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Emilio Aragón, sobre la vida de su padre en Madrid: «Era un niño de 80 años; un hombre bueno y mi referente, maestro y mi mejor amigo»

'Miliki' se convirtió en un gran referente entre los más pequeños, creando canciones que marcaron una generación

Emilio Aragón, sobre la vida de su padre en Madrid: «Era un niño de 80 años; un hombre bueno y mi referente, maestro y mi mejor amigo»

Emilio Aragón, en una imagen de archivo. | Gtres

Emilio Aragón pertenece a una de las sagas más importantes de nuestro país. Y es que, ¿quién no ha bailado alguna vez, de pequeña, una de las canciones que entonaba el gran Miliki? Durante muchísimas décadas, Los payasos de la tele se encargaron de entretener a muchos niños que vivieron esas melodías como parte fundamental de la creación de esos primeros recuerdos de vida. Tanto Emilio como sus hijos y hermanos han intentado siempre que nunca se olvide la memoria de Miliki. «Mi padre era un niño de 80 años. Nos dejó un legado maravilloso, pero sobre todo nos enseñó a mirar la vida con una sonrisa y a entender que el sentido del humor es la mejor medicina para el alma», ha contado el propio Emilio.

El empresario, además, siempre afirmó que le enseñó a «respetar al público por encima de todas las cosas; mi padre no solo fue mi padre, fue mi maestro, mi referente y mi mejor amigo». «Era un hombre bueno, en el sentido más amplio de la palabra. Alguien que hizo de la bondad su bandera y que consiguió algo casi imposible: que tres generaciones de españoles compartieran los mismos recuerdos felices», ha relatado en alguna que otra ocasión.

‘Miliki’ marcó a toda una generación

Aruca junto a su marido, Emilio Aragón. | Gtres

Miliki —cuyo nombre real fue Emilio Aragón Bermúdez, 1929-2012— no fue solo un payaso; fue uno de los mayores arquitectos de la nostalgia,la música infantil y la cultura popular del siglo XX en España y Latinoamérica. Formó parte de una de las dinastías circenses más importantes del mundo (la familia Aragón) y logró algo que muy pocos consiguen: unir a abuelos, padres e hijos a través de las mismas canciones y risas. Miliki nació en Carmona (Sevilla) en 1929, en una familia donde el circo se llevaba en la sangre. Era hijo de Emilio Aragón Foureaux —conocido como Emig— y de la acróbata sobre caballo Rocío Bermúdez.

Desde muy niño aprendió el oficio y, junto a sus hermanos Gaby (Gabriel) y Fofó (Alfonso), formó el trío Gaby, Fofó y Miliki. Juntos crearon un concepto de payaso moderno, tierno, musical y alejado de los golpes bruscos del circo tradicional. Miliki adoptó el rol de Augusto —el payaso travieso, ingenuo, con la mítica camiseta roja larga—. mientras Gaby era el clown serio e ilustrado y Fofó el entrañable mediador. A mediados de los años 40, ante la difícil situación de la posguerra española, los hermanos Aragón decidieron probar suerte en América. Lo que iba a ser un viaje de unos meses se convirtió en un éxito arrollador de casi tres décadas.

Se asentaron en Cuba, donde se convirtieron en pioneros de la televisión local con un éxito sin precedentes. Recorrieron países como Argentina, México, Venezuela y Puerto Rico, llenando estadios y grabando sus primeros discos de canciones infantiles que acabarían cruzando el océano. En el plano personal, durante esta etapa americana, Miliki formó su familia junto a su esposa, Rita Violeta Álvarez, con quien tuvo a sus cuatro hijos: Rita Irasema, María Pilar, Emilio (Milikito) y Amparo. En 1972, Televisión Española los fichó para regresar a España. En 1973 nació el programa El gran circo de TVE, un espacio que paralizó el país durante una década. Su saludo inicial al unísono: ¿Cómo están usteuudees?, respondido por millones de niños frente al televisor, se convirtió en un lema nacional.

