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Así es ‘El gusto es mío’, el libro de Víctor Manuel en el que hace un recorrido de su vida a través de sus mejores recetas 

Su vida, desde su niñez hasta su matrimonio con Ana Belén, ha estado marcada por su fuerte afición a la cocina

Así es ‘El gusto es mío’, el libro de Víctor Manuel en el que hace un recorrido de su vida a través de sus mejores recetas 

Víctor Manuel, en una imagen de archivo. | EP

Aunque muchas personas no lo sepan, Víctor Manuel no solamente ha dedicado su carrera al mundo de la música. Y es que su pasión por la cocina es tan amplia que, hace unos años, escribió un libro, El gusto es mío, en el que no solamente comparte sus mejores recetas sino que, también, hace un recorrido por su vida; desde su infancia a la actualidad. Pero ¿qué podemos encontrar en la carta magna de Víctor Manuel?

El gusto es mío es probablemente su libro más entrañable, gamberro y original. Víctor Manuel utiliza los sabores, los mercados, las recetas y los restaurantes que han marcado su existencia como hilo conductor para repasar toda su vida. El libro parte de una premisa muy clara; el autor se considera un comedor vocacional y un cocinero apasionado. Para él, la memoria no se activa solo con los recuerdos visuales, sino con los olores de la cocina.

‘El gusto es mío’, el libro de Víctor Manuel sobre su vida y sus recetas

Víctor Manuel disfruta mucho de la gastronomía de su tierra. | Gtres

A lo largo de sus páginas, Víctor Manuel realiza un viaje en el tiempo que arranca en su Asturias natal (Mieres), rememorando el hambre de la posguerra, la escasez y los sabores primarios de los guisos de su madre y de su abuela, para luego saltar a los grandes banquetes que se ha pegado por todo el mundo gracias a su profesión. La estructura de El gusto es mío entrelaza tres pasiones. La primera de ellas tiene que ver con sus recuerdos de juventud y su madurez. Así, trata su llegada a Madrid, la lucha por abrirse un hueco en la música, su compromiso político y, por supuesto, su vida junto a Ana Belén. Curiosamente, en el libro cuenta que el amor de su vida es bastante dejada para la comida y que, mientras él puede pasarse el día pensando en qué va a cenar, ella come solo por necesidad.

Relata sus viajes de gira por España y América Latina no por los teatros en los que cantó, sino por los restaurantes que descubrió, los mercados locales que visitó al amanecer y los vinos que probó. Así, se ha convertido en su maravillosa guía gastronómica personal. También, el libro incluye recetas reales explicadas por él mismo. No son platos sofisticados de alta cocina deconstruida, sino platos tradicionales hechos con fundamento —al más puro estilo Arguiñano— con fabada asturiana, arroces, guisos de pescado o las patatas con costilla. Cada receta viene acompañada de la historia de la persona que se la enseñó o del momento en que la cocinó por primera vez.

Un recorrido desde su infancia hasta su matrimonio y su familia

Víctor Manuel escribió su propio libro de recetas. | Gtres

Si algo queda claro al leer El gusto es mío es que para Víctor Manuel la mesa es el espacio sagrado de la amistad. Por el libro desfilan nombres míticos de la cultura española —como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina o el escritor Manuel Vázquez Montalbán (otro gran gastrónomo)— con quienes ha compartido interminables sobremesas arreglando el mundo. «He sido un comensal entregado y agradecido. Este libro es el recuento de los días felices que he pasado alrededor de una mesa, que han sido casi todos», confesó el propio cantautor. Dejando claro, de nuevo, que la cocina ha sido fundamental en su vida.

En su hogar, los roles culinarios están perfectamente repartidos. Víctor Manuel es el chef principal de la familia. Él mismo ha confesado con mucho humor en numerosas entrevistas que su mujer, Ana Belén, es «un desastre» de comensal porque come por pura necesidad y no le presta demasiada atención a la comida. Él, en cambio, es un obseso del menú; es capaz de despertarse por la mañana pensando exclusivamente en qué va a preparar para cenar esa noche y qué ingredientes le faltan.

Para Víctor Manuel, cocinar no empieza encendiendo el fuego, sino visitando el mercado. Le fascina el ritual de ir a comprar. Es decir, hablar con el pescadero, elegir las verduras de temporada, tocar el género y dejarse aconsejar. Durante sus años de giras musicales por España y América Latina, mientras el resto de los músicos se quedaban durmiendo en el hotel, él se levantaba temprano para visitar los mercados locales de las ciudades. Para él, la mejor forma de conocer la cultura y el alma de un pueblo es ver qué vende y qué come su gente. El cantautor ha explicado que la cocina es su gran terapia contra el estrés y el paso del tiempo. Cuando compone o está de gira, su cabeza no para; sin embargo, cuando se pone el delantal, se produce un silencio mental absoluto: «Cocinar me relaja muchísimo. Cuando estás cortando la cebolla, controlando el punto del fuego o limpiando un pescado, no puedes pensar en otra cosa. Estás ahí, en el presente».

«Las visitas solo comían lo que salía de la parrilla: chorizos, chuletas de cordero, solomillo o morcilla»

Como decíamos, la gastronomía le ha acompañado, de cerca, en infinidad de ocasiones a lo largo de su vida. En su niñez en Mieres (Asturias), marcada por la posguerra, la cocina era sinónimo de subsistencia y de la magia de las mujeres de su familia. Su abuela y su madre eran capaces de obrar milagros con muy pocos recursos. De ahí le viene su adoración litúrgica por los platos de cuchara y las legumbres; para él, el olor a sofrito y a carbón de cocina económica es el olor de sus raíces. Cuando llegó a Madrid a finales de los sesenta para labrarse un futuro en la música, la cocina era rudimentaria. Él mismo ha recordado que cuando Ana Belén entró en su vida en 1971, sus habilidades eran bastante básicas: «Las visitas solo comían lo que salía de la parrilla: chorizos, chuletas de cordero, solomillo o morcilla», ha confesado con humor. Sin embargo, el deseo de agasajar a la mujer de la que estaba enamorado y a los amigos que empezaban a frecuentar su casa le empujó a querer aprender, a preguntar y a “sofisticarse” con los años.

Víctor Manuel narra, también, su vida junto a Ana Belén. | Gtres

Durante sus décadas de gloria musical, la cocina se convirtió en su forma de conectar con los lugares que visitaba. Mientras el resto de los músicos estiraban las horas de sueño en el hotel, Víctor Manuel se levantaba al amanecer para perderse en los mercados de abastos de las ciudades donde cantaba —una costumbre que mantiene, siendo el mercado de El Fontán en Oviedo uno de sus grandes templos actuales—. Para él, comer en los restaurantes locales y hablar con los cocineros era la manera más pura de empaparse de la cultura de cada región.

En los años setenta, cuando la censura franquista se endureció y la pareja tuvo que exiliarse temporalmente a México, la cocina fue un refugio psicológico. En tierras extranjeras, recrear los sabores de su país o descubrir la riqueza del picante y el maíz mexicano era una forma de combatir la morriña y mantener los pies en el suelo cuando el futuro era incierto. Hoy en día, la cocina es el epicentro de su vida social y familiar, tanto en su casa de Madrid como en su refugio de Menorca.

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