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Roberto Brasero, 55 años: «Nací en un cuartel de la Guardia Civil en Toledo; mi padre era un hombre estricto, pero justo»

El presentador de ‘El tiempo’ vivió los primeros años de su vida en la localidad castellana de Talavera de la Reina

Roberto Brasero, 55 años: «Nací en un cuartel de la Guardia Civil en Toledo; mi padre era un hombre estricto, pero justo»

Roberto Brasero, en una imagen de archivo. | Gtres

Roberto Brasero es uno de los rostros más conocidos de nuestra televisión. El meteorólogo lleva ya años llevando las riendas del Tiempo de Antena 3, convirtiéndose en una de las figuras más destacadas de la pequeña pantalla. Sin duda alguna, fue su infancia lo que más le marcó en su vida. Esta estuvo condicionada por su lugar de nacimiento; un cuartel de la Guardia Civil en la localidad toledana de Talavera de la Reina. «No solo crecí, sino que nací allí», ha confesado. Es más, él mismo comenta que cuando alguien escucha una sirena piensa «en multas», mientras que para Brasero es su «infancia».

El presentador ha reconocido que tuvo una infancia «muy feliz» y, sobre todo, a un «gran padre». Lo ha definido, varias veces, como un hombre «estricto, pero justo» y la persona que le enseñó los valores que hoy intenta transmitir a sus cuatro hijos. «Cada vez que la veo me viene nítidamente ese recuerdo de aquel día con mi padre en el estudio del fotógrafo», ha recordado. Sobre su infancia, él ha contado que no le interesaba dedicarse al tiempo. «Solo conocía sobre dinosaurios y fútbol, jugando todo el rato a indios y vaqueros». ha apostillado.

La infancia de Roberto Brasero

Roberto Brasero comenzó su carrera en Telemadrid. | Gtres

Roberto nació el 31 de marzo de 1971. Su infancia no transcurrió en un bloque de pisos común, sino tras los muros del cuartel de la Guardia Civil de Talavera, donde su padre estaba destinado. De niño, su patio de recreo eran las caballerizas del cuartel. Ha contado textualmente que para él era normal ver a los guardias desfilando o cuidando a los animales. Siempre habla de él con una mezcla de respeto y ternura. Dice que su padre le enseñó que «la rectitud no está reñida con el sentido del humor», algo que Roberto aplica cada día frente a la cámara.

Curiosamente, Brasero no quería ser «el hombre del tiempo». De pequeño le fascinaban los dinosaurios y el fútbol. Se matriculó en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Sus primeros pasos no fueron en la meteorología, sino en la información local y nacional en Telemadrid. Allí fue donde empezó a foguearse en el directo, demostrando una capacidad de comunicación natural que no pasaba desapercibida. En 2005, Antena 3 lo fichó para transformar su sección de meteorología. Antes de él, el tiempo era algo serio y un poco rígido. Brasero rompió el molde.

Sus primeros años en Talavera de la Reina y un padre guardia civil

El presentador comenzó a usar expresiones más populares, refranes y con más gestualidad. «Yo no doy el tiempo, yo te cuento qué va a pasar mañana como si te lo contara un vecino en el ascensor», ha contado. Su éxito fue tal que pasó de tener un espacio de 5 minutos a liderar programas propios como Tu tiempo. A pesar de su enorme popularidad, ha mantenido su vida privada muy protegida, aunque se conocen algunos pilares. Está casado con Beatriz, a quien define como su apoyo fundamental, y tienen cuatro hijos. A menudo bromea con que en su casa nadie le hace caso cuando dice que va a llover. En su tiempo libre suele dedicarse a leer y volver a su tierra. Hoy, Roberto Brasero es mucho más que un meteorólogo; es un comunicador 360.

Suele colaborar con Espejo público, donde no solamente habla de sol y nubes sino que, también, aporta su visión sobre temas de actualidad. Se ha convertido en un referente en la divulgación del cambio climático, explicando de forma sencilla conceptos complejos como la DANA o el «vórtice polar», términos que gracias a él ya forman parte del vocabulario de cualquier español.

El presentador de Antena 3 nació en Talavera de la Reina. | Gtres

En esos primeros años de vida, Brasero formó una pequeña comunidad. Estudió en el Colegio Compañía de María, un centro emblemático de Talavera. Allí empezó a destacar por su facilidad de palabra. Sus antiguos compañeros recuerdan que era el típico alumno que siempre tenía algo que decir en clase. Todavía sigue manteniendo muy buena relación con sus amigos de la infancia, con quien tiene contacto. Siempre que puede, presume de la cerámica de su tierra —Patrimonio Inmaterial de la Humanidad—. Ha llegado a decir que la luz de Talavera y sus colores azul y blanco son los que más le gustan.

Su vida actual a las afueras de Madrid, mujer y dos hijos

Sus recuerdos de infancia y adolescencia están ligados al paso del río por la ciudad. Ha comentado textualmente que ver el río bajo o seco le produce una tristeza especial, algo que quizás fue su primer contacto con la conciencia ecológica. En Talavera, Roberto era un apasionado del deporte. Es un gran seguidor del equipo de su ciudad, el CF Talavera, y a menudo lanza mensajes de apoyo en sus redes sociales cuando el equipo se juega algo importante. Durante sus años de universidad, regresaba todos los fines de semana.

Se dice que en esa etapa de juventud era habitual verlo en las zonas de marcha de la ciudad, donde ya hacía gala de su simpatía y su capacidad para conectar con la gente, algo que años después le convertiría en el meteorólogo más mediático de España. Actualmente, reside a las afueras de Madrid, muy cerca de la Sierra de Guadarrama. Eligió esta ubicación para estar en contacto directo con la naturaleza y los fenómenos meteorológicos que tanto le apasionan. Desde su casa puede observar perfectamente las nubes que entran por el sistema central, algo que a veces comparte en sus redes sociales.

Su momento cumbre es la edición de las 15:00 y las 21:00, donde despliega toda su energía. Él ha confesado que «cuando se enciende el piloto rojo, me transformo, es como un chute de adrenalina». Sigue haciendo vida normal; se le puede ver haciendo la compra o paseando. Ha confesado que lo que más le pide la gente por la calle no son autógrafos, sino predicciones personales.

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