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Carolina Marín, 32 años: «En mi rutina no pueden faltar los productos de Huelva; la gamba blanca es innegociable»

La exdeportista ha vivido muy vinculada al sur de España, la tierra que la vio crecer y donde ha vuelto tras su lesión

Carolina Marín, 32 años: «En mi rutina no pueden faltar los productos de Huelva; la gamba blanca es innegociable»

Carolina Marín, en una imagen de archivo. | Gtres

Carolina Marín decidió, hace unos meses, pausar su carrera profesional. La exdeportista profesional se ha retirado del bádminton, un deporte que le ha visto crecer y, sobre todo, llegar a todos los rincones del mundo. Ahora, su rutina es muy distinta a la que era en su momento y está enfocada en su estabilidad física y en cómo responde su cuerpo. «Si tengo que parar, paro. Priorizo la salud por encima de cualquier medalla porque no quiero acabar con una prótesis a los 40 años», ha contado. Además, en los últimos tiempos, también ha tomado la decisión de aislarse de las redes sociales.

Es más, ella misma ha confesado que ha «colapsado» y que, aunque todo lo que recibe es «más bonito», necesita que su rutina sea para ella y no para los demás. Durante su carrera, ella misma confesó que la suerte no viene «sola», viene porque se trabaja «en el día a día». «Para mí ganar a día de hoy es, simplemente, poder coger una raqueta cada mañana e ir a entrenar. Eso ya es una victoria», ha contado. Sí que es cierto que, durante la etapa en la que estuvo activa, la deportista se cuidaba mucho y muy bien. Aunque eso sí, nunca ha faltado la gamba blanca de Huelva, algo que es «innegociable».

La rutina de Carolina Marín que ya no es tan estricta

Carolina Marín lleva una vida muy unida a Huelva. | RTVE

Hace apenas unas semanas, el 26 de marzo de 2026, Carolina anunció oficialmente su retirada del bádminton profesional. Aunque su intención era despedirse en la pista en el Europeo de Huelva de este año, su cuerpo dijo basta. Tras tres roturas de ligamento cruzado —la última, la dramática lesión en las semifinales de París 2024—, decidió no arriesgar más su salud. Su vida cambió a los 8 años en el Club IES La Orden de Huelva. El bádminton era un deporte casi desconocido en España y dominado absolutamente por países asiáticos.

A los 14 años dejó su casa para irse al CAR de Madrid, una decisión durísima que forjó su carácter de hierro. Bajo la batuta de su entrenador, Fernando Rivas, revolucionó el juego con un estilo agresivo y sus famosos gritos, que usaba para intimidar a sus rivales y liberar tensión. Carolina ha logrado lo que nadie fuera de Asia había conseguido jamás. En Río de Janeiro se llevó el Oro Olímpico y ha sido tres veces campeona del Mundo. También, ha sido campeona de Europa —la última vez, antes de lesionarse en París—. Además, en el año 2024, se le otorgó el premio Princesa de Asturias de los Deportes, un galardón que recibió como reconocimiento no solo a sus títulos, sino a su capacidad para volver tras lesiones que habrían retirado a cualquiera.

Su impresionante conexión con Huelva

Su vida personal ha estado marcada por la palabra que lleva tatuada: Resiliencia. Ha superado la muerte de su padre y tres operaciones de rodilla de extrema gravedad. En sus propias palabras, cada vez que caía, aprendía a «reconstruirse». En este 2026, admite que su mayor éxito no son las medallas, sino «haber exprimido mi cuerpo más allá de lo que podía imaginar y estar hoy en paz con la decisión de parar». Tras su retirada, Carolina se ha centrado en devolver al deporte todo lo que ha aprendido. Está muy involucrada en proyectos de formación para jóvenes talentos y en la promoción del bádminton en España.

Es una voz activa en la importancia de la psicología en el deporte de élite, compartiendo su experiencia sobre el colapso y la presión mediática. Pasa más tiempo en su Huelva natal, rodeada de su familia y su perrita Thora, disfrutando de una vida más tranquila lejos de los viajes y la competición extrema. Su conexión con Huelva ha sido siempre de lo más especial. Todo empezó en el polideportivo de su barrio. Huelva es la cuna de su talento. Su conexión es tan fuerte que, incluso siendo una estrella mundial, siempre ha celebrado los éxitos de su club de origen como si fueran propios, visibilizando que en Huelva hay una cantera de campeones.

En 2016, tras ganar el oro en Río, la ciudad le rindió el mayor honor posible: renombrar el pabellón principal como Palacio de Deportes Carolina Marín. Para ella, jugar allí —como hizo en el Mundial de 2021 o en los Europeos— es la experiencia más emocionante de su carrera. Ha llegado a decir textualmente: «Sentir el calor de mi gente en mi pabellón es más gratificante que cualquier medalla». Siempre que tiene ocasión, habla de las playas de Huelva, de la luz de su tierra y, por supuesto, de la gamba blanca y el jamón de Jabugo.

Cada vez que Carolina ha sufrido una de sus tres graves roturas de rodilla, su primer movimiento ha sido volver a Huelva. Ella misma ha descrito a Huelva como su «lugar de paz». Estar cerca del mar —especialmente en las playas de Punta Umbría o El Portil— y con su familia ha sido parte fundamental de su rehabilitación psicológica. Tras su reciente retirada en marzo de 2026, ha pasado temporadas más largas en su tierra, buscando esa desconexión que el ritmo de Madrid no le permitía. Carolina ha cambiado la fisonomía de Huelva. Gracias a ella se ha creado una cultura del bádminton sin precedentes en la ciudad. Es un referente de éxito para los jóvenes onubenses, demostrando que desde una ciudad periférica se puede llegar a lo más alto del Olimpo deportivo.

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