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Teresa Rabal, sobre su padre: «Siempre fue un hombre claro y liberal; mi madre aceptó sus infidelidades»

La actriz siempre llevó una vida muy vinculada a su familia, especialmente a sus progenitores, Paco y Asunción Balaguer

Teresa Rabal, sobre su padre: «Siempre fue un hombre claro y liberal; mi madre aceptó sus infidelidades»

Teresa Rabal, en una imagen de archivo. | Gtres

Teresa Rabal pertenece a una saga de artistas que, sin duda, también marcó su presente. Nació a principios de los años 50 en la ciudad de Barcelona. Hija de dos colosos de la interpretación en España, Francisco Rabal y Asunción Balaguer, Teresa creció respirando arte y rodeada de las figuras intelectuales más importantes de la época. Su debut llegó de la mano de uno de los directores más importantes, Luis Buñuel, quien la dirigió en la icónica película Viridiana cuando ella era una niña. Durante la década de los 70, Teresa se consolidó como una reputada actriz de cine de autor y teatro, participando en películas de culto como La leyenda del alcalde de Zalamea o Las camareras, y protagonizando grandes giras teatrales.

A principios de los años 80, la vida de Teresa dio un giro radical que marcaría su carrera para siempre. Junto a su marido, el compositor argentino Eduardo Rodrigo, decidió volcarse por completo en el público infantil. Durante mucho tiempo, sin lugar a dudas, se convirtió en un referente y fenómeno musical. Convirtió canciones como Veo VeoDe oca en ocaMe pongo de pie o El cochecito leré en auténticos himnos nacionales. Llegó a vender millones de discos y a llenar estadios.

La relación de Teresa Rabal con su padre Paco

Creó el Circo de Teresa Rabal, un espectáculo con el que recorrió España durante años, y dio el salto a la televisión presentando programas de un éxito rotundo como Mazapán (RTVE) o La guardería (Antena 3). A través de sus certámenes de los premios Veo Veo, descubrió y dio sus primeras oportunidades a niños que hoy son grandes artistas, como Blas Cantó, Pablo López o Paco León. Detrás del éxito y las sonrisas, la vida de Teresa también ha atravesado tramos muy oscuros.

En 2017 falleció su marido, Eduardo Rodrigo, tras una larga enfermedad. Para Teresa no solo supuso perder a su compañero de vida durante más de cuatro décadas, sino también a su mitad artística y creativa. Además, debido a las malas gestiones de sus negocios y el declive del formato de sus galas de televisión, Teresa acumuló una millonaria deuda con el fisco. Con total valentía y naturalidad, confesó que tuvo que vender el chalé familiar en el que había vivido durante 40 años para liquidar todas sus deudas, llegando a mudarse una temporada con su madre antes de que esta falleciera en 2019.

«Siempre fue un hombre claro y liberal»

Teresa libró una dura batalla en silencio contra el cáncer de mama, diagnosticado en 2015. Tras someterse a operaciones y tratamientos de quimioterapia sin perder su característica sonrisa —llegó a declarar que «no se podía permitir estar mal» por el bienestar de sus hijos—, en abril de 2025 recibió el alta oncológica definitiva tras diez años de lucha, celebrando estar completamente curada. Teresa Rabal reside en un chalé en Collado Mediano, en la sierra de Madrid, donde vive feliz y muy arropada por su hijo Luis y sus nietos, a quienes define como su «gran triunfo en la vida».

La relación de Teresa con sus padres fue muy estrecha. De niña, ella no sentía que tuviera un padre común. Lo describía como un hombre tremendamente tierno, que la sentaba en sus rodillas y conversaba con ella como un amigo. Destacaba que Paco combinaba una mente muy liberal e ideas de avanzada con un fondo sentimental muy tradicional que afloraba cuando se requería poner límites. Teresa abordó siempre con absoluta naturalidad las conocidas infidelidades y la vida mujeriega de su padre. Explicaba que él nunca mantuvo una doble vida ni engañó a la familia: «Lo contaba con tanta naturalidad que no podíamos enfadarnos con él». Para ella, lo crucial era que su padre adoraba a su madre y que siempre regresaba a casa.

