Salvador, el padre arquitecto de Pablo Alborán: famoso en Málaga e hijo de un marqués con mucha historia
El reconocido cantante andaluz se sienta esta noche en ‘El hormiguero’ para hablar de sus proyectos profesionales

Pablo Alborán, en una imagen de archivo. | Gtres
Pablo Alborán se sienta, esta noche, en El hormiguero, para hablar de música. El cantante, que puede presumir de ser uno de los más famosos de nuestro país, pero lo cierto es que su familia está muy alejada de todo este mundo. Es más, el padre del malagueño, Salvador, es muy conocido en la ciudad andaluza, pero no por su música, sino por su labor como arquitecto. Salvador Moreno de Alborán Peralta nació en Málaga a mitad de los años 40.
Se graduó en Arquitectura por la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. En todo este tiempo, ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en la ciudad que le vio nacer, donde es ampliamente conocido. Entre los edificios que ha construido, destaca la Facultad de Derecho, así como los centros comerciales Larios y Málaga Nostrum. También, ha trabajado en la rehabilitación de varios edificios como el Mesón de San Rafael y la ciudadela de Melilla La Vieja en Melilla. Gracias a este último recibió el premio Europa Nostra en 1999.
Salvador, el padre arquitecto de Pablo Alborán

En sus proyectos como urbanista, destaca el Plan de Rehabilitación de Trinidad-Perchel y el PGOU de Málaga de 1983, que fue premiado con el premio Nacional de Urbanismo. Salvador es un arquitecto muy respetado en Andalucía. Su estudio en Málaga ha estado detrás de proyectos importantes de restauración y diseño. Se le conoce por su capacidad para integrar la modernidad con el respeto a la tradición arquitectónica mediterránea. El propio Pablo ha confesado que la disciplina de su padre y su ojo para la estética han influido en su forma de componer. Salvador siempre le inculcó que la música, al igual que la arquitectura, necesita una estructura sólida para no derrumbarse.
Salvador pertenece a una familia con solera y linaje. Es hijo del primer marqués de Alborán, el Almirante Francisco Moreno Fernández —título concedido por Alfonso XIII—. El apellido está ligado a la Isla de Alborán. Aunque Pablo no utiliza el título nobiliario, Salvador ha mantenido siempre esa elegancia y saber estar propia de su origen, algo que ha transmitido a sus tres hijos —Casilda, Salvador y Pablo—. A diferencia de otros padres de artistas que buscan el foco, Salvador ha permanecido siempre en un segundo plano.
Pablo suele decir que su padre es uno de sus críticos más honestos. Lejos de ser el fan ciego, Salvador aprecia la calidad técnica y la pureza de las letras. Es un gran amante de la pintura y la música clásica. Fue él quien, junto a la madre de Pablo (Elena Ferrándiz), decidió apuntar al pequeño Pablo a clases de piano y guitarra desde muy niño al ver su talento innato. La relación entre ellos es de una admiración profunda. Hay dos momentos clave que definen su vínculo. Cuando Pablo Alborán hizo pública su homosexualidad en 2020 a través de un vídeo, destacó que siempre se había sentido apoyado por su familia. Salvador ha sido un pilar de aceptación natural y amor incondicional.
Sus mayores creaciones en la ciudad de Málaga y el apoyo a la música de su hijo
Pablo suele compartir de vez en cuando fotos con él —generalmente de espaldas o en momentos cotidianos—, refiriéndose a él como su «maestro» o su «héroe». Cuentan que en la casa familiar de Málaga, el piano siempre era el centro. Salvador disfrutaba escuchando a Pablo ensayar durante horas, incluso cuando los acordes eran repetitivos. Para Salvador, el esfuerzo de su hijo era comparable al de un arquitecto trazando planos: la búsqueda de la perfección a través del trabajo constante. Pablo empezó a estudiar música casi al mismo tiempo que a leer. Con apenas 7 años, comenzó a dar clases de piano, guitarra clásica, flamenca y acústica.
Sus padres, Salvador y Elena, detectaron pronto que no era un capricho. Mientras otros niños jugaban, él se encerraba a componer. Su formación fue muy completa: estudió con grandes maestros profesionales en Málaga, lo que le dio una base técnica que muchos artistas de pop no tienen. Antes de que existieran TikTok o las grandes plataformas de streaming actuales, Pablo empezó a subir videos a YouTube desde el salón de su casa. Antes de sacar su primer disco, ya tenía padrinos de lujo que se quedaron impresionados con su talento. Entre ellos, Diana Navarro o Kelly Rowland. En febrero de 2011 publicó su primer disco homónimo, Pablo Alborán. Lo que ocurrió fue un fenómeno que no se veía en España desde hacía décadas.
El disco fue número 1 en su primera semana, algo casi imposible para un artista debutante. Se mantuvo en lo más alto de las listas durante meses, arrebatándole récords a artistas consagrados. Pablo llenó un vacío que había en la música española. Demostró que tenía la perfección técnica de los clásicos, así como la cercanía de los chicos de su edad. Sus letras hablaban de amor de una forma elegante, sin caer en lo cursi, con una producción musical muy cuidada por Manuel Illán —el que fue su primer productor—. Pablo escribió Solamente tú y Perdóname siendo casi un adolescente. A menudo cuenta que se las cantaba a su familia para ver sus reacciones antes de atreverse a subirlas a internet. Aquel chico que grababa con una webcam de baja calidad en su casa de Málaga acabó convirtiéndose, en menos de un año, en el artista que más discos vendía en todo el país.
