La etapa de Arguiñano en Argentina: «Allí no tenía que mirar debajo del coche todas las mañanas»
El cocinero se marchó a mediados de los años 90 al otro lado del charco donde estuvo durante cuatro años

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres
Karlos Arguiñano tardó un tiempo en rozar el éxito. El cocinero no comenzó en el mundo de la gastronomía y se hizo famoso; tuvo que luchar mucho para ganarse un hueco y, sobre todo, tuvo la suerte de recibir un contrato que le cambió la vida. Antes de eso, decidió marcharse hasta Argentina para poder tener una rutina más cómoda, económicamente hablando. Aunque eso sí, luego acabó volviendo hasta Zarauz, la localidad vasca donde reside y en la que ha montado varios negocios. En su etapa al otro lado del charco, además, Arguiñano conoció a María, una joven a quien decidió adoptar y quien se volvió con él cuando, tanto su mujer como el cocinero, decidieron volver a casa.
Pero ¿por qué Arguiñano tomó la decisión de comenzar una nueva etapa en Argentina? Ha sido él mismo quien ha dado las claves de las razones que le llevaron a tomar esta complicada determinación. «Argentina para mí fue un regalo del cielo. Yo llegué allí y me trataron como si fuera de la familia desde el primer minuto. Me decían: ‘Gallego, ¡qué bien que viniste!’. Fui para probar y me terminé quedando cuatro años porque aquello era una locura de cariño», ha contado. Además, ha confesado que allí pudo «respirar». «Aquí en el País Vasco las cosas estaban muy tensas, muy feas. Estábamos todos con el corazón en un puño y yo, como empresario, estaba muy marcado. Allí no tenía que mirar debajo del coche todas las mañanas, y eso para mí y para Luisi (su mujer) fue la mayor tranquilidad del mundo», confesó, haciendo referencia a una etapa en la que la banda terrorista ETA tenía atemorizada a la población.
Arguiñano se mudó a mediados de los 90 hasta Argentina

Y es que la televisión Argentina le ofreció un contrato que no pudo rechazar. «Yo siempre he sido de hablar, pero allí me encontré con maestros. Me traje de vuelta el ‘queridos amiguitos’ y esa forma de conectar con la gente más allá de la receta. Argentina me hizo mejor comunicador y, sobre todo, me quitó mucha tristeza que traía de aquí», ha explicado alguna vez. Aunque eso sí, hubo un momento que marcó un antes y un después. Tuvo una conversación con su mujer, Luisi, en la que decidieron hacer las maletas y volver, de nuevo, a la tierra que les había visto crecer, tanto personal como profesionalmente.
«Hubo un momento en que Luisi y yo nos miramos y dijimos: ‘¿Y si no volvemos?’. Se vivía tan bien, con esa alegría a pesar de los líos que tenían ellos también… Pero la tierra tira mucho, y Zarautz es Zarautz. Volví con las pilas cargadas y con la sensación de que el mundo era mucho más grande que mi cocina», explicó. Y lo cierto es que la llegada al País Vasco fue del todo fructífera; encontró un nicho dentro del mundo de la cocina y comenzó a publicar sus propios libros y a dirigir sus programas. A raíz de esto decidió expandir sus negocios abriendo su propia productora, un hotel-restaurante y hasta una bodega. En los últimos tiempos, además, también se ha hecho con un equipo de pelota-vasca, cumpliendo, así, un sueño desde niño.
«Hubo un momento en que Luisi y yo nos miramos y dijimos: ‘¿Y si no volvemos?’»
Como decíamos, su etapa en Argentina marcó un antes y un después en su vida. Allí encontró una nueva familia y, también, adoptó a María. Ella era la persona que le ayudaba con los programas de televisión y viendo la destreza con la cocina, le propuso que se marchara junto a él y su familia hasta el País Vasco. Una propuesta que María no rechazó. Ahora, la mujer forma parte del hotel-restaurante en Zarauz, donde se encarga de supervisar los platos que salen de la cocina. Además de crecer a nivel personal, Arguiñano firmó un contrato que hizo que diera un salto profesional.
Fichó por Canal 13, uno de los canales más importantes de Argentina. El formato era similar al español, pero adaptado al público local. En ese momento, comenzó a usar términos argentinos para que las señoras lo entendieran —decía «morrón» en lugar de pimiento, «frutillas» por fresas o «manteca» por mantequilla—. Sus chistes y su naturalidad rompieron con la televisión argentina de la época, que era más formal. Los argentinos, que valoran mucho la labia y el carisma, conectaron con él al instante. Llegó a tener picos de audiencia impensables para un programa de cocina matinal, convirtiéndose en el líder absoluto de su franja.

Como él mismo ha comentado, Arguiñano trabajaba a un ritmo frenético. Como seguía manteniendo negocios en España, grababa los programas en bloques. Grababa hasta tres y cuatro programas por día. Esto le permitía pasar temporadas en Argentina y luego regresar a Zarautz para supervisar su hotel y restaurante. Llegó a grabar más de 1.000 programas en suelo argentino. Lanzó varios libros de recetas adaptados al paladar argentino —donde la carne es la reina—. Sus libros fueron bestsellers inmediatos, presentes en casi todos los hogares del país. También popularizó sus famosos utensilios, como el pelapatatas o sus sartenes.
Su vuelta a Zarauz
Arguiñano no se limitó a trabajar; se integró en la vida porteña. Se hizo muy amigo de figuras locales como el humorista Luis Landriscina —de quien aprendió muchos chistes y el arte de la pausa narrativa—. Viajó por todo el país, desde la Patagonia hasta Salta, conociendo los productos locales y ganándose el respeto de los asadores argentinos, que no son fáciles de impresionar. Cuando Karlos Arguiñano regresó a España en el año 2000, lo hizo convertido en una figura mediática reforzada, pero se encontró con un panorama televisivo y empresarial que tuvo que volver a conquistar.

A su vuelta, fichó de nuevo por Telecinco, pero ya no era solo el cocinero gracioso de antes. Venía con tablas de showman internacional. Introdujo un ritmo mucho más dinámico en sus programas. Logró cuotas de pantalla (share) que hoy parecen imposibles para un programa de cocina —superando con frecuencia el 25% o 30%—. Su regreso coincidió con el fortalecimiento de su propia productora, Bainet. Ya no solo producía su programa, sino que empezó a producir el de otros —como el de su hermana Eva Arguiñano, el de Bruno Oteiza o programas de bricolaje como Bricomanía y de jardinería como Decogarden—.
Con el paso del tiempo, el cocinero se ha convertido en todo un magnate de sus propios programas de televisión. Durante su etapa en Argentina, tanto él como su mujer se encargaron de mantener a flore sus negocios en España. A su regreso, aunque ETA seguía activa, sí que es cierto que el clima social era más de agotamiento y cambio. Además, logró convertirse en una figura de consenso; alguien a quien todo el mundo quería, independientemente de su ideología. Aunque su regreso fue a Telecinco, la inercia de éxito que trajo de Argentina fue tan grande que años más tarde —en 2010—, protagonizó uno de los fichajes más sonados de la televisión al pasarse a Antena 3, donde continúa hoy en este 2026 como líder absoluto.

En una entrevista en laSexta noche, Arguiñano confesó que su tiempo en Argentina fue «maravilloso». «Fíjate si estaba a gusto, que el primer año estuve solo, pero el segundo ya me llevé a Luisi y a los hijos… Allí respiré. Allí no tenía que mirar debajo del coche todas las mañanas, y eso no tiene precio», explicó.
