David Summers, 62 años: «En el colegio era un desastre; no era un niño malo, pero siempre estaba imaginando historias»
El cantante se crio en el barrio madrileño de Arturo Soria en un ambiente muy artístico gracias a su padre

David Summers, en una imagen de archivo. | Gtres
David Summers, el icónico cantante de Hombres G, todavía sigue siendo una de las personas más influyentes en el mundo de la música. Su plano artístico comenzó a desarrollarse cuando era todavía muy joven, ya que sus padres se movieron en un mundo en donde el arte era algo fundamental. El cantante creció en el barrio de Arturo Soria, en Madrid. En aquella época, era una zona casi periférica, llena de parcelas y árboles, lo que le dio una libertad de movimiento total. Su padre, Manuel Summers, era uno de los directores de cine y humoristas más importantes de España. Esto significaba que por su salón pasaban constantemente intelectuales, dibujantes y artistas.
David ha contado que en su casa se respiraba una libertad poco común para la España de la época. Su padre nunca le prohibió nada, solo le pedía que fuera «buena gente» y que tuviera criterio. Antes de que una guitarra cayera en sus manos, David quería ser dibujante o boxeador. Y es que su padre era un magnífico caricaturista, y David pasaba horas imitándolo. De hecho, gran parte de la estética visual de los primeros discos de Hombres G —esos dibujos tan característicos— tiene su origen en esa habilidad que desarrolló de niño.
La infancia de David Summers en el barrio de Arturo Soria

En el colegio, David era el típico niño que «no estaba». No era conflictivo, pero sus profesores decían que siempre estaba en las nubes, llenando los márgenes de los cuadernos con viñetas y cómics. Para David, la infancia es el olor a salitre y la luz de Huelva. La familia Summers es originaria de Lepe y pasaban allí los tres meses de verano. Allí era un niño de bicicleta y playa. Esos veranos de primeros amores y pandillas de amigos fueron la base lírica de canciones como Temblando o En la playa. Su padre proyectaba películas y David ayudaba o simplemente observaba. Fue allí donde entendió que el entretenimiento era un oficio serio pero divertido.
La música entró en su vida por la puerta grande. Su padre tenía una colección de discos espectacular, y un día David puso un disco de los Beatles. Ha contado textualmente que ese momento fue un choque eléctrico: «Yo quería ser eso». Empezó a tocar la guitarra y el clarinete —estudió solfeo—, pero pronto se dio cuenta de que lo suyo era el pop-rock directo. En su familia, el humor era un arma de supervivencia. Su padre hacía cámara oculta cuando nadie sabía qué era eso —To er mundo e güeno—. De ahí sacó David la ironía y ese punto gamberro de las letras de Hombres G.
«En el colegio era un desastre; no era un niño malo, pero siempre estaba imaginando historias»

Crecer con un padre que hacía lo que quería en el cine le enseñó a David que no tenía que pedir permiso para triunfar o para hacer canciones que a los críticos les parecieran tontas pero que al público le encantaran. Sobre su infancia, Summers se ha sincerado en varias ocasiones. Es más, ha afirmado que su casa era «un caos maravilloso». «iempre estaba llena de gente creativa, de dibujantes, de humoristas… Mi padre nos trataba como a adultos. Nunca nos dijo ‘esto no se puede hacer’, sino ‘hazlo, pero hazlo bien’», ha contado. Su padre era «un genio y un niño grande». «Él me enseñó que la vida era para divertirse y que el trabajo tenía que ser algo que te apasionara. Recuerdo verle dibujar durante horas; esa disciplina mezclada con humor fue mi mejor escuela», ha relatado, en alguna que otra ocasión.
En el colegio, David era «un desastre». «Me pasaba el día dibujando monigotes en los márgenes de los libros y pensando en música. No era un niño malo, simplemente no estaba allí; mi cabeza estaba en otra parte, imaginando historias», ha apuntado. Sin duda alguna, sus veranos en el sur son sus «mejores recuerdos». «Esa sensación de libertad absoluta, de ir en bicicleta a todas partes, de los primeros amores de verano… De esa nostalgia y de esa luz nacieron luego muchas de las canciones de Hombres G. Sin esos veranos, yo no sería quien soy», contó. Para él, durante ese tiempo, ir a un rodaje era «lo normal». Es más, él mismo pensaba que todos los padres «trabajaban haciendo películas».
Esto hizo que no tuviera miedo «a la cámara y al escenario». Es por eso que pronto David supo que su carrera estaba en el mundo audiovisual. Antes de la guitarra y el bajo, David estudió clarinete y solfeo por influencia familiar. Sin embargo, ese mundo académico le aburría soberanamente. Él quería algo que conectara con la energía de los grupos que escuchaba en la radio, especialmente los Beatles y el movimiento new wave que llegaba de Inglaterra (The Police, The Clash). El punto de inflexión ocurrió en los míticos locales de ensayo de la calle Tablada 25, en el barrio de Tetuán (Madrid). Allí coincidían todos los grupos de la incipiente Movida madrileña.
Su incursión como músico y su éxito
David empezó tocando el bajo en un grupo llamado Los Residuos. Era un grupo de punk-pop muy básico, pero le sirvió para entender cómo funcionaba una banda y para conocer a los que serían sus compañeros de vida. En esos mismos locales y en los pasillos de Televisión Española —donde iban como figurantes para ganar algo de dinero en programas como Aplauso—, David estrechó lazos con Rafa Gutiérrez, que tocaba la guitarra en otro grupo llamado Plástico. Un día, en 1982, David le propuso a Rafa unirse a él y a sus amigos de la infancia, Javi Molina (batería) y Daniel Mezquita (guitarra). Al principio se llamaron Los Bonitos Reductos, un nombre que afortunadamente duró poco.

El nombre definitivo, Hombres G, surgió de la pasión de David por el cine clásico —herencia de su padre—. Se inspiraron en la película G-Men (1935), protagonizada por James Cagney, que trataba sobre los agentes del FBI. Les gustaba el punto de «agentes especiales» del pop. Sus comienzos no fueron un éxito inmediato. Grabaron unos sencillos con una pequeña discográfica independiente (Lollipop) que incluían canciones como Venezia y Marta tiene un marcapasos, pero apenas pasaron cosas. Paco Martín, un cazatalentos de la época, los vio en directo en el Rock-Ola (el templo de la Movida).
Paco confió en ellos y grabaron su primer disco homónimo en 1985 bajo el sello Twins. David escribió Devuélveme a mi chica inspirándose en una historia real; un chico que le había quitado a una novia y que se paseaba con un Ford Fiesta blanco y un jersey amarillo. La grabaron casi como una broma, y terminó convirtiéndose en el himno de una generación en toda España y Latinoamérica.
