Ramoncín, 70 años: «Cuando me reencontré con mi madre, después de que me abandonara, fue muy extraño»
El histórico cantante madrileño ha afirmado que tuvo «dos madres»; «siempre había cosas que quería saber de ella»

Ramoncín, en una imagen de archivo. | Gtres
Ramoncín nació en la Puerta de Alcalá. El histórico cantante vino al mundo en el centro —probablemente— más neurálgico de la capital cuando su progenitora iba montada en un taxi. Un momento que marcó, para siempre, la vida de Ramoncín. Y es que él no conoció a su madre, a quien dejó junto a su familia —en casa de su tía y de su abuela—, sintiendo que su progenitora era solamente aquella que le había proporcionado un cuidado. Como ya contamos en THE OBJECTIVE, Ramoncín ha declarado que su madre le hizo «el mayor favor»; le abandonó en la calle Canarias, «rodeado de una familia maravillosa». Ella «no quería o no podía ejercer de madre en ese momento. Yo no era una prioridad en su vida. Pasaron muchísimos años hasta que volví a saber de ella».
«Mi madre me dejó con mi tía y mi abuela cuando yo tenía meses. Me abandonó, esa es la palabra, no hay otra», ha relatado. Y es que su madre fue «su tía». «Es la mujer que se sacrificó, la que me dio los valores y la que estuvo ahí cuando no había nada. Para mí, la biología no significa nada si no hay un cuidado detrás», añadió en una entrevista. Él mismo ha bromeado, en alguna que otra ocasión, que no puede ser más madrileño. «Cuando se puso de parto de manera inesperada, el abuelo del cantante la ayudó a subirse a una camioneta para llegar a Madrid y después tomaron un taxi en Atocha. No dio tiempo a llegar al hospital; nació en el asiento trasero», apostilló.
La infancia de Ramoncín en la calle Canarias

Cuando era muy pequeño, su madre biológica decidió marcharse para «vivir su vida», dejándolo atrás porque el niño «no era una prioridad» para ella. Lejos de convertirse en una tragedia, el cantante recuerda que ese abandono fue el mayor favor que le pudieron hacer, ya que se crio en la calle Canarias, en el castizo barrio de Delicias (Madrid), rodeado de un entorno maravilloso. Su abuelo materno asumió el rol paterno. Era un hombre carismático al que Ramoncín llamaba directamente «papá» y que le inculcó su gran mantra de vida: «El que sabe, puede». La mujer de su tío —el hermano de su madre— ejerció de madre adoptiva. Aunque ella siempre le aclaró con humildad que era su tía y nunca pretendió usurpar el papel de su madre biológica, fue quien le dio el amor, la estabilidad y los valores esenciales.
Creció bajo el concepto de «pobreza digna». En el Madrid obrero de los 50 y 60, las puertas de las casas estaban abiertas. Si faltaba un plato de comida en su casa, comía en la del vecino, y viceversa. Aunque hoy se asocie a Ramoncín con la rebeldía callejera y el rock duro, de niño era un perfil muy diferente. Mientras los demás niños jugaban al fútbol en los descampados, él se refugiaba en las bibliotecas del barrio. Heredó de su abuelo una obsesión por la cultura, devorando libros desde muy pequeño. Su juventud pasó a toda velocidad porque tuvo que ponerse a trabajar muy temprano para ayudar en casa. A los 13 o 14 años ya se estaba buscando la vida en la calle; trabajó de botones, en talleres del barrio y en una tienda de discos, donde empezó a absorber la música que cambiaría su destino.
Su madre le abandonó cuando era un niño y le dejaron con sus abuelos y su tía

La adolescencia y primera juventud de Ramoncín coincidieron con los últimos años del franquismo y el inicio de la Transición. Madrid era una auténtica olla a presión social y cultural. Ramoncín canalizó toda la rabia acumulada de su infancia, el orgullo de clase obrera y su bagaje literario en la música. En 1978, con solo 22 años, irrumpió en la escena musical con su grupo Ramoncín y W.C.?, escandalizando a la España bienpensante con letras provocadoras, maquillado, con cuero y cantando sobre la marginalidad, las drogas y la vida en la calle.
Su llegada al mundo fue todo una sorpresa. Sobre todo porque su madre había ocultado su embarazo a su familia, especialmente a los hombres. «Nací en la entrada de la Puerta de Alcalá, en la entrada grande de El Retiro. Más madrileño imposible. Mi madre era muy graciosa y decidió tenerme ahí porque nadie sabía en realidad que estaba embarazada», ha relatado. La marcha de su progenitora no fue algo que él notara. «He crecido con mi abuelo, mis tíos, mi hermana… No he tenido nunca la sensación de la ausencia materna y me hizo un regalo maravilloso que fue dejarme en la calle Canarias 55 con mis abuelos, con mi hermana Isabel. Es un regalo haber vivido en ese barrio, en esa calle y con esa gente. Viví en un parque de atracciones toda mi vida», apostilló.
Conoció a su madre, quien vivió demencia en los últimos años de su vida

Cuando fue más mayor, Ramoncín se reencontró con su madre biológica. «Cuando empezamos a tener una relación de vernos, hablarnos y contarnos cosas, te encuentras con que tienes dos madres. Una muy extraña, que es la biológica, que siempre había cosas que quería saber de ella», recordó sobre su madre, Varalides. Su tía Engracia ejerció de madre, aunque nunca quiso reemplazarla. Siempre decía «yo soy tu tía; somos la tita y el tito». Su abuelo fue una persona muy especial para él y ocupó el papel de padre. «Era espectacular. Siempre decía, ‘el que sabe, puede’. Leía constantemente. Leía muy bien y en verano abría las ventanas y leía en voz alta», ha narrado.
La madre de Ramoncín, sin lugar a dudas, marcó su existencia. Era una mujer de fuerte personalidad que, tras su accidentado parto en el taxi y dejar a su hijo al cuidado de su familia en el madrileño barrio de Delicias, decidió seguir su propio camino y vivir su vida de forma independiente. No fue hasta que Ramoncín ya era un adulto cuando retomaron el contacto y mantuvieron una relación de respeto, aunque sin el vínculo afectivo de madre e hijo que el artista sí tenía con su tía Engracia. La mujer sufrió, en los últimos años de su vida, una demencia avanzada y vivió en una residencia en Collado Villalba, a las afueras de Madrid, donde falleció por Covid.
