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Los autores 'malpagados' de Malpaso se rebelan: "Hay mucho descontento y se han creado muchos enemigos"

Foto: Malpaso

Los rumores sobre el pobre estado de salud de la editorial Malpaso se han ido confirmando, uno por uno, en las últimas horas. El patíbulo público de las redes sociales expuso ante todos las dificultades económicas que sufre la empresa y las consecuencias terribles que tienen sobre sus colaboradores, que esperan con una paciencia agotada la remuneración adeudada durante tantos meses.

Los números rojos sorprenden en el caso de Malpaso, no tanto por la vigorosidad del mercado literario –todos sabemos que no es una mina de oro– como por el músculo financiero que sostiene al grupo. Detrás del proyecto se encuentra el magnate mexicano de la construcción Bernardo Domínguez, cuya fortuna se cuenta por millones. Vino a Barcelona con la firme determinación de crear una editorial capaz de competir con Random House y Planeta, y en algunos casos les plantó cara. Su catálogo cuenta con dos Premios Booker –los más importantes en lengua inglesa–, firmas brillantes de la crónica y la literatura contemporánea y algunos colosos esenciales del siglo.

A Domínguez le gustaba imponerse a golpe de talonario: en el mundillo se conoce bien que algunos autores recibían anticipos de 10.000 euros –una cantidad monstruosa para una editorial de su tamaño– o que pagó un cuarto de millón de euros por los derechos de las memorias y escritos de Bob Dylan, una vez le entregaron el Nobel.

Esta política de faraón derivó en una situación extrema y decenas de trabajadores y colaboradores soportan con nervios y entre penurias los retrasos en los pagos. El escritor Galder Reguera encendió la mecha con un tuit: “Terminaremos en los juzgados. No pienso parar. Estoy harto de que en este país el creador sea la parte más débil de la industria cultural”. Malpaso no se vio venir la rebelión: pronto se formó un torbellino en torno al hashtag #MalpasoPagaYa donde decenas de afectados compartían sus historias y protestas.

Un autor me cuenta con resignación que todavía le deben dinero y que son demasiados los que se encuentran en su pellejo. “Hay mucho descontento y se han creado muchos enemigos, mucha amargura”, lamenta. “Su error ha sido la desmesura, no saber controlar su fuerza. Creo que la editorial tomó algunas decisiones catastróficas, muchos errores por querer crecer demasiado deprisa. Gastaban más dinero en marketing que en pagar a los autores o cuidar a los traductores”.

El dinero no solo se destinaba al apartado comercial: Domínguez desató el ferviente deseo de construir un imperio editorial. La perdición llamó a su puerta y en 2016 incorporó al grupo Los Libros del Lince y Dibbuks. En 2017, Biblioteca Nueva –que integraba a su vez Salto de Página y Minerva–. Las partidas económicas se destinaron también a la contratación de personal: la plantilla creció sustancialmente. “Era muy ilusionante”, afirma un portavoz de Malpaso, “pero las ventas no acompañaron”. La inversión perseguía una ampliación de catálogo que derivara en una facturación más generosa. The bigger, the better. Así que el desengaño al comprobar el fracaso fue inmediato y supuso un mazazo casi definitivo para el proyecto.

El colaborador de uno de los nuevos sellos del grupo cuenta que las condiciones antes de Malpaso eran fantásticas, que se cobraba bien y al día. Sin embargo, la entrada de la empresa hispanomexicana lo cambió todo. “Yo llegué a acumular una deuda de 2.400 euros y les dije que no iba a trabajar más hasta que me pagaran todo. De pronto, un mes y medio después, lo hicieron”. Pero aquel hecho no fue una anécdota aislada: siguen debiéndole dinero de otros trabajos para el grupo desde hace medio año. Tampoco recibe respuestas a sus preguntas: “Hace tiempo que he dado ese dinero por perdido”.

Las amistades de Domínguez en la ciudad, como sus decisiones, tampoco fueron las mejores. Algo más que su proximidad con Jordi Pujol Ferrusola, el hijo mayor del expresidente catalán, le ha costado un interrogatorio ante el juez José de la Mata en la Audiencia Nacional bajo la sospecha de crear entramados para ocultar una fortuna de 28,5 millones de euros de la gran familia. El tribunal lo dejó en libertad con medidas cautelares y le retiró el pasaporte.

