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El refugio de Víctor Manuel está en este mercado lejos de Madrid: «Voy allí a que me enseñen; no puedo delegar la compra»

El cantante suele escaparse hasta Oviedo para disfrutar comprando en uno de sus lugares favoritos

El refugio de Víctor Manuel está en este mercado lejos de Madrid: «Voy allí a que me enseñen; no puedo delegar la compra»

Víctor Manuel, en una imagen de archivo. | Gtres

Víctor Manuel encuentra su refugio en la cocina. Y es que el cantante es un apasionado de la cocina y, por eso, en todos estos años ha dedicado su tiempo libre a estar entre los fogones, donde realmente se siente cómodo. A raíz de esto, hace unos años, creo su propio libro, donde hacía un recorrido por su vida de la mano de la gastronomía. Él mismo ha confesado que uno de sus planes favoritos es irse al mercado, concretamente a Asturias, y es donde va a que le enseñen. Y es que se ha dado cuenta que no puede «delegar la compra» y que él prefiere ir, en persona, para comprobar las últimas novedades.

«Cuando entro en El Fontán y veo ese brillo de las escamas del pescado, esa luz que tiene el pescado del Cantábrico… eso no se puede imitar. Yo voy al mercado a que me enseñen, a ver qué ha entrado hoy que sea excepcional», ha relatado, sobre cuando tiene tiempo para marcharse a Oviedo. Y es que para cocinar bien hay que «haber caminado mucho los mercados». «Yo siempre digo que tengo más confianza con mi pescadero que con mi sastre, porque lo que me vende el pescadero me lo voy a comer», ha relatado.

El refugio de Víctor Manuel está en un mercado de Oviedo

Víctor Manuel es un apasionado de los mercados. | EP

Y es que ir al mercado es «el primer paso de la receta». Es por eso que es importantísimo seleccionar cada uno de los elementos que componen un plato. «Si tú no eliges la pieza, si no ves el color de la carne o la tersura de la verdura, ya has empezado a cocinar mal», ha relatado. «Soy un comprador compulsivo de mercados. Veo una legumbre buena o un embutido artesano y no me puedo resistir.Me he llegado a traer maletas enteras cargadas de comida de los sitios más insospechados», ha apostillado. En el mercado es «uno más» y allí no es el cantante, «soy el que pregunta por qué las alcachofas vienen con el tallo corto». Es por eso que le gusta la relación de «igual a igual» con el que «sabe de verdad», que es quien está detrás del mostrador.

Esta pasión por la cocina no es un simple pasatiempos; es una extension de su carrera como artista. Para él, cocinar y componer nacen del mismo sitio: de la memoria, de las raíces y de un respeto casi sagrado por la artesanía. Es más, en más de una ocasión ha confesado que no es un cantante «que cocina», es un cocinero «que canta». Con esto quiere decir que, mientras la música es su profesión pública, la cocina es su estructura mental diaria. Es un estudioso de los procesos; no suele improvisar por capricho, sino que conoce la técnica detrás de cada guiso. En 2014 publicó El gusto es mío, un libro que no es un recetario al uso, sino una autobiografía contada a través de los platos.

«Voy allí a que me enseñen; no puedo delegar la compra»

Para él, Asturias no es una bandera, sino el olor de una fabada o un arroz con leche. Dice que después de un concierto ante miles de personas, llegar a casa y limpiar alcachofas o pelar cebollas es lo que le devuelve a la realidad y le quita todo lo relacionado con el ego. El Mercado de El Fontán, en Oviedo, es su lugar sagrado. Se levanta temprano para elegir él mismo las piezas. Es capaz de viajar con maletas cargadas de embutidos, legumbres o quesos que ha encontrado en pueblos remotos durante sus giras. Además, no le interesa todo lo que tiene que ver con la cocina rápida o con el microondas. No le interesa la cocina rápida o de microondas. Su especialidad son los platos que requieren tiempo y paciencia.

Su casa en Madrid es famosa por ser el punto de reunión de la élite cultural y política de España. Se dice que en su cocina se han arreglado más problemas del país que en los despachos. Porque para Víctor Manuel, cocinar es un acto de amor y generosidad. Él dice que cocinar para los amigos es la forma más honesta de decirles que los quieres. En un mundo de prisas y comida rápida, él defiende el chup-chup de la olla como un acto de resistencia cultural.

Víctor Manuel patrimonio
Víctor Manuel es quien se encarga de los fogones. | Gtres

El Fontán se ubica en el casco antiguo de Oviedo, es un edificio de hierro y cristal precioso, pero a Víctor lo que le interesa es lo que hay dentro. Ha dicho que es el mercado con «más alma de España». Para él, entrar allí es un ejercicio sensorial: el olor a queso, el frío del hielo de las pescaderías y el murmullo de la gente. Es donde Víctor Manuel ejerce su mayor exigencia. Él busca el brillo en el ojo del pescado. Se detiene en los puestos a observar el pixín (rape), las andariques (nécoras) y el bonito —en temporada—. Ha comentado que la luz de El Fontán, al reflejarse en las escamas del pescado recién traído de las rulas (lonjas) de Avilés o Gijón, es algo que no ha visto en ningún otro mercado del mundo.

En los puestos de legumbres de El Fontán es donde Víctor hace su labor de investigadorHabla con las vendedoras —muchas de ellas llevan décadas allí— para saber qué cosecha ha sido mejor. Esa relación de tú a tú con el pequeño productor es lo que él llama «la verdad de la cocina». «En el mercado me gusta preguntar, tocar, oler y, sobre todo, escuchar lo que dicen los que saben de esto mucho más que yo, que son los que están detrás del mostrador», ha relatado el propio cantante. Además del mercado cubierto, Víctor disfruta de la plaza porticada exterior. Es un lugar que ha inspirado canciones y donde se siente la Asturias más auténtica. Para un hombre que ha viajado por todo el mundo, volver a los soportales del Fontán es reconectar con su infancia y con la cocina de su abuela.

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