Emilio Aragón, sobre su desconocida madre: «Su peso es tan importante como el de mi padre; nunca ha dejado de ser muy cubana»
El empresario tiene una relación estrechísima con su progenitora, Rita, quien mantiene una vida tranquila a sus 92 años

Emilio Aragón, en una imagen de archivo. | Gtres
Emilio Aragón siempre ha mostrado la unión inquebrantable que tuvo siempre con su padre, Miliki. Aunque contadas han sido las ocasiones en las que el empresario se ha pronunciado sobre su progenitora, Rita, quien es uno de los pilares fundamentales de su vida. «Para mí es un pilar absoluto. Pero es que eso es injusto, porque un matrimonio y una familia es cosa de dos. El peso de mi madre para mí es tan importante o más que el de mi padre, porque mi madre nos dio algo que yo creo que solo una madre puede dar y es la palabra libertad con mayúsculas», contó en una entrevista hace meses.
Sobre Rita ha contado que es «la alegría hecha mujer». «Todo lo que tengo son palabras de amor hacia ella. […] Les encanta la bisa [a sus nietos], la llaman todos los días, le mandan fotos y audios. Es muy madre gallina, todos estamos en torno a ella», apostilló. «Mi madre nunca ha dejado de ser muy cubana. A sus 85 años, 60 sin pisar su tierra, sigue viviendo en cubano muchas cosas. No veas el ritmo que tiene. […] Un día, comiendo en familia, mi madre me dijo: ‘Óyeme, tú le has compuesto canciones a Celia Cruz, Willy Chirino y toda esta gente, pero nunca has hecho nada para cantar tú’. ‘Mamá, pero ¡cómo voy a cantar música cubana!’ [le dije]. El disco es una carta de amor a ella y, por ende, a mis raíces», añadió, sobre la dura vida de su progenitora.
Emilio Aragón tiene una relación muy estrecha con su madre, Rita
Rita Álvarez nació a principios de 1930 y conoció a Miliki en La Habana cuando eran prácticamente unos niños. Se casaron en 1953 y formaron un matrimonio inseparable que duró casi 60 años, hasta el fallecimiento del payaso en 2012. Es la madre de los cuatro hijos de Miliki: Rita Irasema, María Pilar, Emilio y Amparo. Sin duda, la historia de Rita Violeta Álvarez Fernández es el relato de un amor de toda la vida, un romance transatlántico que sobrevivió a revoluciones, viajes constantes, al peso de la fama y que se mantuvo intacto durante casi sesenta años.
A finales de los años 40, los hermanos Gabriel, Alfonso y Emilio Aragón —Gaby, Fofó y Miliki— decidieron probar suerte en América. Llegaron a Cuba, un país que en aquella época era el epicentro del espectáculo y la televisión en español. Allí, Emilio Aragón (Miliki), que apenas era un adolescente de unos 12 o 13 años, conoció a una niña cubana de orígenes asturianos llamada Rita Violeta. Aunque eran demasiado jóvenes, entre ellos nació una complicidad absoluta. Miliki siempre contó que supo desde el primer instante en que la vio que ella sería la mujer de su vida.
Tras años de noviazgo mientras el trío de payasos triunfaba en los teatros y televisiones del Caribe, Miliki y Rita se casaron en La Habana en 1953. A partir de ahí, Rita se convirtió en el ancla de Miliki. En Cuba nacieron sus tres primeros hijos: Rita Irasema (1954), María Pilar y Emilio Aragón hijo (1959). Vivían felices en una Cuba próspera, pero el destino de la familia estaba a punto de dar un vuelco absoluto. En 1959 triunfó la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. Aunque los Payasos de la Tele eran inmensamente queridos en la isla, la situación política y la nacionalización de las empresas hicieron insostenible su permanencia.
La vida de Rita Álvarez, mujer de Miliki
En 1960, apenas un año después del nacimiento del pequeño Emilio, Rita tuvo que tomar una de las decisiones más dolorosas de su vida: hacer las maletas, dejar atrás su Cuba natal, su casa y a gran parte de su familia para embarcarse en un exilio forzoso siguiendo la carrera itinerante de su marido. Comenzó entonces una etapa nómada por Estados Unidos —donde nació su cuarta hija, Amparo, en Chicago—, Puerto Rico, Venezuela y Argentina. Mientras Gaby, Fofó y Miliki ensayaban, grababan y actuaban de país en país, Rita Álvarez se encargaba de lo más difícil: mantener la estabilidad de un hogar flotante. Viajaban con niños pequeños, maletas llenas de partituras y trajes de payaso, pero ella conseguía que sus hijos tuvieran una rutina, educación y normalidad.

Su hijo Emilio ha recordado muchas veces que el carácter caribeño de su madre, lleno de optimismo, música y alegría, fue el salvavidas psicológico de la familia en los momentos de incertidumbre económica antes de que estallara el bum masivo en España en 1973. Cuando regresaron a España y se convirtieron en mitos vivientes, Rita siguió prefiriendo un segundo plano absoluto. Detestaba el protagonismo y los focos; para ella la prioridad era su familia.
Miliki jamás tomó una decisión profesional o artística importante sin consultárselo a ella. En sus memorias y entrevistas, el cómico siempre se refería a Rita con una ternura infinita, considerándola su musa. Su matrimonio duró 59 años de amor incondicional, truncado únicamente por el fallecimiento de Miliki en noviembre de 2012. Hoy en día, a sus 92 años, Rita sigue siendo el eje sobre el que gira toda la saga Aragón. Aunque lleva más de seis décadas viviendo lejos de su tierra, sus hijos explican que su casa sigue oliendo a café cubano, se sigue escuchando música caribeña de fondo y conserva intacto ese acento y ese ritmo vital con el que enamoró a un jovencísimo payaso español en las calles de La Habana.

Emilio no pierde oportunidad en sus entrevistas de reivindicar el papel de su madre. Siempre dice que, aunque su padre (Miliki) era la figura pública, el mérito de que la familia saliera adelante en los años difíciles de exilio y mudanzas de país en país fue de Rita. Para él, ella es «la alegría hecha mujer» y destaca siempre su inmenso optimismo caribeño. Emilio ha confesado textualmente que lo más grande que le debe a su madre es la educación en libertad absoluta que les dio a él y a sus hermanas. A pesar de venir de una familia con una tradición artística tan rígida y una rutina nómada, Rita siempre les permitió elegir su propio camino sin presiones.
La conexión entre ambos es tan fuerte que fue precisamente su madre quien impulsó a Emilio a reencontrarse con sus raíces musicales cubanas. Rita le insistía en que debía cantar la música de su tierra natal; gracias a ese «empujón» de su madre, Emilio terminó creando su proyecto musical bajo el pseudónimo de Bebo San Juan, dedicándole a ella canciones tan especiales como La Rumba de Doña Rita. Como gran matriarca —cumplió 91 años a finales de 2025—, Emilio es quien suele organizar las grandes reuniones familiares y fiestas para homenajearla en su casa de El Viso. Su relación actual es estrechísima; hablan a diario y Emilio cuida con total esmero de que su madre, «la jefa», siga siendo el núcleo feliz donde se refugian sus hijos, nietos y bisnietos.
