerpos fuera de la ley). 

Hackeando el futuro

¿Pueden existir profetas de lo digital? Los artículos que recopila Holobionte son antológicos por la visión única que ofrecen deconstruyendo la cibercultura y emplazando el presente entre los escombros culturales de los años noventa. Nos remite al inicio del pánico moral, al contagio viral, al tiempo que prevé la aparición de un gran algoritmo americano que hará de su monopolio del software una fuente de poder mundial como ha sucedido con Silicon Valley.

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Imagen vía Editorial Holobionte.

Otro motivo es que desarrolla teoría-ficción para describir la experiencia incipiente, ahora universal, de la carne digital y el deseo de reubicar la certeza del cuerpo entre tecnologías, que convierte a la verdadera carne en un excedente. A partir del análisis de la música noise convierten a los programadores en los nuevos santos y herejes. En los ciberclubs descubren «una cultura que se ha desvanecido en el oscuro vórtice de la electrónica». El tercer motivo es que funcionan como oráculos de la carne de datos, las mentes chip, la filosofía del hipertexto, el nanoarte o el cibersexo. 

Su propuesta pasa pues por «la apropiación y resistencia, inmersión y desplazamiento, velocidad y memoria. […] favoreciendo cortes, interrupciones, saltos, volteretas y rápidos vuelcos; operando según la estrategia estética dual del distanciamiento […] porque busca sobrecargar la frontera electrónica para someter el universo de los datos al hechizo fatal de la violencia de la velocidad». 

Entrevista lumínica

Establezco contacto cibernético con Arthur Kroker para hablar sobre su recién publicada antología y con amabilidad desarrolla cada una de las preguntas. Mi primer comentario es una especie de impresión general al terminar la lectura de que vivimos en bucle en la temporada número treinta de una serie de televisión que empezó en los noventa: «Los años ochenta y noventa establecieron los códigos clave que rigen la vida en el siglo XXI. En concreto, lo que comenzó como una lucha ideológica entre el anarquismo ciberpunk de Mondo y el modelo de negocio tecnológico de la revista Wired se convirtió rápidamente en una guerra global entre dos concepciones muy diferentes del futuro de Internet: el dominio de las plataformas tecnológicas frente a las ciberinsurgencias en nombre de una red abierta, democrática y sin vigilancia que se inclina hacia la justicia social. Evidentemente, las plataformas tecnológicas han ganado, al menos por el momento, pero, como indica la reciente decisión de Facebook de cambiar su nombre, la batalla no ha terminado».

«Las plataformas tecnológicas han ganado, al menos por el momento, pero la batalla no ha terminado»

Al afirmar que la batalla sigue latente convenía preguntarle, precisamente a Arthur Kroker, sobre el estado de salud del ciberpunk sobre el que tanto ha teorizado: «En cuanto al ciberpunk, es un concepto insurgente en constante evolución. Hoy en día, el espíritu del ciberpunk está en todas partes, especialmente entre los jóvenes que han abandonado instintivamente el modelo jerárquico de las plataformas tecnológicas en favor de una forma de pensar abierta, democrática, acogedora de las contradicciones, comprometida con la justicia social y centrada en lo global en lo local y viceversa. Yo llamo a esto la generación cuántica y es definitivamente la tendencia del futuro. Al final, el ciberpunk es en sí mismo una sensibilidad artística que se extiende desde Artaud, Nietzsche y Burroughs hasta todos esos fabulosos hackers digitales del futuro, desde el vorticismo de Wyndham Lewis hasta los nuevos giros cibernéticos de un futuro en red siempre fluido».

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Arthur Kroker en una imagen reciente. | Foto: cedida por Holobionte.

Otro de los asuntos que se ha mantenido en constante evolución desde el siglo anterior es el feminismo, sumido ahora en sus propias guerras culturales y sus propias vanguardias: «Todo se mueve hoy en día en la dirección de la fluidez de género con la ruptura de las divisiones tradicionales de género y el debilitamiento de las concepciones obsoletas de la masculinidad. Cuando la cuestión del género irrumpe en el universo fluido de la cultura de la red, el género estalla en mil pedazos chispeantes: tanto las nuevas formas de masculinidad como el feminismo. El ciberfeminismo es importante porque es, al final, la fuerza motriz que acelera el colapso de las fronteras de género hasta ese punto en el que el género significa una visión bellamente fluida del cuerpo, la sexualidad y el mismo género». 

