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Serrat, 82 años: «Me despierto cuando quiero, desayuno un café solo e intento no mirar el reloj»

El cantante, desde que se jubiló, lleva una vida sin horarios, donde dedica su tiempo a la música y, también, a sus nietos

Serrat, 82 años: «Me despierto cuando quiero, desayuno un café solo e intento no mirar el reloj»

Serrat, en una imagen de archivo. | Gtres

Joan Manuel Serrat hubo un tiempo en el que no paraba de viajar. Y es que su música le ha llevado a distintos lugares del globo que hicieron que no tuviera una rutina concreta. Algo que cambió hace unos años cuando decidió tomarse su día a día con más calma. Ahora, Serrat vive la vida con más tranquilidad, está centrado en sus nietos y, también, tiene tiempo para pensar en su música. Pero ¿cuál es su rutina?

Lo primero que hace Serrat, en su día a día, es despertarse cuando quiere. Desayuna «un café solo, negro y bien puesto. No necesito más para que el motor empiece a rodar». «Desayuno con los periódicos. Me gusta el tacto del papel y ese rato de silencio antes de que el mundo se ponga a gritar», contó. Su rutina consiste en no tener ninguna obligación. «Es un placer extraordinario despertarse y no tener que ir a ningún lugar ni cumplir con ningún horario», apostilló. Además, también camina todos los días. «Sigo yendo a mi despacho. No voy a trabajar en el sentido estricto, voy a leer, a escribir mis cosas, a ordenar mis recuerdos. No he dejado de ser curioso», añadió.

La rutina de Serrat

Serrat junto a Candela. | Gtres

«Trato de ser cuidadoso, pero sin ser un pesado. Como de todo, me gusta mucho la cocina mediterránea y, por supuesto, una copa de vino no falta. Pero mi rutina ahora es de ‘moderación placentera», ha contado en alguna que otra ocasión. Casi de forma total ejerce de abuelo «con una dedicación que no pude tener como padre por los viajes. Mis nietos son los que ahora marcan mi agenda y mis prioridades». Ya cuando se jubiló advirtió que se iba a dedicar a vivir. «A ver amanecer sin tener que irme a dormir después de un concierto. A estar con los míos. A ser un hombre que camina por la calle sin más pretensión que llegar a la esquina», añadió.

Hoy en días de le puede ver con frecuencia caminando por las calles del barrio de Poble Sec o por la zona alta de Barcelona, donde reside. Serrat disfruta de ser un ciudadano más. Le gusta ir al mercado, visitar librerías y pasear sin las prisas de los ensayos. Sigue frecuentando sus restaurantes favoritos y mantiene viva su tertulia con amigos de toda la vida, alejado de los eventos de alfombra roja. Cuando quiere huir del ruido, se refugia en su casa de Gerona. Allí se dedica a supervisar —ya de forma más relajada— su bodega, Mas Perinet, situada en el Priorat. Aunque es un negocio familiar, para él es una conexión espiritual con la tierra y la agricultura.

Ha confesado que en el campo encuentra el silencio necesario para leer y reflexionar, dos de sus grandes pasiones actuales. Aunque eso sí, como decíamos, ahora son sus nietos quienes mandan en su agenda. «He pasado de ser el dueño de mi tiempo a estar a las órdenes de mis nietos, y es la mejor jefatura que he tenido nunca», confesó. Una familia que se amplia, en los próximos meses, con la llegada de sus bisnietos, los hijos de Luna Serrat, la primogénita de su hijo. La joven, que sale con Dani Ceballos, está embarazada de gemelas.

No tiene horarios y un desayuno contundente

Ahora, ejerce de abuelo presente, algo que sus largas giras por Latinoamérica no le permitieron hacer del todo con sus hijos. Su nieta Luna Serrat —que es influencer y periodista— suele compartir de vez en cuando detalles del inmenso cariño y respeto que le tienen en la familia. Aunque no tiene previsto grabar nuevos discos ni volver a los escenarios, Serrat no ha dejado de escribir. Mantiene la rutina de ir a su despacho para ordenar sus archivos, sus notas y, según se rumorea, trabajar en algún tipo de memoria o escritos personales que no tienen por qué ser canciones.

Joan Manuel Serrat lleva una vida tranquila. | Gtres

Sigue muy atento a la actualidad política y social. No se muerde la lengua cuando le preguntan por temas que le preocupan, como el medio ambiente o la justicia social, aunque ahora habla con la libertad de quien ya no tiene nada que demostrar. En estos últimos años, además, se ha dedicado a recoger aquellos frutos que sembró hace tiempo. Fue nombrado doctor honoris causa y ha sumado varios más a su extensa lista —el último muy emotivo en su propia ciudad—. Acude a conciertos de compañeros —como Joaquín Sabina o los Estopa— pero siempre desde el palco o el patio de butacas, disfrutando de la música como un espectador más, aunque el público siempre acaba ovacionándolo cuando descubre que está allí.

Sobre su vida actual, él mismo ha contado que su vida hoy es «el placer de las cosas pequeñas. El éxito fue hermoso, pero la libertad de elegir qué hago con mi tarde es, posiblemente, el mayor premio de mi carrera». En definitiva, Serrat vive una jubilación envidiable: con salud, rodeado de su mujer Candela —quien es su pilar fundamental—, sus hijos y nietos, y el respeto unánime de una sociedad que lo considera parte de su patrimonio emocional. Serrat comparte su vida con Candela Tiffón, a quien conoció cuando él era muy joven.

Sabina comparte tiempo con sus amigos. | Gtres

Se casaron por lo civil en una ceremonia ultra secreta en el Ayuntamiento de Camprodón (Gerona) para evitar a la prensa, lo que ya marcaba el estilo de discreción absoluta que definiría su vida. Él mismo ha reconocido textualmente en muchas ocasiones su dependencia emocional hacia ella. «Candela ha sido fundamental para que yo no me volviera loco. Es la persona que me pone en mi sitio y la que ha hecho que esta familia sea lo que es», ha contado. Aunque Serrat ha escrito cientos de canciones de amor, él siempre ha sido muy pudoroso al decir cuáles son para ella. Sin embargo, se sabe que La mujer que yo quiero es el retrato más fiel de su relación, y muchos ven en temas como Lucía o Palabras de amor retazos de sus sentimientos, aunque él juegue con la ficción.

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