La piscina de Zarzuela, así se bañan los Reyes y sus hijas en verano: «Letizia lo blindó todo por ellas; el exterior huye del lujo palaciego»
El Pabellón del Príncipe posee un espectacular jardín rodeado de naturaleza en un entorno cercano a El Pardo

Los Reyes, en una imagen de archivo. | Gtres
El verano está a la vuelta de la esquina. Aunque sí que es cierto que, desde hace meses, estamos sufriendo una ola de calor que está llegando a la mayor parte de nuestro territorio. También a Zarzuela. Y es que los Reyes poseen, en su impresionante jardín, una bonita piscina que es ideal para refrescarse en los días en los que las temperaturas son especialmente altas. Aunque eso sí, durante la temporada estival, tanto Felipe como Letizia y sus hijas suelen trasladarse hasta Mallorca, donde se hospedan en el Palacio de Marivent. En su tiempo libre, además, también se escapan a las calas de alrededor, intentando pasar desapercibidos.
Cuando se habla de la piscina del Palacio de la Zarzuela —la residencia oficial de la familia real española en Madrid—, no se habla de una simple zona de recreo, sino de un lugar que combina privacidad extrema, historia familiar y algún que otro secreto de Estado. El complejo de la Zarzuela cuenta en realidad con una zona recreativa exterior que incluye una piscina al aire libre rodeada de amplios jardines y una zona arbolada que la protege de cualquier mirada indiscreta —y de los objetivos de los paparazzi—. Además, para los meses de invierno, el palacio dispone de una instalación cubierta que permite su uso durante todo el año.
La piscina de Zarzuela está situada en un espacio espectacular

La piscina exterior fue el escenario de uno de los momentos más comentados de la intrahistoria de la corona en los años 80. En 1981, el rey Juan Carlos apareció en un acto oficial con un llamativo golpe en el ojo y la nariz rota. La versión oficial de la Casa Real fue que el monarca había chocado contra una puerta de cristal que daba acceso a la piscina tras jugar un partido de squash. Durante años, este incidente alimentó todo tipo de teorías y leyendas urbanas en España sobre lo que realmente había pasado en la intimidad de Zarzuela, convirtiendo la zona de la piscina en un punto de cotilleo nacional.
Quien realmente le dio un uso diario y deportivo a la piscina fue la reina Sofía. Gran amante de la natación y de la vida sana, solía nadar de manera rigurosa para mantenerse en forma. También las infantas Elena y Cristina, y el entonces príncipe Felipe, pasaron gran parte de sus veranos de infancia jugando en sus aguas junto a sus primos —como los hijos de la infanta Pilar—. Es importante matizar que cuando los actuales reyes, Felipe VI y Letizia, se casaron, se mudaron a una residencia construida a un kilómetro del palacio principal, conocida como El Pabellón del Príncipe.
Letizia blindó la zona por las miradas indiscretas
Esta residencia cuenta con su propia zona ajardinada e instalaciones privadas. Es allí donde la princesa Leonor y la infanta Sofía han crecido y disfrutado de sus veranos de forma totalmente blindada a la prensa. De hecho, la reina Letizia, muy estricta con la privacidad de sus hijas cuando eran pequeñas, convirtió esta zona en un búnker infranqueable para que las niñas pudieran bañarse y jugar con total libertad. Sí que es cierto que la zona, también, cuenta con su propia piscina. Se ubica en la zona exterior donde hay un terreno de más de 1.800 metros cuadrados y con un área de recreo totalmente independiente del edificio principal de la Zarzuela. En este jardín privado, además de la piscina, se construyó en su día una pista de pádel —uno de los deportes favoritos del Rey— y se instalaron columpios infantiles cuando la princesa Leonor y la infanta Sofía eran pequeñas.
Sí que es cierto que, como decíamos, se trata de un espacio completamente blindado a las miradas exteriores, diseñado específicamente para garantizar la absoluta privacidad de la familia cuando quieren relajarse al aire libre. La zona exterior del Pabellón del Príncipe está diseñada bajo una premisa muy clara: fundirse con la naturaleza del Monte de El Pardo, priorizando la desconexión total y un entorno familiar cómodo. Aunque forma parte del recinto de La Zarzuela, este palacete —construido en el año 2002— goza de una parcela independiente y muy frondosa. El jardín de la casa de los Reyes no está diseñado como un versallesco jardín real lleno de laberintos geométricos, sino que mantiene un estilo mucho más natural y rústico.

Está rodeado de una vegetación densa con árboles robustos —como encinas y pinos piñoneros— autóctonos de la zona forestal de El Pardo. Esto proporciona sombra natural y, sobre todo, una barrera visual absoluta. El césped está sumamente cuidado y la vivienda cuenta con amplios ventanales en la fachada trasera que dan directamente a este manto verde, permitiendo que la naturaleza entre de forma visual al salón y al comedor. La piscina exterior de esta residencia es de uso estrictamente exclusivo para Felipe, Letizia, Leonor y Sofía.
A diferencia de la piscina del palacio principal de La Zarzuela —donde a veces acuden los primos de la familia real como los hijos de las infantas Elena y Cristina—, esta piscina se maneja bajo un perfil de intimidad total. Está equipada con una zona de solárium, tumbonas y un porche techado con mobiliario de exterior confortable, donde la familia solía hacer almuerzos informales en verano. Además, a petición de Felipe VI, gran aficionado a este deporte, y donde suele jugar partidos los fines de semana con amigos o con su propia familia.
Un entorno lleno de naturaleza frente a El Pardo
Durante muchos años, el jardín albergó una zona de columpios y estructuras de madera infantiles que la reina Letizia supervisó personalmente para que sus hijas jugaran al aire libre durante su infancia.Uno de los elementos arquitectónicos más curiosos y llamativos del jardín es un espectacular hórreo de madera oscura de grandes dimensiones. Inspirado en las tradicionales construcciones del norte de España, cuenta con un tejado de tejas rojizas muy pronunciado, pilares en tono crema y una barandilla de balaustres.
Como no podía ser de otra manera en una residencia oficial, el arte también se traslada al exterior. Repartidas estratégicamente entre los árboles y los senderos del jardín, se encuentran varias esculturas de gran tamaño. Destaca una imponente obra de bronce de más de 2,20 metros de altura y unos 400 kilos que contrasta con el paisaje verde y le da un toque moderno y elegante al conjunto. El jardín fue «blindado» hace mucho tiempo la propia Letizia. Tal y como contó Carmen Duerto, el jardín del «Pabellón fue el único lugar del mundo donde las infantas pudieron jugar, bañarse y correr sin el protocolo real ni la sombra de una cámara fotográfica. Letizia blindó ese jardín para que sus hijas tuvieran una infancia normal dentro de los muros de palacio».

Un lugar que, también, se ha descrito como un «espacio con columpios de madera y tobogán, muy alejado del lujo palaciego y más cercano al patio de una urbanización familiar estándar».
