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Matías Prats, 75 años: «Mi adolescencia estuvo marcada por una disciplina castellana; no tenía vocación, solo quería jugar al fútbol»

El presentador de Antena 3 vivió muy influenciado por sus padres, quienes se preocupaban mucho por su futuro

Matías Prats, 75 años: «Mi adolescencia estuvo marcada por una disciplina castellana; no tenía vocación, solo quería jugar al fútbol»

Matías Prats, en una imagen de archivo. | Gtres

Matías Prats no siempre supo que quería dedicarse al mundo de la Comunicación. Es por eso que, durante su adolescencia, su familia estuvo muy pendiente de sus estudios y, sobre todo, su evolución. «De adolescente, yo era un estudiante malísimo, de los peores. Mi padre me miraba y yo creo que pensaba: ‘¿Qué voy a hacer con este chico?’. No tenía ninguna vocación, solo quería jugar al fútbol», ha relatado el presentador de Antena 3. Su padre, preocupado por su futuro, le dijo que o estudiaba o se ponía «a trabajar ya». «Me metí en Periodismo por probar, casi por descarte, porque en casa no veían que yo tuviera fuste para otra cosa», contó.

Y es que de joven, Matías era «un chico muy tímido». «Me refugiaba en el deporte. La televisión me ayudó a vencer ese miedo, pero en mi adolescencia, lo de hablar en público era una tortura para mí», ha apostillado. Llevar el nombre de su padre se convirtió «en una carga». «Yo no quería ser Matías Prats, quería ser cualquier otra cosa. Luego te das cuenta del privilegio que es, pero con 15 años solo quieres ser tú mismo, sin comparaciones», ha relatado. Es más, su adolescencia estuvo marcada «por una disciplina muy castellana». En su casa, «no se daban muchas palmadas en la espalda». «Si hacías algo bien, era tu obligación; si lo hacías mal, te lo recordaban con mucha claridad», ha especificado.

La adolescencia de Matías Prats

Matías Prats vivió una adolescencia marcada por sus padres. | Gtres

Su adolescencia fue el prólogo perfecto para el hombre que es hoy: una mezcla de timidez extrema, una relación casi mística con su padre y un talento que él mismo se negaba a ver. Como decíamos, Matías ha confesado, textualmente, que fue un estudiante «catastrófico». En el instituto no era el chico brillante que su padre —un hombre de una cultura inmensa— esperaba. Estuvo a punto de tirar la toalla varias veces. Sus padres estaban genuinamente preocupados porque no le veían fuste para ninguna carrera seria. De hecho, el periodismo no era su plan A, sino casi un plan de emergencia.

Es difícil de creer hoy, pero el Matías adolescente era patológicamente tímido. Le aterraba hablar en público. Irónicamente, el hombre que hoy entra cada noche en millones de hogares solía pasar desapercibido en las reuniones de amigos porque prefería observar que hablar. Antes de ser la estrella que es, trabajó en la radio haciendo de todo. Cuenta que su primera gran experiencia fue en La Voz de Madrid, donde hacía turnos imposibles. Su adolescencia terminó de golpe cuando se dio cuenta de que llevar el apellido Prats no le regalaba el respeto de sus compañeros, sino que le exigía el doble de esfuerzo para no parecer un enchufado.

«Estuvo marcada por una disciplina castellana; no tenía vocación, solo quería jugar al fútbol»

Matías Prats junto a su pareja, Ruth. | EP

Él, de joven, quería ser jugador de fútbol o de golf. Esa pasión por el deporte fue la que le permitió conectar con su padre en una etapa de la vida —durante la adolescencia— donde la comunicación entre ellos era más difícil. Fue el deporte el que los unió y el que finalmente le dio su primera oportunidad en la televisión. El primer encargo de Matías Prats fue el programa Redacción noche, que dirigía, en su momento, Miguel Ángel Gozalo. l estaba aterrorizado. Ha contado que el primer día que se puso frente a una cámara, el director le dijo: «Matías, tienes que salir ahí y hablar». Él estaba tan nervioso que se quedó casi paralizado. Su padre, que estaba viendo la tele desde casa, le dio después un consejo de los suyos: «Hijo, abre más la boca al hablar, que parece que te dan miedo las palabras».

Como Matías era un apasionado del deporte —y le daba pavor hacer información política o generalista por la comparación con su padre—, se refugió en la sección de Deportes de TVE. Fue uno de los rostros de Estudio estadio, donde empezó a pulir ese estilo pausado y elegante, pero todavía sin los famosos chistes que hace ahora. Aunque ya llevaba unos años en la casa, el Mundial de Fútbol de España 1982 fue su gran trampolín. Formó parte del equipo de narradores estrella. Después de años en deportes, TVE decidió que Matías tenía la credibilidad suficiente para los informativos serios. Pasó al Telediario, donde formó parejas míticas —como con Ana Blanco—.

El presentador vivió muy influenciado por sus padres. | Gtres

Tras 23 años en la televisión pública, en 1998 ocurrió lo impensable: Antena 3 le hizo una oferta millonaria para liderar sus noticias. En Antena 3 es donde Matías finalmente se soltó la melena y empezó a introducir ese humor fino, las pausas dramáticas y los juegos de palabras que lo han convertido en un meme viviente y en el presentador más querido de España. «El primer día que salí en pantalla, quería que se tragara la tierra. Me veía pequeño, con una voz que no me gustaba y el peso de mi padre vigilando desde el sofá. Tardé diez años en sentir que la cámara no era mi enemiga», ha relatado.

Sobre su vida personal, Matías ha dado buena cuenta que es una gran figura dentro de la televisión. Durante tres décadas estuvo casado con Maite Chacón, con quien tuvo dos hijos. Poco después de su separación, comenzó una relación con Ruth, que también es periodista en Antena 3 —trabajaba en la redacción de informativos—. Llevan más de una década juntos y mantienen un perfil bajísimo; es muy raro verlos en eventos públicos o alfombras rojas. Para él, la familia es el eje central. Su mayor orgullo es la relación con sus hijos. Su hijo, Matías, ha seguido la saga dentro de la Comunicación. Mientras que Marta ha permanecido alejada de las cámaras y se dedica al mundo del marketing y la psicopedagogía.

El golf es una de sus máximas pasiones. Se le puede ver a menudo en campos de Madrid o del sur de España. Dice que el golf le da la paciencia y el temple que luego aplica en el directo de las noticias. Sus famosos chistes y juegos de palabras no son solo un guion; son parte de su personalidad real. A pesar de llevar 50 años en pantalla, Matías sigue siendo un hombre reservado y algo solitario.

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