Miliki, además de actuar, era una mente musical brillante. Él fue el responsable de componer, adaptar y popularizar la banda sonora de la infancia de varias generaciones; temas universales como Hola don Pepito, hola don JoséLa gallina TurulecaSusanita tiene un ratónMi barba tiene tres pelos o El auto nuevo. Tras la trágica muerte de su hermano Fofó en 1976, al grupo se unieron nuevas generaciones de la familia, como su hijo Emilio Aragón (Milikito) y su sobrino Fofito. El programa de televisión terminó en los años 80, pero Miliki nunca se retiró de la mente de su público. Formó un exitoso dúo musical con su hija Rita Irasema en los años 90 y, ya en su madurez, demostró ser un artista polifacético.

Publicó varias novelas galardonadas y libros de memorias, demostrando una sensibilidad exquisita con la pluma. Ganó dos premios Grammy Latinos (en 1999 y 2000) por sus discos recopilatorios A mis niños de 30 años y ¿Cómo están ustedes?, demostrando que la nostalgia seguía vendiendo millones de copias. Miliki falleció en Madrid en noviembre de 2012, a los 83 años, a causa de una neumonía. Su despedida provocó una oleada de cariño institucional y popular pocas veces vista.

La buenísima relación con su hijo Emilio Aragón

Dejó tras de sí a una familia de artistas —liderada por su hijo Emilio Aragón, hoy un respetadísimo productor, músico y director de televisión— y un legado incalculable: haber sido el hombre que, con una nariz roja y un acordeón, enseñó a un país entero a cantar con la inocencia de un niño. La relación entre Emilio Aragón y su padre, Miliki, fue extraordinariamente estrecha, marcada por una profunda complicidad que se movió siempre en tres niveles: la de un hijo devoto, la de un compañero de profesión y la de dos mejores amigos.

Emilio Aragón creció en los platós de televisión viendo trabajar a su padre con una disciplina y un rigor casi milimétricos. Frente a la creencia popular de que los payasos simplemente salían a improvisar, Emilio aprendió de Miliki que el humor y el espectáculo eran una profesión seria que requería horas de preparación a mano en casa. «No era un farandulero. Él hacía su oficio como cualquier otro: iba, trabajaba con mucha responsabilidad y venía a casa», recordaba Emilio recientemente. De él heredó una máxima que aplica en cada uno de sus proyectos: el respeto absoluto al público, tratándolo con la misma entrega ya pague una entrada de palco o una de butaca.

Cuando Emilio cumplió la mayoría de edad, se unió formalmente al grupo de Los Payasos de la Tele bajo el nombre de Milikito. En ese momento, la relación paternofilial sumó una nueva dimensión: la de compañeros de escenario. Miliki no solo ejerció de padre, sino de mentor directo de Emilio, enseñándole a tocar instrumentos y a pulir sus dotes para la comedia. El propio Emilio admite con orgullo que, lejos de ser una molestia, que la gente de su generación lo recuerde todavía como «Milikito» es un cumplido absoluto y el mayor homenaje a sus raíces.

A pesar de la disciplina profesional, el vínculo afectivo era indestructible. Emilio ha explicado que, aunque respetaba enormemente la figura de su padre —citando con humor que «nunca se fue de copas con él»—, Miliki se convirtió con los años en su mejor amigo. Era la persona a la que acudía cada vez que tenía un problema, una duda creativa o una crisis existencial, sabiendo que su padre siempre le escucharía y le daría el consejo más honesto. Existe una preciosa y conmovedora historia que une a ambos a través de la música clásica. A Miliki le apasionaba el Concierto en sol mayor de Maurice Ravel y, en una ocasión, un joven Emilio le prometió: «Papá, algún día lo estudiaré y lo tocaré para ti».

Miliki falleció en 2012 sin que su hijo pudiera cumplir esa promesa. Sin embargo, tras el parón de la pandemia, Emilio sintió la necesidad de saldar aquella deuda pendiente: se pasó un año entero estudiando la complejísima obra de Ravel al piano para poder ejecutarla. Hoy en día, Emilio confiesa con total naturalidad que «un día sí y otro también toco el piano, y esa es mi manera de hablar con mi padre».

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