Ramoncín: «Mi madre me hizo el mayor favor; me abandonó en la calle Canarias, rodeado de una familia maravillosa»
El cantante vivió una infancia marcada por la compañía de sus abuelos y de sus tías, quienes fueron su gran pilar

Ramoncín junto a Begoña Villacís, en una imagen de archivo. | Gtres
Ramoncín vivió una infancia atípica. Sus primeros minutos de vida fueron en una de las localizaciones más céntricas de nuestro país; en la Puerta de Alcalá, donde su madre dio a luz en un taxi. Luego, esta le abandonó junto a su familia, lo que reconoce que fue «el mayor favor del mundo». «Me dejó en la calle Canarias, en el barrio de las Delicias, rodeado de una familia maravillosa», ha contado. Con los años retomaron el contacto. «Cuando empezamos a hablar y contarnos cosas, descubres que tienes dos madres. Ella me dijo: ‘Yo no te he dado nada, en todo caso te hice un favor’ [al dejarlo con sus tíos y abuelos]», se sinceró su progenitora, antes de fallecer.
Como mencionábamos, su vida empezó con estruendo: nació el 25 de noviembre de 1955 en el asiento trasero de un taxi frente a la Puerta de Alcalá. Este hecho marcó su destino; un niño que tenía prisa por llegar y que nació literalmente en el corazón de Madrid. Creció en un Madrid, en el de Las Delicias, gris de posguerra, pero en un entorno de solidaridad vecinal. Ramoncín recuerda su infancia correteando por las Delicias, jugando con chapas y balones de trapo.
La infancia de Ramoncín en Madrid

Se crió entre gente trabajadora, lo que le dio esa conciencia de clase que nunca ha abandonado. «Yo soy un chico de barrio y eso se lleva en el ADN hasta que te mueres», ha dicho textualmente. A pesar de su imagen posterior de punki, Ramoncín era un niño muy lector. Su abuelo —a quien llamaba «papá»— era un hombre culto que leía el periódico en voz alta. Mientras otros niños solo pensaban en el fútbol, él devoraba tebeos y libros. En el colegio —los Salesianos—, era el niño que destacaba por su oratoria y su capacidad para escribir, aunque detestaba la disciplina religiosa y autoritaria de la época. Lo más definitorio de su infancia fue la ausencia de sus padres biológicos.
Su madre se fue cuando él era muy pequeño. Se crió en una casa llena de mujeres fuertes —su tía Engracia, su abuela y otras tías—. Esto le dio una sensibilidad especial y un respeto profundo por las mujeres que ha mantenido toda su vida. Durante años, en el barrio se guardaba la apariencia de que sus tíos eran sus padres para evitar el estigma de ser «hijo de madre soltera» en la España de Franco, aunque él siempre intuyó la realidad. Al final de su infancia, entrando en la adolescencia, descubrió que la música era su vía de escape. Escuchaba la radio a escondidas y se quedaba fascinado con los sonidos que llegaban de fuera.
«Mi infancia fue feliz porque no sabía que me faltaba algo»

La infancia terminó el día que se dio cuenta de que no quería ser un administrativo o un trabajador gris, sino que quería gritar lo que veía en su barrio. «Mi infancia fue feliz porque no sabía que me faltaba algo. Tenía unos tíos que me adoraban y una calle que era mi reino. No necesitaba más», ha contado. Fue una infancia de clase media-baja, honesta y muy literaria, que explica por qué Ramoncín siempre ha sido un artista que cuida tanto las letras y el mensaje social de sus canciones. Tras su infancia en el barrio de las Delicias, Ramoncín irrumpió con una estética punk y letras que nadie se atrevía a cantar.
En 1978 lanzó su primer disco con el tema Marica de terciopelo. Fue una bofetada a la censura que aún coleaba. Aunque él odiaba que lo encasillaran, la canción El Rey del Pollo Frito le dio un mote que le acompañaría para siempre. En los 80, con discos como Arañando la ciudad, se convirtió en una estrella del rock serio, llenando estadios con himnos como Hormigón, mujeres y alcohol (Litros de alcohol). Ramoncín demostró que el rockero también podía ser un gran comunicador. En los 90 presentó Lingo, un concurso que lo acercó a todas las familias españolas.

Sin duda, la etapa de la SGAE fue la más complicada. Su defensa férrea de los derechos de autor lo puso en el centro de las críticas de la era digital. Años después, la justicia le dio la razón en los procesos en los que se vio envuelto, saliendo absuelto de todos los cargos y con su honor intacto. Se convirtió en una voz habitual en programas como Crónicas marcianas, demostrando una dialéctica rápida y una cultura enciclopédica. A partir de 2010 comenzó a vivir una etapa más televisiva. Ha sido muy vocal sobre la importancia de cuidarse. A sus casi 70 años, presume de una salud de hierro, asegurando que «hace lo mismo que cuando tenía 25» y que sigue siendo un animal de escenario.
Llegados a 2026, Ramoncín vive una segunda juventud dorada. Actualmente sigue dando conciertos —como su reciente actuación en el Inverfest o la programada en la Sala Apolo de Barcelona para mayo de 2026—. Sus directos siguen siendo pura energía rockera.Colabora habitualmente en programas como Más vale tarde —en laSexta—, donde analiza la actualidad con su estilo directo y sin filtros. Ha declarado recientemente que, aunque no vive en un palacio, vive dignamente de su trabajo, sus libros y sus derechos, con la «conciencia tranquila de no haberle quitado nada a nadie». Disfruta de una vida familiar estable junto a su pareja, Amalia, y sus cuatro hijos, a quienes dedica todo el tiempo que su agenda de comunicador total le permite.
