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La nueva rutina sin estrés de Buenafuente lejos de la televisión: «Pintar ha sido mi terapia, mi manera de silenciar el ruido»

El presentador decidió poner distancia con la pequeña pantalla tras sufrir un episodio de «estrés» a finales del año

La nueva rutina sin estrés de Buenafuente lejos de la televisión: «Pintar ha sido mi terapia, mi manera de silenciar el ruido»

Buenafuente, en una imagen de archivo. | Gtres

Todo estaba planeado para que Andreu Buenafuente y Silvia Abril presentaran las últimas Campanadas en TVE. Pero, unos diez días antes, la cadena pública confesó que el presentador había decidido declinar la oportunidad por el bien de su bienestar emocional. Más adelante, su mujer, Silvia Abril, detalló que Buenafuente estaba pasando por un episodio de estrés que le había hecho replantearse muchas cosas de su vida. Entre ellas, había tomado la decisión de separase un poco de su vida profesional y con todo la exposición que conlleva estar en televisión. Fue este lunes, a última hora de la tarde, cuando el cómico reapareció en la gala por los 50 años de El País.

Lo hizo, además, con un look nuevo, lo que llamó especialmente la atención. Por el momento, no está sobre la mesa que el presentador vuelva a ponerse frente a una cámara de televisión. No hay que olvidar que la última temporada estrenó su propio programa en el prime time de TVE, junto a Berto Romero, que, por el momento, no tendrá una segunda temporada. Y es que Buenafuente está muy centrado en recuperarse, en vivir sin prisas y dedicar su tiempo libre a nuevas aficiones como la pintura.

La nueva rutina de Buenafuente tras dejar la televisión

Buenafuente en el acto de ‘El País’ de este lunes. | Gtres

«Pintar siempre ha sido mi terapia, mi manera de silenciar el ruido. Ahora tengo más tiempo para el silencio, para estar en casa y para pintar sin mirar el reloj. Es una riqueza que antes no me permitía», ha contado. Es más, admite que ahora trabaja «desde el placer» y no, «desde la urgencia». «El pódcast o el teatro te permiten una artesanía y un contacto con la gente que no tiene la prisa histérica de la televisión diaria. He cambiado el estrés por la complicidad», apostilló. Para explicar lo que había vivido en todo ese tiempo, Buenafuente explicó que tenía «una tensión permanente». Algo que él mismo había «normalizado».

«Cuando paras la máquina del diario, de repente el cuerpo y la cabeza te dicen: ‘Oye, que se puede respirar sin tener un estreno dentro de cinco horas’», confesó sobre su nueva realidad. El presentador sufrió un episodio severo de estrés y ansiedad —un proceso de burnout— que le obligó a cancelar todos sus compromisos profesionales por prescripción médica, incluyendo las Campanadas de Fin de Año. Esta crisis —un eco de la que ya sufrió hace más de 25 años en los inicios de su carrera— le obligó a tomarse una baja total de varios meses para «descomprimir». Para Andreu, esta pausa ha sido un aprendizaje forzoso sobre la importancia de poner límites infranqueables entre el trabajo y su bienestar mental.

«Pintar ha sido mi terapia, mi manera de silenciar el ruido»

Buenafuente ha vuelto al trabajo, pero bajo una condición innegociable: no forzar la máquina. En febrero de 2026 regresó tímidamente a los micrófonos de la Cadena SER en Nadie sabe nada junto a Berto Romero. Ha dejado claro que su prioridad ahora es ir «en línea ascendente pero sin prisa», seleccionando proyectos que le aporten felicidad y huyendo por completo de la histeria de las audiencias televisivas del día a día. La vida de Andreu Buenafuente en Barcelona es, en realidad, una vida  a medio camino entre el mar, el bosque y la gran ciudad. Para escapar del ruido urbano, de la presión de los platós y consolidar la recuperación de su salud, Andreu ha establecido su centro de gravedad familiar en un rincón idílico del Maresme, la comarca costera situada justo al norte de Barcelona.

Aunque trabaja en Barcelona, el presentador vive junto a Sílvia Abril y su hija Joana en Cabrera de Mar, un pequeño y exclusivo municipio entre la montaña y el Mediterráneo, a unos 30 kilómetros de la capital catalana. Su casa es una joya rústica construida en el año 1900 y valorada en más de medio millón de euros. No es un chalet moderno y frío; es una masía tradicional con fachada de piedra vista, muros anchos que aíslan del ruido y mucha solera histórica. La vivienda mezcla el encanto de lo antiguo —vigas de madera, azulejos tradicionales— con un diseño nórdico, minimalista y muy luminoso. En el salón destaca un gran piano de cola negro, una de las grandes pasiones de Andreu.

Su casa en Cabrera de Mar

La casa cuenta con una gran parcela de 450 metros cuadrados rodeada de bosque mediterráneo, una espectacular piscina con zona chill out, un porche cubierto, un huerto ecológico y espacios destinados a la meditación. Uno de los rincones más importantes de su vida actual en el Maresme es su estudio de arte privado. Se trata de un taller aislado del resto de la casa donde Andreu pasa horas en absoluto silencio. Allí canaliza toda su creatividad pintando y dibujando, una faceta plástica que en los últimos años ha cobrado un peso enorme en su vida. Él mismo ha confesado que mancharse las manos de pintura en su taller es lo único que consigue apagar el ruido de su cabeza y combatir el estrés de manera efectiva.

Vivir a tan solo 30 minutos de Barcelona le permite a Buenafuente compaginar su retiro campestre con una rutina profesional muy estimulante, pero sin la prisa del pasado. Sube a Barcelona para grabar el mítico pódcast Nadie sabe nada con Berto Romero en los estudios de la Cadena SER. Ha vuelto a trabajar con productoras de confianza en su Cataluña natal, lo que le permite terminar sus jornadas de grabación y volver a dormir a casa, rodeado de naturaleza. En su pueblo, Andreu y Silvia disfrutan de un gran anonimato. Pueden dar paseos por la playa, hacer rutas de senderismo por la montaña y preparar comidas tranquilas en los restaurantes de la zona.

Su vida social ha dejado de ser la de las alfombras rojas y los eventos nocturnos de Madrid para centrarse en comidas familiares, cenas con amigos de toda la vida y, sobre todo, en criar a su hija Joana de 12 años en un entorno verde, sano y con los pies en la tierra.

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