Es más, según sus propias palabras, su progenitor tenía «dos vertientes»; «era un padre muy liberal, muy comprensivo, hablaba contigo como si fuera un amigo, pero por otro lado le tocaba siempre la fibra tradicional y cuando te pasabas un poquito, te paraba. […] Tenía una lucha de ideas de avanzada mentalmente, pero de sentimiento era tremendamente tradicional, y eso le hacía ser una persona muy tierna». «Mi padre siempre fue un hombre claro, nunca nos engañó, no tuvo una doble vida. Si mi madre lo aceptaba, lo aceptaba.Mi madre aceptó las infidelidades de mi padre, no debió quejarse tras su muerte», contó, sobre las relaciones extramatrimoniales de su progenitor en El Español.

Su madre, Asunción, era el pilar que mantenía la estabilidad en una familia de artistas con un ritmo de vida frenético. Teresa recordaba con emoción cómo su madre, a pesar de los años y de las deslealtades de su esposo, «temblaba de amor cada vez que Paco llegaba a casa». Cuando el marido de Teresa (Eduardo Rodrigo) enfermó, y más tarde cuando ella tuvo que lidiar con deudas financieras y vender su casa, se mudó a vivir con su madre. Teresa la cuidó con total dedicación en sus últimos años de vida —Asunción falleció en 2019 a los 94 años—, describiendo esa etapa de convivencia como dura por la vejez de su madre, pero de un valor humano incalculable.

A nivel general, Teresa definía a sus padres como un auténtico «equipo» que se complementaba a la perfección. Vivió rodeada de un ambiente intelectual muy rico (debutó en el cine a los 9 años con Luis Buñuel gracias a que su padre trabajaba en la película) y siempre valoró que en su casa nunca existió la hipocresía. Paco Rabal tuvo un final repentino y de película, muy acorde a la vida bohemia, intensa y cinematográfica que siempre llevó. El legendario actor falleció el 29 de agosto de 2001 a los 75 años, y su muerte conmocionó a toda España por lo inesperado del suceso.

Paco Rabal regresaba a España en avión junto a su esposa, Asunción Balaguer, procedente del Festival de Cine de Montreal (Canadá), donde acababan de rendirle un gran homenaje a toda su trayectoria. Mientras el avión sobrevolaba Francia, el actor sufrió una insuficiencia respiratoria aguda provocada por un atragantamiento, lo que agravó de forma letal el enfisema pulmonar crónico que padecía desde hacía años. El piloto realizó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Burdeos, pero cuando los servicios médicos subieron a la aeronave, el actor ya había fallecido. Curiosamente, minutos antes de encontrarse mal, había estado charlando alegremente y brindando con champán con su mujer.

Fiel a sus raíces y a su tierra, Paco Rabal no quiso grandes lujos para su descanso eterno. Fue incinerado y sus cenizas se trasladaron a su querida localidad natal, Águilas (Murcia). Considerado uno de los mejores actores de la historia del cine español, Paco Rabal dejó tras de sí más de 180 películas y una impresionante lista de reconocimientos. Trabajó con directores de la talla de Luis Buñuel (ViridianaNazarín), Michelangelo Antonioni (El eclipse), Carlos Saura o Pedro Almodóvar. Consiguió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes en 1984 por su inolvidable e histórica interpretación de Azarías en la película Los santos inocentes —dirigida por Mario Camus—, compartiendo el galardón con Alfredo Landa.

Además, recibió el premio Goya al mejor actor protagonista, en 1999, por su papel en Goya en Burdeos. Casualmente, el destino quiso que falleciera en la misma ciudad francesa donde murió el célebre pintor que él mismo había interpretado.

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