Paola, la hija pródiga de Norman Foster que estudió Arquitectura en Harvard: «No he vivido presión por mi apellido»
La joven tiene las mismas pasiones que su progenitor y, además, también comparte sus inquietudes con el diseño

Paola, junto a Norman Foster | Gtres
Norman Foster ha tenido dos hijos con Elena Ochoa; Eduardo y Paola. Los dos, desde un primer momento, comprendieron la importancia de la herencia que están dejando sus padres en este mundo, algo que tuvieron muy en cuenta a la hora de elegir su camino profesional. Mientras que Eduardo, como ya contamos en THE OBJECTIVE, se ha decantado por el mundo del Real State, Paola ha querido seguir los pasos de su progenitor, con quien mantiene una buenísima conexión y quien se ha convertido en su mentor. Y es que ambos son unos obsesionados con el diseño de las casas, hacerlas más eficientes y, sobre todo, buscar una forma de dejar huella en ese mundo que, sin duda, cuenta con infinidad de competidores.
Y es que el apellido Foster está detrás de los mejores edificios, repartidos por todo el mundo. Sin duda alguna, Paola se está convirtiendo en una figura fascinante, labrándose una senda propia. Además, en los últimos años se está consolidando como una de las mentes creativas más interesantes de su generación, moviéndose entre el diseño, la gestión cultural y la preservación del legado arquitectónico.
Paola, la hija de Norman Foster
Para ello, se ha formado en las mejores escuelas. En Harvard fue donde estudió Historia del Arte y Teoría de la Arquitectura. Esta base le dio la capacidad crítica para entender los edificios no solo como estructuras, sino como objetos culturales. Completó su formación con un Máster en Arquitectura en la prestigiosa Yale. Durante su primer año, participó en proyectos muy prácticos como e Jim Vlock Building Project, donde los alumnos diseñan y construyen viviendas reales. Ha llegado a trabajar como Teaching Fellow en Yale, lo que demuestra que su dominio de la materia va más allá de lo heredado.
A sus 27 años, Paola ha empezado a definir su propio estilo, que ella misma describe como una búsqueda de «dar forma al espacio de manera cuidadosa». Aunque ha crecido rodeada de las obras de Norman Foster —desde el Reichstag de Berlín hasta su casa en St. Moritz—, Paola busca una arquitectura que entienda el programa y la escala desde una perspectiva muy humana. «La arquitectura y la historia del arte forman parte de mi vida desde niña», contó, poniendo en valor su paso por Yale, lo que le permitió encontrar su propia voz fuera de la sombra de su padre.
Su pasión por la Arquitectura y un apellido que «no pesa»
Al igual que Sir Norman Foster, Paola también es piloto de aviones. Esta afición no es solo un hobby; en la familia Foster, pilotar se entiende como una extensión de la arquitectura: la obsesión por la precisión, la tecnología y la visión del mundo desde arriba. Como patrona de la Norman Foster Foundation, su perfil de arquitecta es clave. No solo gestiona el legado, sino que supervisa las becas y los talleres donde jóvenes arquitectos de todo el mundo acuden a Madrid para repensar las ciudades. Lo cierto es que, aunque siempre ha sido muy discreta, Paola se ha pronunciado, en alguna que otra ocasión, sobre esa parte más personal y profesional, que les une a los Foster.
«En última instancia, lo que quiero es diseñar. Lo que más me interesa es la posibilidad de dar forma al espacio de manera cuidadosa, independientemente del programa o la escala», ha relatado. A pesar de la magnitud de la figura de su padre, Paola habla de él desde la admiración profesional pero también desde la cercanía cotidiana. «Es difícil elegir una sola obra de Norman Foster. He crecido rodeada de ellas y la arquitectura ha formado parte de mi vida con total naturalidad», ha aclarado, poniendo en valor la figura artística de su progenitor.
«La Arquitectura y la historia del arte forman parte de mi vida desde niña»
De su padre ha aprendido que «nada es imposible si le pones el trabajo y la dedicación necesaria». Es más, confiesa que su progenitor nunca ha dejado de ser «un estudiante». Paola valora mucho la combinación de la teoría (Harvard) con la práctica constructiva (Yale). Sobre su paso por el prestigioso Jim Vlock Building Project (donde construyen casas reales), dijo que fue «una parte fundamental», admitiendo que le interesa «cómo la arquitectura puede mejorar la manera en que vivimos y experimentamos el mundo». A pesar de todo, Paola sabe perfectamente el peso que tiene su apellido. «No lo he vivido nunca como una presión en sentido negativo», ha comentado.
Al igual que Norman, Paola ha encontrado en el aire su espacio de meditación. «Volar me ofrece un espacio para respirar y reiniciar. Hay algo increíblemente reconfortante en estar en el aire… el miedo se transformó en una inmensa sensación de euforia», ha especificado. La familia Foster es una de las sagas más influyentes del mundo del diseño y la cultura contemporánea. A sus 90 años, lord Foster de Thames Bank sigue siendo inagotable. Aunque delegó la gestión diaria de Foster + Partners, se mantiene muy activo a través de su Fundación en Madrid. Este 2026 está centrado en la reconstrucción de Ucrania y en proyectos de sostenibilidad extrema.
Sigue practicando esquí de fondo y pilotando helicópteros, manteniendo esa disciplina física que siempre le ha caracterizado. Por su parte, Elena Ochoa acaba de inaugurar una nueva sede en la calle Orfila de Madrid —donde estaba la antigua galería Marlborough—. Este espacio es ahora la rama cultural de la Norman Foster Foundation, fusionando definitivamente los mundos de los libros de arte de Elena con la arquitectura de Norman. La familia funciona como una institución global. Se mueven entre Madrid (su base cultural principal ahora), Londres (sede de la oficina), Nueva York y su espectacular casa en St. Moritz (Suiza).
