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Leonor recibe al Papa en el Palacio Real de riguroso negro y más guapa que nunca: vestido ejecutivo, maxi cinturón y ondas relajadas

La princesa y la infanta han esperado al Pontífice en el Palacio Real de Madrid, donde ha dado comienzo su viaje oficial

Leonor recibe al Papa en el Palacio Real de riguroso negro y más guapa que nunca: vestido ejecutivo, maxi cinturón y ondas relajadas

La princesa Leonor, en el Palacio Real. | TVE

La princesa Leonor y su hermana, la infanta Sofía, han recibido al papa León XIV en el Palacio Real. Ha sido a primera hora de la mañana cuando el Pontífice ha llegado al Aeropuerto de Madrid-Barajas, donde le estaban esperando los Reyes. Tras esto, se han desplazado hasta el centro de Madrid, concretamente a la Plaza de Oriente, hasta uno de los rincones más especiales y representativos de la Familia Real. Allí le estaban esperando las dos hermanas, quienes se sumarán a la visita del Papa en varias de sus paradas. La próxima será este mismo domingo cuando participen en la misa de la Plaza de Cibeles, donde, también, estará toda la Familia del Rey —a excepción del rey Juan Carlos—.

En esta ocasión, Leonor se ha enfundado un total look, en color negro, como marca el protocolo. Lo ha hecho, además, con un bonito vestido negro, por las rodillas, que ha combinado con un maxi cinturón y un look más ejecutivo. Una imagen con la que, sin lugar a dudas, ha dado un salto a la adultez. Para el pelo, la hija de los Reyes se ha decantado por unas ondas relajadas y un maquillaje intenso, sobre todo en la zona de los ojos.

El papel de la princesa Leonor en la visita del Papa

Durante los días de la histórica visita del Papa León XIV a España, el papel de la princesa Leonor da un giro de 180 grados en comparación con visitas papales anteriores. En 2011 —cuando vino Benedicto XVI—, ella y la infanta Sofía eran apenas unas niñas que saludaban con vestidos de flores. En esta ocasión, Leonor participa plenamente convertida en una joven adulta, heredera al trono y con un rol institucional consolidado. El Palacio de la Zarzuela ha diseñado para ella una agenda que combina el protocolo de Estado con un fuerte mensaje de continuidad dinástica.

Leonor, junto a sus padres y su hermana Sofía, participa en la recepción oficial al Pontífice. Tras los honores militares y los discursos de Estado, asiste a la audiencia privada que la Familia Real mantiene con León XIV. Este es un momento clave, ya que es su primer encuentro formal a solas con un Papa siendo mayor de edad. Además, como decíamos, mañana estará presente en la Plaza de Cibeles. Su presencia en un acto litúrgico de esta envergadura subraya el arraigo tradicional de la Corona en las grandes citas del país. La participación de Leonor en estos días tiene tres lecturas políticas e institucionales muy claras.

La princesa recibió la Medalla de Oro de San Javier esta semana. | Gtres

Al igual que hizo su padre, Felipe, en su juventud al recibir a Juan Pablo II, Leonor está asumiendo la responsabilidad de consolidar los lazos diplomáticos e históricos entre la Corona española y la Santa Sede. Es un entrenamiento fundamental para sus futuras funciones como reina. El papel de Leonor busca conectar con la inmensa cantidad de jóvenes que se han movilizado para las vigilias y encuentros con el Papa. Al ver a la heredera al trono —que comparte generación con muchos de los peregrinos— implicada en los actos institucionales, se proyecta una imagen de renovación de la propia monarquía.

A diferencia de su madre, la reina Letizia, que cuenta con el privilegio de blanco por ser la reina consorte, la Princesa Leonor debe ceñirse al estricto protocolo vaticano para las mujeres que no ostentan ese título en ejercicio. Leonor y la infanta Sofía deben vestir de negro riguroso, con trajes o vestidos formales de líneas simples, escotes cerrados, hombros cubiertos y faldas que queden por debajo de la rodilla. Dado el perfil de estilo que Leonor ha ido construyendo —caracterizado por la sobriedad y la elegancia contemporánea—, estos actos son una prueba de fuego para demostrar su madurez estilística, apostando por marcas españolas y un calzado de tacón sensato (estilo kitten heels) para equilibrar la formalidad del evento sin perder su identidad juvenil.

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