Su empresa editorial no puede sobrevivir sin sus aportaciones millonarias. En 2016 tuvieron que hacer una recapitalización superior a los 3,5 millones de euros, y la idea era repetir la jugada con unas cantidades similares en el verano de 2017. Pero el dinero no llegó. Solo pequeñas aportaciones mensuales que no daban para tanto compromiso. “Se fueron pagando cosas pendientes, pero es que había tanto que no se podía pagar todo”, me cuenta el portavoz de la editorial. “Por eso hay un mogollón de gente que estaba cabreada. Es comprensible y tienen el derecho a exigir lo que se les debe. Tan pronto como se pueda se irá cancelando todo”.

 

Un plan para recuperar la cordura en Malpaso

Así que ahora el objetivo es distinto: pagar todo lo que deben y desarrollar una estrategia de desarrollo sostenible, sin grandes dispendios, con mayor mesura. Lo primero que tuvieron que hacer tras el fracaso de época fue reducir personal, cambiar de oficinas –contaban con una enorme en la Gran Vía barcelonesa–. Por otra parte, pretenden emplear fórmulas contractuales más ventajosas, como sustituir contratos fijos por contratos de freelance para aliviar la carga salarial.

La gestión ruinosa de la editorial ha afectado tanto a los autores y colaboradores como a los propios trabajadores de la empresa, que son las víctimas silenciosas del proceso. “Nosotros mismos somos damnificados”, me explica un exempleado del grupo. “Los despidos no han sido bonitos, y encima se ha despedido a la gente sin dinero para indemnizarlos, algo que no contempla la legislación española. Las hemos tenido que pelear, hemos cobrado en partes, y hasta que no firmas la indemnización y cobras el despido, no puedes ir al paro. Los extrabajadores de Malpaso también podríamos poner el hashtag de #MalpasoPagaYa. Y jode porque el hombre [Bernardo Domínguez] tiene dinero”.

La misma fuente detalla que desde su llegada a la empresa vio señales que le hicieron activar el estado de alerta: la demora para firmar el contrato, para cobrar la nómina, los impagos a colaboradores y traductores. “Fui un espectador del declive”. Todo aquello, cree, tiene una explicación que dibuja con claridad. “Las claves para comprender el problema de Malpaso son la arrogancia y el desconocimiento del sector editorial español por parte de la dirección y la incompetencia del departamento financiero. Estos dos factores combinados son un desastre. Por muy bueno que sea el equipo editorial, por muy buenos libros que saquen, si la empresa está en manos de alguien con mucho dinero y poca idea, se estropea el proyecto. Y por el camino queda mucha gente…”.

“Se van a pagar todas las cuentas pendientes de aquí a final de año

Además, considera que los tiempos de escasez tras el festín romano alimentaron una atmósfera tirante y triste, aquello fue menguando sus ánimos: “Lo que me afectó, más que las dificultades, fue el mal ambiente de trabajo. La falta de recursos acabó afectando a todos y las peleas con finanzas eran constantes”. Luego se toma un respiro y zanja la conversación con una frase que contiene todo su discurso: “Malpaso funcionaba mientras funcionaba el grifo de México”.

Algunos de estos puntos, con leves matices, los confirma el propio portavoz de la editorial: “Sí se produjeron algunas dificultades en el día a día al no haber recursos, se crearon incomodidades. Pero siempre ha habido muy buena convivencia entre todos y mucha ilusión en el proyecto”.

Muchos adeudados temen que el grupo cierre y la posibilidad real de cobrar se esfume para siempre. Esta duda la disipa el portavoz de un plumazo: “El proyecto no se va a morir, hay un compromiso firme y una apuesta por parte del dueño de que se va a continuar y de que se van a pagar todas las cuentas pendientes de aquí a final de año”.

En miras de cumplir con su palabra, Malpaso ha diseñado un plan para reducir la tirada desmedida que tiene actualmente –una bajada de entre el 30 y el 40 por ciento– y adecuar el número de trabajadores a la realidad del momento. Esto significa que los libros publicados –en torno a 190 para todo el grupo, siendo entre 45 y 50 solo de Malpaso– caerán irremediablemente y que la plantilla, que se acercó el medio centenar de personas, quedará en la mitad, distribuidos “entre 12 y 15” en Barcelona y “unos 10” en Madrid. “La idea”, resume, “es volver a un estado más normal, como había antes de la compra de editoriales”.

[Nota del autor: Existe una razón por la que las diversas fuentes consultadas para este reportaje han solicitado el anonimato: lo han hecho movidos por el temor y la prudencia. Uno de los entrevistados lo expresa con claridad: “Imagínate que eres traductor y te quejas. Pues luego no te pasan trabajo o vete a saber el director de esa colección dónde va a estar en el futuro. Esa es la realidad”. El mundo literario en España es lo suficientemente pobre, inclemente y pequeño como para permitir ciertas licencias declarativas].

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