«El mundo ya se ha vuelto cuántico pero la conciencia popular y la lógica del viejo sistema tecnológico no se han puesto al día con este asunto»

La antología también nos proporciona una perspectiva única sobre el desarrollo de la teoría-ficción en los escritos de los Kroker, una técnica que recuerda las Cool Memories de Jean Baudrillard, popularizada actualmente por filósofas feministas o el CCRU (la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética, CCRU por su nombre en inglés Cybernetic Culture Research Unit). «El mundo ya se ha vuelto cuántico −comenta al respecto Kroker− pero la conciencia popular y, sin duda, la lógica del viejo sistema tecnológico no se han puesto al día con este asunto. En un mundo cuántico, las contradicciones son siempre verdaderas, todo es partícula y onda al mismo tiempo, la indeterminación es la regla y la fluidez una forma de vida digital. La teoría-ficción es la única forma posible de describir las escenas-acontecimiento, así como los códigos generales del mundo cuántico. Proporciona un nuevo vocabulario para ese mundo cuántico que experimentamos tan intensamente en la actualidad. Básicamente, vivimos en una época de ‘retraso conceptual’ (concept lag), ese punto en el que las formas tradicionales de pensar y escribir son inadecuadas para describir la vida a través de los cables».

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Tecnologías de lo nuveo real es el más reciente libro de Arthur y Marilouise Kroken.

Presente pandémico

De los muchos elementos proféticos que contiene la obra de los Kroker es probable que al lector neófito le sorprenda el modo en que sus descripciones del pánico global sirven para describir nuestras recientes relaciones pandémicas, individualmente o a nivel estatal.

El pánico global estaba presente en la paranoia frente al VIH, en la acumulación de materiales al inicio del confinamiento o actualmente en la crisis de suministros: «Todo el sistema está muriendo hoy por su falta de energía, y está en un estado de pánico total. A un mundo real fluido, contradictorio y desordenado, el sistema sólo puede responder con la vigilancia del Estado, la austeridad como forma de controlar a los trabajadores y los algoritmos que, muy intencionadamente, pretenden diseñar las mentes. Pero hay fugas y averías por todas partes. No sólo problemas en la cadena de suministro, sino también la fuga de mentes y cuerpos que se mueven a velocidad de escape hacia visiones radicalmente diferentes de la experiencia humana. Está en todas partes: protestas en las calles, rebeliones en la red, rechazos individuales cotidianos a vivir en un mundo que es una gran plataforma tecnológica higiénica, controlada y estéril». 

«A un mundo real fluido, contradictorio y desordenado, el sistema sólo puede responder con la vigilancia del Estado, la austeridad como forma de controlar a los trabajadores y los algoritmos que pretenden diseñar las mentes»

Todo ese duro golpe de realidad frente a la habitual tecnofilia nos remite a los parajes distópicos tan frecuentes en el ciberpunk. Eso se debe a que la catástrofe no solo se extiende en el pasado y el presente; también supone nuestra incapacidad para imaginar mejores futuros como nos recuerda Arthur: «Entonces, el pánico al futuro. Ese es el futuro que se extiende ante nosotros ahora como la vida en plataformas tecnológicas limitadas en su visión a la expansión de la forma-mercancía, autoritarias en sus mecanismos de control, moldeadas por la publicidad y la valoración bursátil, y absolutamente atentas a diseñar la conciencia, las emociones y las preferencias a escala masiva. Pero no sólo en Internet bajo el signo marchito del capitalismo digital, sino cada vez más en la vida cableada como una gran extensión de los poderes de control político, con la vigilancia masiva, los archivos de datos o el rastreo de los instrumentos más nuevos del estado de vigilancia. El sistema actual está muriendo y lo sabe. Se puede oír el pánico en su voz (digital)». Frente el eco de las sirenas del pánico global y un sistema que se muere nos queda una cacofonía de sampled noises para reimaginar el futuro. 

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